Hace poco trataba de explicar a un amigo extranjero, quienes son los “sanjuaneros”, pues le llamó mucho la atención las peregrinaciones que pasan por León en días de Feria y la cantidad de gente que participa y realmente me costó trabajo explicarlo de una manera sencilla. Comencé por explicar que México y particularmente Guanajuato, son comunidades mayoritariamente católicas. Los europeos son ellos de tradición “protestante” y difícilmente comprenden desde la cultura anglosajona las tradiciones católicas de ir a “pedir” a un dios o en este caso, a una deidad que es la Virgen María, el que se le cumplan sus anhelos, muchos que la vida no les ha concedido. También expliqué que hay una componente de agradecimiento o de pago de “mandas” en los peregrinos y aquí, es donde la literatura refiere que otras culturas tienen en su relación con las deidades una cultura de agradecimiento mayoritariamente y poco de “pedir” algo.
Así, que como leonés avecindado hace más de 30 años, traté de explicar y justificar y comprender este fenómeno antropológico. El término “sanjuanero” se refiere a los peregrinos que caminan hacia el Santuario de San Juan de los Lagos en el vecino estado de Jalisco, para cumplir “mandas” (algo que se prometió hacer). Los “sanjuaneros” son personas que viajan, a menudo a pie, y podrían ser alrededor de trescientos mil, desde lugares como León, Aguascalientes, Querétaro y Zacatecas, hacia la Basílica de Virgen de San Juan de los Lagos, principalmente entre diciembre y enero, para cumplir las “mandas” o promesas religiosas. La tradición incluye a familias enteras y niños, desde diferentes estados y ciudades de la República.
Todo indica que comenzaron en la segunda mitad del siglo XIX cuando el catolicismo ya se había adentrado en nuestra vida y el País salía de décadas de guerras en formación de la República. Las peregrinaciones al irse dando en nuestra vida, se fueron llenando de historias, de leyendas, de sobrevivencia, de muerte, pero, sobre todo, de fe, que es la capacidad de creer en algo que no se ve, pero que se considera, existe. Las crónicas refieren, que, en estas tierras tan católicas, los “sanjuaneros” comenzaban a peregrinar los primeros días de diciembre y con ellos se abrían las fiestas navideñas, de acuerdo al Archivo Histórico Municipal de León y que eran preponderantemente, leoneses. Está documentado en crónicas, que “caminaban entre el polvo por la calle Real de Guanajuato, hoy Madero, desde sirvientas, labradores y obreros, que tenían que llegar a los pies de la virgen para pagar alguna manda o milagro que recibieron durante el año”.
Las “mandas” en México se refieren a pago de promesas, pero también a la petición que se hace a una deidad, cuando se tiene un problema difícil de cumplir. Por eso, en la historia, está documentado, que viajaban muchos enfermos. Se consideraba por eso, en el pasado, en tiempos de fríos, que la caravana de enfermos era de riesgo sanitario, pues los peregrinos, llevados por el amor a la Virgen. Por eso, el ritual de peregrinar de católicos, no es fácil de comprender a terceros. En charlas con ateos también es difícil explicarles la fe que mueve a decenas de miles para que peregrinen caminando en vehículo o en bicicleta o en moto, hacia algún lugar que se considera sagrado -como en este caso-, el Santuario de San Juan de los Lagos.
También en México hay otros lugares importantes para peregrinaciones como la Basílica de Guadalupe, Atocha o Zapopan, en donde la gente peregrina para estar con su deidad y poco es lo que se puede a veces comprender del dolor, el esfuerzo, el sacrificio, el cansancio y la autoflagelación para poder llegar, por lo que son incluso considerados como merecedores de reconocimiento y ayuda. La literatura también refiere un componente de las comunidades mexicanas de bajo ingreso, que tienen por tradición de generación en generación, el realizar los peregrinajes y por eso es que, en mi opinión, merecen nuestro respeto, pues es muy difícil adentrarnos en las explicaciones de la fe. Si echamos una mirada desde la tradición católica la explicación, es que la deidad interviene en la historia a petición del creyente y que incluso el agradecimiento mismo, es bien recibido por la deidad y por eso es que en nuestro México se dan tantas peregrinaciones masivas y que al año representan a casi 2 millones de personas que tienen una movilidad que se basa en un acto de fe y animado por las tradiciones comunitarias con la idea de que la fe mueve montañas.