Guanajuato, Guanajuato.- Entre callejones, plazuelas y esquinas del Centro Histórico de Guanajuato capital sobreviven discretos elementos de cantera que pocos miran dos veces. Durante décadas, fueron esenciales para la vida cotidiana de la ciudad. Se trata de los antiguos hidrantes públicos. Estas piezas formaron parte del sistema que permitió a la población acceder al agua cuando este recurso era escaso y difícil de distribuir.
La historia de estos hidrantes está ligada a uno de los principales problemas que enfrentó Guanajuato desde su fundación: la falta de agua. La primera respuesta a esta necesidad fue la construcción de la Presa de la Olla, que logró almacenar el líquido. Sin embargo, su lejanía del centro urbano complicaba el abastecimiento. Fue más o menos por el año de 1849 cuando, gracias a la iniciativa de Don Marcelino Rocha y apoyado por el Ayuntamiento, el agua de la presa llegó por primera vez a fuentes públicas. Estas estaban ubicadas en el corazón de la ciudad, marcando un antes y un después para la población.
Un punto de abastecimiento
Con el paso de los años, el crecimiento demográfico y la expansión hacia zonas más elevadas hicieron insuficiente aquel sistema. La solución llegó a finales del siglo XIX con el diseño de una red de hidrantes públicos. Esta estuvo a cargo del ingeniero Ponciano Aguilar Aguilar. Estas estructuras comenzaron a operar alrededor de 1895, luego de la conclusión de la Presa de la Esperanza en 1894. La prensa se convirtió en el principal vaso captador del que se alimentaban los hidrantes.
La ubicación de la Presa de la Esperanza, a una altura mayor que la ciudad, permitía que el agua fluyera por gravedad. Así lograba alcanzar incluso las partes altas de Guanajuato sin necesidad de sistemas de presión.
Durante aproximadamente un siglo, estos hidrantes fueron el principal punto de abastecimiento para cientos de familias. Esto fue en espera de que la ciudad transitara al sistema de tomas domiciliarias que hoy requiere pago por conexión, mantenimiento y servicio.

Rescate sin éxito
Actualmente, muchos de ellos presentan deterioro, daños estructurales, graffiti o incluso han desaparecido. Esta situación se atribuye tanto al desconocimiento de su valor histórico como a la falta de una estrategia permanente de conservación.
En diversas ocasiones se ha intentado su rescate sin éxito sostenido. La acción más reciente ocurrió en 2020, cuando el entonces director de Medio Ambiente y Ordenamiento Territorial, Juan Carlos Delgado Zárate, informó que se habían recuperado tres de los 20 hidrantes reportados como desaparecidos o destruidos. En ese momento se contabilizaban al menos 110 hidrantes ubicados en 84 puntos distintos de la ciudad.

Más que piezas ornamentales, estos hidrantes representan una etapa clave en la historia urbana de Guanajuato. Su conservación no solo compete a las autoridades, sino también a la ciudadanía, pues son parte del patrimonio que dio forma a la sociedad guanajuatense.
SS