“Váyanse ya, dejen el poder que no han sabido usar y permitan que este pueblo pueda renacer en una realidad diferente”
Alberto Reyes
Sacerdote cubano.
Hay un personaje increíble en España llamado Ignacio Giménez; es un “influencer” de Facebook. A finales de noviembre, inventó una historia según la cual las empresas tecnológicas de Estados Unidos estarían preparando un plan para ayudar a Cuba, de acuerdo con el gobierno de la isla. Anunció que en los 400 hoteles turísticos se repartirían mil 100 dólares a cada uno de los “9 millones y medio de habitantes”. Una familia de tres recibiría 3 mil 300 dólares.
Después de esa entrega, el gobierno habría acordado una transición de régimen. Como tantos hablantines y mercachifles que hay en las redes sociales, su mensaje llegó a miles de cubanos. Giménez daba los lugares y las fechas de los hoteles donde se haría el reparto. Cualquiera con una calculadora en mano podía estimar que se necesitaban más de 10 mil millones de dólares para cumplir la promesa.
Para los cubanos, que en promedio tienen un salario oficial de 17 dólares mensuales, la noticia parecía un sueño. Giménez decía que personas con pullovers amarillos estarían en las puertas de los hoteles. Había que ir temprano y llevar la identificación para tomarse una fotografía y dar testimonio del obsequio. Él también daría seguimiento por internet. El reparto comenzaría en los primeros días de diciembre y terminaría a mediados de mes.
Cientos de cubanos creyeron la promesa y acudieron a los hoteles a “recibir” el anticipo de lo que sería un cambio fundamental en su forma de vida. El embaucador también afirmaba que esas empresas tecnológicas seleccionaron a personas para trabajar con ellas. El enredo estaba bien armado para quienes sueñan cada día con no tener apagones de 18 horas ni la escasez de alimentos y productos básicos.
Cuba está en el agujero económico más profundo desde la revolución castrista. Después de 66 años de gobierno comunista, ni siquiera pueden producir suficiente azúcar para su consumo interno. Podríamos juzgar como tontos o ilusos a los cubanos que acudieron a la cita; podríamos reírnos de la broma como lo hacen muchos críticos, pero la realidad es que, bajo el comunismo castrista, los cubanos pueden creer cualquier cosa que les dé esperanza.
Arrinconado, el régimen comunista sigue prometiendo que el 2026 será mejor, sigue echando culpas al “bloqueo” económico de Estados Unidos, pero la realidad es otra: el Partido Comunista de Cuba (PCC) no ha sabido usar el poder para mejorar las condiciones de vida de la población. El país era uno de los más prósperos de Latinoamérica en 1959 cuando la Revolución “triunfó”. Había pobreza, pero Cuba producía lo suficiente para su consumo interno y exportaba excedentes; era un país próspero.
La primera broma que creyeron los cubanos fue la repetida una y otra vez por Fidel Castro: “la prosperidad de su nación estaba bloqueada por los Estados Unidos”. La tragedia de los cubanos es producto del “imperialismo” norteamericano, dice la leyenda. La broma de Ignacio Giménez es de niños, comparada con la letanía de mentiras de los sistemas autoritarios, comunistas y también populistas. La pérdida de libertades y el sometimiento del pueblo al autoritarismo comunista demuestran que no hay progreso, ni futuro. En esta década, el socialismo tropical y los dogmas populistas serán derrotados por la realidad en nuestro continente.