León, Guanajuato.- El Fan Fest de la plaza del Templo Expiatorio fue el escenario, de nueva cuenta, para que cerca de dos mil aficionados fueran testigos de la historia entre Inglaterra y México por los octavos de final de la Copa del Mundo 2026.
Algunos aficionados se dieron cita hasta ocho horas antes para poder alcanzar un lugar dentro del recinto, mientras que los que se quedaron afuera disfrutaron del encuentro a las orillas del barandal que rodeaba la gran pantalla.
El ambiente previo al encuentro fue una fiesta total, más mesurado que los juegos anteriores debido a las indicaciones de Protección Civil, Policía Municipal y seguridad del inmueble, que cerró sus puertas alrededor de las cinco de la tarde.
Esa misma euforia de la afición casi opacó la fiesta, pues las personas afuera del recinto comenzaron a lanzarse latas los unos a los otros, una acción que frenó hasta que la propia organización advirtió que si las acciones continuaban, la transmisión sería cancelada. Los pocos que se abstuvieron de acatar la orden fueron retirados por miembros de seguridad para poder llevar a cabo el juego, que volvió a ser reprogramado una hora después.
Himno, lágrimas y piel chinita
Tras entonar el himno y aplaudir a los 11 guerreros que defenderían la camisa azteca, el árbitro dio inicio al duelo en el Coloso de Santa Úrsula, en un estruendo ensordecedor que provocó las lágrimas y la piel chinita de alguno que otro asistente.
Aunque México dominó por gran parte de la primera mitad, los dos goles en menos de tres minutos silenciaron por primera vez a la afición mexicana en el Fan Fest desde aquel primer duelo ante Sudáfrica. El primero fue el que apagó la fiesta, mientras que el segundo provocó la molestia del espectador.
Sin embargo, el gol de Julián Quiñones volvió a dar vida a la selección antes del primer tiempo, bajo un unísono canto nacional: “¡Sí se puede, sí se puede!”. Ese tanto dejó a los ingleses sobre las cuerdas, quienes fueron rescatados por la campana del primer tiempo.
Expulsión, penal y remontada trunca
Esos 15 minutos parecieron esfumarse entre los pitidos de las bocinas y la espuma que cae como lluvia en el lugar, aún más con la expulsión tempranera de Edson Álvarez, la cual revivió aún más el fuego de la remontada para la afición.
Pero, como si se tratara de un mal chiste, el penal sobre Gordon y el cobro efectivo de Kane para poner 3-1 adelante a los ingleses complicó más la situación para los nacionales. Pese al segundo revés, la afición leonesa se negó a ponerse de rodillas en la lona, alentando con más fuerza al seleccionado hasta el penal que Raúl Jiménez mandó a guardar para acortar la distancia a un solo gol.
Un solo tanto que la afición pidió con el aliento: algunos de pie arriba de las sillas, otros ondeando la bandera nacional, algunos grabando con su teléfono para aquellos que no pudieron estar y otros rezando por un milagro en los últimos 20 minutos de partido.
México murió de pie
Pese a los intentos de la escuadra nacional, México murió de pie al minuto 101 cuando el silbante terminó el encuentro. Y aunque por un momento la afición leonesa enmudeció, el orgullo que esta camada de futbolistas transmitió a 130 millones de mexicanos hizo que los aplausos prevalecieran sobre las caras largas entre el público que se retiró en orden para salir del recinto.
Yo creo que México dio su máximo esfuerzo, hicimos lo que pudimos y nos quedamos con las ganas. Al final se trata de estar con los que más quieres. Yo me vine con mi esposa y, a pesar del resultado, me dijo que bueno que venimos”, comentó Miguel Guardado, aficionado leonés tras el partido.
Un resultado que deja un vacío, pero que representa la oportunidad de no solamente creer en los milagros ni en la localía, sino de creer en un proceso que asegure mejores resultados.
Yo creo que se debe seguir trabajando con Rafa Márquez y la camada que tenemos”, comentó Carmen Lara.
Con la frente en alto, México se despide de la Copa del Mundo, así como de las noches mágicas en Plaza del Expiatorio, que se convirtió por casi un mes en el templo del futbol en León.