Historia 320
Esta es la historia 320 de 450 que te contaremos sobre León
Una medalla salvó de morir a Jerónimo Dávalos Cervantes y cambió el destino de una familia dedicada a la impresión desde hace más de un siglo.
La bala de un rifle calibre .22 impactó en la medalla que Jerónimo llevaba siempre consigo. El proyectil rebotó y no le causó daño, pero aquel episodio lo llevó a abandonar San Juan de los Lagos y trasladarse a León.
En 1916 instaló una pequeña imprenta que con el tiempo daría origen a la actual Linotipográfica Dávalos.
Ciento diez años después, la empresa continúa en manos de la familia. Su director general es José Carlos Dávalos Hernández, tercera generación de impresores e hijo de José de la Luz Dávalos Martínez, conocido como Pepe Dávalos. Desde esa posición ha sido testigo de la transformación de un oficio que pasó de los tipos de plomo y las prensas manuales a los procesos digitales y a la impresión offset.
La bala en el blanco
Jerónimo Dávalos Cervantes pasó parte de su infancia en la hacienda Los de Ávalos, en Lagos de Moreno. Más tarde llegó con su madre a San Juan de los Lagos, donde conoció al sacerdote Miguel Méndez, encargado de la parroquia.
La iglesia contaba con una imprenta y el sacerdote dominaba el oficio. Al advertir la habilidad del joven, decidió apoyarlo: lo envió a la escuela, le enseñó el oficio de imprimir y también el de escribano. Fue en aquella imprenta parroquial donde Jerónimo aprendió el arte de la impresión.
Se casó con Hilaria Martínez y permaneció algunos años en San Juan de los Lagos. Sin embargo, los conflictos que se vivían en distintas poblaciones durante los primeros años del siglo XX cambiaron su destino.

Después del disparo que impactó en la medalla que llevaba consigo decidió establecerse en León. El padre Miguel Méndez, quien conocía a la familia Vera, dedicada a la hotelería y a la organización de funciones de box, lucha libre y cine, lo recomendó para encargarse de imprimir la propaganda de esos espectáculos.
En el sótano del Hotel México instaló la primera imprenta de la familia. Ese taller permaneció allí durante cuatro décadas y se convirtió en el origen de la empresa que hoy se llama Linotipográfica Dávalos.

En León nacieron sus hijos José de la Luz, Roberto, Alfonso, Guillermo, Manuel, Guadalupe, Bertha, Jesús y Miguel Ángel. Todos aprendieron, en mayor o menor medida, el oficio.
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El despertar de la segunda generación
Su hijo José de la Luz Dávalos Martínez, conocido como Pepe Dávalos, desde niño aprendió, al igual que sus hermanos, que una imprenta comenzaba a trabajar antes del amanecer.
Mi papá -Pepe- nos levantaba a las cuatro o cinco de la mañana para hacer grabados, la mayoría en madera o en otros materiales como el linóleo”, recuerda José Carlos Dávalos Hernández, actual director general de la imprenta.
“Desde niño veía cómo imprimían los carteles del box de la Arena Isabel. Los Vera manejaban todo el espectáculo en León; siempre había trabajo”.
En aquellos años la impresión se realizaba mediante el sistema tipográfico. Los textos se componían colocando manualmente tipos móviles de plomo, letra por letra, hasta formar palabras y páginas completas. Después se entintaban las formas y el papel recibía la impresión mediante presión sobre la prensa.
Jerónimo Dávalos murió en 1953. Tres años después la imprenta dejó el sótano del Hotel México. Alfonso abrió su propio taller, mientras Manuel y Pepe continuaron con el negocio familiar en otro sitio.
Con el paso de los años también evolucionó la maquinaria. Las pequeñas prensas manuales dieron paso a las prensas de cilindro, que permitieron incrementar la producción.
De la imprenta artesanal a los periódicos
A mediados del siglo XX la industria de la impresión vivía un proceso de modernización. El coronel José García Valseca impulsaba la expansión de la cadena de periódicos Los Soles, que con el tiempo llegó a integrar 37 diarios en distintas ciudades del país.

Siendo todavía joven, Pepe recibió capacitación especializada en instalación, reparación y mantenimiento de maquinaria de impresión, así como en la fabricación de algunas piezas para esos equipos.
Posteriormente fue contratado para participar en la instalación y mantenimiento de maquinaria en los periódicos de la cadena de García Valseca. Durante esos años recorrió el país mientras la industria incorporaba los linotipos para sustituir la composición manual y utilizaba rotativas para la impresión de periódicos.
Después de esa etapa regresó a León para concentrarse en la Imprenta Dávalos, que compartía con su hermano Manuel en la calle Gante, aunque mantuvo su relación con García Valseca.
La tercera generación
Mientras Pepe recorría el país instalando y dando mantenimiento a maquinaria de impresión, su hijo José Carlos, llamado Pepe como su papá, aprendía el oficio desde joven. Además de colaborar en el negocio familiar, trabajó en El Sol de León, donde desempeñó labores en el taller, la fototeca y la hemeroteca, al mismo tiempo que cursaba la carrera de Odontología en la Universidad La Salle.
Como resultado de la relación profesional que la familia mantenía con García Valseca, José de la Luz Dávalos adquirió un terreno en Jardines del Moral. Construyó una nueva sede para la imprenta y, en la planta superior, la casa de la familia integrada por su esposa Luz María Hernández y sus hijos: Argelia, Luz Elena, Miguel Ángel, José Carlos -Pepe-, María Teresa, Jorge, Adriana, Martín y Gabriela.

A mediados de la década de 1980, cuando se dedicaba a su imprenta, el entonces gobernador Rafael Corrales Ayala le pidió a su padre hacerse cargo de la instalación de los Talleres Gráficos del Estado, equipados con una rotativa para imprimir El Nacional, el Periódico Oficial del Estado y diversa documentación.
La magnitud del proyecto lo llevó a pedir a su hijo Pepe que se incorporara de tiempo completo a la imprenta. El joven aceptó y dejó atrás el ejercicio de la odontología para dedicarse por completo a la industria gráfica.
Pepe Dávalos Martínez murió en 1991, a los 66 años de edad. Pepe Dávalos Hernández se hizo cargo del negocio.

En 2003, Linotipográfica Dávalos obtuvo la certificación de sus procesos y se convirtió en la primera imprenta offset del Bajío. Actualmente cuenta con certificaciones internacionales que respaldan sus estándares de calidad.
En 2009 la empresa familiar se reorganizó y los hermanos decidieron continuar por caminos distintos. Miguel Ángel ya había establecido su propio negocio, mientras Linotipográfica Dávalos quedó bajo la dirección de Pepe.
Imprimir es un arte
Imprenta Dávalos está al día en nuevas tecnologías. La producción también se adaptó a normas ambientales relacionadas con el manejo de placas, tintas y otros materiales.
Para el director de Dávalos, una imprenta no consiste únicamente en mantener las máquinas funcionando.
“Imprimir es un arte, no es machucar papel”.
“Machucar papel es poner a trabajar la máquina tres turnos, 365 días al año. Ahí sólo estás hablando de dinero. Haces arte y el dinero viene por añadidura”.
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