La selección de Cabo Verde llegó a su hotel en Miami después de quedar eliminada del Mundial. Lo que encontró en el vestíbulo dejó sorprendido a más de uno.

Había decenas de personas, todas ellas aplaudiéndoles a pesar de la derrota.

Esa es la primera señal de lo distintas que serán las cosas para el equipo en muchos sentidos, al menos a corto plazo. Es lo que ocurre cuando un equipo pasa del anonimato a llevar a Lionel Messi y a Argentina al borde de la eliminación en el máximo escenario del fútbol, antes de caer 3-2 en tiempos extra.

“Es momento de descansar y pensar en el futuro”, dijo Vozinha, el portero de Cabo Verde. “Pero estoy muy, muy orgulloso del trabajo del equipo, y espero que en el futuro podamos lograr grandes cosas”.

En otras palabras, espera que se hayan sembrado semillas.

Cabo Verde terminó sin triunfos, tres empates y una derrota en su primera aparición en el Mundial, nada espectacular en el papel. Más de dos terceras partes de las 48 selecciones participantes ganaron al menos un partido, pero Cabo Verde no fue uno de ellos.

Pero los números no cuentan toda la historia.

Empató sin goles con España para iniciar la fase de grupos, cristalizando la posibilidad de avanzar a la fase de eliminación directa. Sumó dos empates más en la fase de grupos: un 2-2 contra Uruguay que dejó a Cabo Verde al borde de la siguiente ronda, y luego un 0-0 contra Arabia Saudí que fue suficiente para asegurar el boleto.

Jugadores y entrenadores de Argentina insistieron en que no esperaban un partido de trámite ante Cabo Verde. Y cuando terminó el partido, Messi —considerado en términos generales el mejor jugador de todos los tiempos— no tuvo más que elogios para el rival.

Messi dijo tras el partido del viernes que quienes creían que el partido sería sencillo no podían estar más alejadas de la realidad.

Para Argentina fue… difícil.

Para Cabo Verde, asimilar lo que lograron y que su aventura llegó al final del camino también lo será.

Cuando atravesaron el vestíbulo de ese hotel, fue la imagen del héroe que regresa a casa. El entrenador, Bubista, levantó el puño en señal de celebración. Muchos jugadores no podían dejar de sonreír. Vozinha estrechó algunas manos y posó para unas fotos.

Eran celebridades. Casi estrellas de rock. El marcador no importaba. Lo importante fueron estas tres semanas que pusieron a Cabo Verde en el mapa del fútbol.

“Solo puedo agradecer a nuestro equipo por su esfuerzo y por mostrar tanto corazón en ese campo”, subrayó Bubista. “Y creo que todos deberían darles las gracias por lo que hicieron por este torneo”.