Desde hace ya algunos años, en nuestro país se han venido regulando las campañas políticas con el objeto de acotarlas a periodos de tiempo específicos, con la intención principalmente de no saturar al ciudadano de tanta propaganda política inútil que solo enaltece la figura de la persona, pero también para disminuir al máximo el despilfarro de recursos, así como la de proteger al medio ambiente en las ciudades y centros de población.

Estas regulaciones han ocasionado que los partidos políticos y las personas interesadas en ser candidatos, busquen maneras para evadirlas, inventando estrategias que se sitúan en lagunas legales que, aunque contrarias al espíritu de la ley, se aprovechan para eludir las reglas electorales.

El partido que inició con estas prácticas fue Morena, del cual nada debe sorprendernos, pues ese partido es una organización que ha demostrado un desinterés por cumplir con las leyes, o más bien de aplicarlas a su antojo. Lo vemos con la creación de los controvertidos “Coordinadores de la Defensa de la Transformación”, que, con el pretexto de organizar el trabajo político y electoral del partido, en la realidad se han convertido en una precandidatura que acapara reflectores y promociona la imagen de una persona.

Lo que los ciudadanos esperaríamos de los otros partidos, es que hubiera denuncias y acciones para que estas prácticas fueran eliminadas, que hubiera estrategias desde la oposición para exhibir al gobierno y a Morena sobre su desprecio por las leyes, generando un rechazo en la población que les costara en términos electorales, disuadiendo así a este partido de optar por estas prácticas.

Pero lejos de eso, hemos visto en los demás partidos que, fuera de diseñar estrategias creativas para contrarrestar lo que hace Morena, han optado por copiarle sus prácticas, generando con ello en automático una actitud derrotista que solo busca igualar lo que hace el de enfrente o quien va a la cabeza. Los partidos de oposición a Morena quieren ganarle haciendo lo mismo que le critican, quieren ganarle también eludiendo las reglas.

Así lo está haciendo el PAN, que, copiando a Morena, ahora ha creado los que ellos llaman “Coordinadores de la Defensa de la Patria, la Familia y la Libertad”, cuyo proceso para elegirlos seguramente terminará igualmente en el nombramiento de los candidatos panistas de cara al proceso de 2027. Solo basta ver la difusión que se le dio a los registros de los interesados en participar en este proceso, en donde algunos (impresentables) de ellos llegaron con porras y matracas.

Lamentablemente en su propia desesperación o instinto de supervivencia, el partido que nos ha gobernado en Guanajuato por más de treinta y cinco años, y que se ha mantenido en el poder en buena medida por sus políticas públicas novedosas y acertadas, ahora está cayendo en la copia malhecha de lo que hace el Gobierno federal: si allá se representa “al pueblo”, aquí se representa a “la gente”; si allá se generan programas asistencialistas para captar votos, aquí se hace lo mismo con la tarjeta rosa; si allá hay una estrategia de propaganda gubernamental mediante la mañanera, aquí se crea un programa para estar “conectando con la gente”; si allá se desconfía y se ningunea a la sociedad civil, aquí se destruyen proyectos ciudadanos para quedarse con los recursos.

El PAN guanajuatense se ha destacado por haber tenido en sus filas a grandes hombres como el Dr. Juan Manuel López Sanabria o como don Antonio Obregón Padilla, y muchos más; personas siempre alineadas a la ley y, sobre todo, de convicciones propias, convirtiéndolos en líderes a quienes seguir. Que decepción que ahora el PAN esté al revés, buscando a quién copiar. ¿Así busca detener el PAN la entrada de Morena a Guanajuato? ¿Copiándole sus propias estrategias cuestionables y engañosas?

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