Refugio Muñoz Herrera, mejor conocido como Don Cuco, fundador de Grupo Castores -hoy la empresa de autotransporte de carga más grande de México-, comenzó a trabajar desde los seis años vendiendo chicles y repartiendo periódicos, mientras cursaba la primaria en la escuela del padre Lira.

Aquella infancia marcada por el trabajo temprano y la necesidad forjó el carácter de un hombre que, décadas después, sentaría las bases de una organización que hoy cuenta con más de 15 mil colaboradores, 7 mil camiones y tractocamiones, más de 800 sucursales en México y 400 puntos de venta en la costa oeste de Estados Unidos.

Actualmente Grupo Castores cuenta con 7 mil camiones y tractocamiones. Foto: Mary Ochoa

Fundada en 1974, Grupo Castores no ha detenido su crecimiento. En 2025 registró un incremento del 7% y avanza hacia la meta de mil sucursales en el país, además de una mayor cobertura en Estados Unidos, bajo la dirección general de Marco Muñoz Anaya, nieto del fundador.

Empresa leonesa y líder en generación de empleo en Guanajuato, Castores opera 14 centros de distribución en el país. El más grande se localiza en la Ciudad de México, donde se concentra el 35% de las operaciones. León representa el 3% de su mercado, reflejo de su carácter nacional.

Don Cuco y el primer camión

La vida de Don Cuco fue difícil desde temprano. Su padre, Félix Muñoz, comerciante de ganado, falleció de un infarto cuando Cuco tenía apenas dos años. Su madre, María Isabel, quedó sin recursos y con cinco hijos. El único patrimonio familiar era la casa.

Mientras sus hermanas trabajaban como costureras para la familia Bujaidar, los hermanos Rogelio y Refugio hacían todo tipo de trabajos para sostener el hogar.

Tras la muerte de su madre, ambos permanecieron en la casa familiar; a los 13 años, Cuco ya no estudiaba y trabajaba en las inmediaciones del rastro, donde era conocido como “el hijo de Félix Muñoz”.

Más adelante ingresó como chofer a Transportes Julián de Obregón. Su primer patrón fue Nacho Cabrera y ahí se acercó a Herculano Hernández Delgado, quien se convirtió en su mentor.

En 1962, junto con su hermano Rogelio, compró un camión Fiat modelo 1951. Un año después, cuando Cuco se casó con Quirina Márquez, los hermanos decidieron hacer la división del patrimonio familiar; la casa que dejó su madre se quedó para Rogelio y el camión que habían comprado para Cuco. El joven matrimonio se mudó con los padres de Quirina.

Don Cuco a bordo de su primer camión, el cual actualmente se encuentra en el museo de la empresa Castores. Fotos: Mary Ochoa y cortesía

Cuco continuó manejando su propio camión en rutas del Bajío y posteriormente hasta Tijuana. Como muchos choferes de su época, enfrentó condiciones extremas: el motor dentro de la cabina y el contacto con las piernas “le quemaba los vellos”, solía contarle a su esposa.

En 1964 compró otro camión, a plazos, y dejó de conducir para concentrarse en la operación. Su capacidad llamó la atención de la empresa y fue enviado a oficinas foráneas, donde destacó por incrementar las ventas. 

A los 26 años fue nombrado director general de Transportes Julián de Obregón y, en 1968, con apenas dos camiones propios, fue elegido presidente de la compañía.

El rompimiento y nacimiento de Castores

Durante su presidencia, el gobierno federal otorgó concesiones al sector transportista. Julián de Obregón contaba con 220 socios y obtuvo 200 concesiones; a Cuco no le tocó ninguna, pese a haber encabezado la negociación.

En la Ciudad de México, el entonces director de Autotransporte Federal, Fernando Peláez, le sugirió formar una nueva empresa y le prometió concesiones, con la condición de hacerlo de inmediato.

Cuco regresó a León y convocó de urgencia a sus amigos en el restaurante La Cabaña. La mayoría aceptó dejar Julián de Obregón para iniciar un nuevo proyecto. Entre ellos estaban Clemente, Sergio Méndez, Rogelio Muñoz, Chema Jiménez, Claudio García, Rogelio Jiménez y Herculano Hernández Delgado. 

Al día siguiente, en diciembre de 1973, registró la empresa como Transportes Castores de Baja California, única ruta disponible. El color corporativo nació de manera improvisada: el de una cajetilla de cigarros Raleigh que sacó de su bolsillo,  recuerda su hijo Juan Carlos Muñoz Márquez.

El nombre Castores lo eligió por las cualidades del animal: trabajadores, previsores y capaces de salir adelante, incluso en la adversidad.

1974, el arranque

El 8 de marzo de 1974, la empresa fue inaugurada en un terreno de cinco mil metros cuadrados, ubicado en la avenida Transportistas, con rutas a Tijuana, Ensenada y Mexicali y una flotilla de 24 camiones nuevos y 24 usados.

Su primer servicio fue para una empacadora de atún en Ensenada. 

Desde el inicio, Cuco estableció una filosofía clara: 

Nunca quieran chingar a la competencia; si en el camino la lastimamos, que sea una consecuencia, no un objetivo”.

