Historia 279

Esta es la historia 279 de 450 que te contaremos sobre León

Durante décadas, las matinés fueron uno de los entretenimientos favoritos de miles de leoneseses. Cada lunes por la mañana, mientras algunos maestros pasaban lista, cientos de niños y jóvenes hacían fila frente a los cines de la ciudad para disfrutar funciones que podían durar varias horas.

Con un solo boleto era posible ver tres películas, caricaturas, cortometrajes y, en ocasiones, seriales. Entre función y función había un intermedio para comprar palomitas, refrescos o semillas antes de volver a ocupar la butaca.

Para muchas familias, aquellas matinés representaron el primer contacto con el cine y uno de los recuerdos más entrañables de la infancia.

El famoso “San Lunes”

Las matinés no eran exclusivas de los niños.

Los lunes era común que estudiantes de secundaria y preparatoria hicieran “pinta” para ir al cine. Lo mismo ocurría con numerosos trabajadores de la industria del calzado y de las curtidurías, que aprovechaban el llamado “San Lunes” para reunirse con amigos frente a la pantalla.

Muchos llevaban comida preparada desde casa o compraban tortas, tacos y refrescos en los alrededores de los cines para pasar prácticamente toda la mañana ahí.

La costumbre quedó resumida en un dicho popular que muchos todavía recuerdan:

“El lunes ni las gallinas ponen”.

Era la forma en que los leoneses describían el ausentismo escolar y laboral que caracterizaba ese día.

Los cines que marcaron a una generación

Las matinés también permitieron que miles de personas conocieran los grandes cines de León.

El Cine León, instalado en el antiguo edificio del obispado —donde hoy se ubica una tienda Coppel sobre Álvaro Obregón—, era uno de los favoritos de los niños. Ahí se proyectaban películas de Joselito, Marisol, Rocío Dúrcal y clásicos infantiles como Caperucita, con Manuel “El Loco” Valdés y Tun Tun.

Una cartelera publicada el 30 de noviembre de 1958 anunciaba El conquistador de Mongolia, Proa al infierno y tres cortometrajes.

Los desaparecidos cines América y Reforma reunían cada fin de semana a estudiantes, obreros y familias completas. El América era conocido por las películas de Charles Chaplin, Harold Lloyd y El Gordo y el Flaco, mientras que el Reforma proyectaba cintas de El Santo, Tin Tan, Clavillazo y Rayo de Jalisco.

El Cine Hernán, con capacidad cercana a dos mil espectadores, ofrecía matinés dominicales y de lunes. Durante Semana Santa casi nunca faltaban clásicos como Ben-Hur, Los Diez Mandamientos y El Manto Sagrado.

También el Cine Vera, el Madrid y el Buñuel ofrecieron funciones de matiné antes de cambiar por completo su programación.

El fin de una tradición

Aquella costumbre llegó a su fin en 1977.

De acuerdo con una efeméride recopilada por el investigador Héctor Gómez Vargas, en enero de ese año el Ayuntamiento de León, encabezado por Roberto Plasencia Saldaña, determinó prohibir las funciones de matiné.

Aunque no se ha localizado el acuerdo oficial, la explicación más difundida señala que la medida buscaba disminuir el ausentismo escolar y laboral provocado por estas funciones matutinas.

Con ello desapareció una tradición que durante décadas formó parte de la vida cotidiana de la ciudad.

El recuerdo permanece

Hoy casi todos aquellos grandes cines han desaparecido.

El Cine León es ahora una tienda departamental; el Isabel se convirtió en estacionamiento; los antiguos América y Reforma dieron paso a comercios; el Hernán también dejó de existir como sala cinematográfica; el Coliseo se transformó en un conjunto comercial y el Buñuel alberga actualmente un gimnasio.

Sin embargo, el recuerdo permanece.

Para miles de leoneses, las matinés significaron mucho más que una función de cine. Fueron los lunes de la infancia, las largas filas frente a la taquilla, las risas con Capulina, las aventuras de El Santo y las horas compartidas frente a una enorme pantalla.

Más que una tradición cinematográfica, fueron una forma de vivir la ciudad que todavía ocupa un lugar especial en la memoria colectiva de León.

DAR

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