1978: Crecimiento, profesionalismo y segunda generación 

El crecimiento fue constante. En 1978, Castores innovó al no cerrar los días festivos; así ganó clientes clave. En una Semana Santa, la empacadora Embasa de Celaya, solicitó dos fletes que Julián de Obregón no podía cubrir. Castores los realizó y, desde entonces, ese cliente se quedó con la empresa.

Ese mismo año adquirió Líneas Unidades de Occidente, lo que marcó su especialización en paquetería.

En 1984 inició la expansión nacional y se incorporó la segunda generación a la empresa con la llegada de Marco Armando Muñoz Márquez, el hijo mayor de Don Cuco, quien inició en el taller; más tarde se integraron sus hermanos Juan Carlos y Cuco.

En 1985, Banobras lanzó un programa de financiamiento para el autotransporte, lo que permitió abrir nuevas rutas.

Marco asumió la dirección general en 1990, introdujo tecnología y creó el principio de Tiempo Óptimo de Reemplazo (TOR), que consiste en sustituir las unidades cada cinco años. También condujo a la empresa a través de crisis como las de 1994 y la de 2008. 

Su principal lección fue mantener finanzas sanas y, en lo posible, evitar el endeudamiento a largo plazo. 

Además, reconoce que haber participado en programas del ICAMI y Tec Beyond, le ayudó a enfrentar los momentos más complicados.

Don Cuco aplicó su propia estrategia durante los momentos difíciles: vendió propiedades y cumplió con proveedores y bancos, dejando siempre las puertas abiertas.

En la crisis de 2008, Castores mostró su fortaleza al abrir 13 nuevas sucursales e implementar el in-house (o colaboradores contratados para proyectos específicos) y la mensajería. 

La enseñanza quedó clara: no gastar más de lo que se genera y reinvertir constantemente.

1999: el Corporativo

Castores continuó su ritmo de crecimiento y en 1999 inauguró su corporativo en el bulevar Morelos de León. Actualmente ocupa 30 hectáreas.

A la entrada del edificio principal se encuentra un enorme busto de Don Cuco, en bronce, un bulevar interno que lleva su nombre y un grabado con frases que marcaron la vida de su familia y de la propia empresa.

La tercera generación llega al mando

Don Cuco falleció en 2011, a los 73 años. Desde mucho tiempo antes había cedido la operación a sus hijos, con reuniones informales que se volvieron legendarias: café diario en Sanborns a la una de la tarde. 

Hoy, la tercera generación ya dirige la empresa, tal como soñaba Don Cuco.

Tras el 50 aniversario, el Consejo nombró director general a Marco Muñoz Anaya, nieto del fundador, de 34 años.

La decisión de Marco Armando Muñoz Márquez no fue una sorpresa. Su hijo y actual director general estuvo desde niño en contacto con la empresa y conoce cada rincón de la misma.

El legado del fundador de Grupo Castores permanece vivo en las palabras de sus hijos y su nieto: respeto a las personas, honestidad, amor al trabajo y la convicción de que clientes, proveedores y colaboradores son igualmente indispensables. 

De Cuco Muñoz a sus herederos

Marco Muñoz Anaya, Marco Armando Muñoz Márquez, Refugio Muñoz Márquez y Juan Carlos Muñoz Márquez son actualmente los líderes de la empresa Castores. Foto: Mary Ochoa

Mi papá nos decía mucho que las empresas tienen que ser muy inteligentes a la hora de decidir. El cliente es tan importante como la proveeduría. Es igual de importante desarrollar un buen cliente como tener un buen proveedor, porque si no tienes buena proveeduría, no vas a poder darle el servicio que necesitas darle a tus clientes. Definitivamente, al cliente y al  proveedor se les trata por igual”. 

Marco Muñoz Márquez

Tu empleado, tu colaborador es importante. Un guardia de seguridad es tan importante como el director de la empresa, el mecánico o quien hace la limpieza; somos igual de indispensables todos. Hay que exigir, pero también hay que darles lo que les toca y tratarlos como seres humanos, no como un robot o como números”.

Refugio Muñoz Márquez

Nos inculcó el valor de la honestidad y la sembró en nuestros corazones, así como el amor al trabajo. El hecho de que un negocio te deje dinero es una consecuencia, pero haz lo que te guste.

Una vez le dije:  Papá, a mí lo que más me gusta es el fútbol, pero no me alcanza para tanto y me contestó: ‘Busca lo segundo que más te guste… enfócate en lo que eres fuerte’”. 

Juan Carlos Muñoz Márquez

Estoy convencido de que debemos confiar en México. Volteas y te das cuenta que están sacando su dinero de México y dices: espérame, México tiene mucho para dónde crecer, mucho para desarrollarse. Nosotros le estamos apostando aquí porque vemos todo lo que hay.

Veo los valores que derramó mi abuelo en sus hijos y los valores que ellos derraman dentro de Castores: respetar a las personas, creer en las personas y desarrollarlas”.

Marco Muñoz Anaya, el nuevo líder

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