“Si AMLO quiere hablar de neonazismo, que se vea en el espejo”
Carmen Aristegui
Andrés Manuel López Obrador, también conocido como El Peje, salió al jardín de su guarida para dar una larga perorata sobre su visión política. El muy lagarto pensó que, al presentar su libro titulado “Pueblo”, ganaría puntos a su favor en su legado y les restaría puntos a sus críticos. Lo que sucedió fue exactamente lo contrario. Basta con echar un vistazo a los comentarios que recibió su mensaje en X para tomarle el pulso al mal ánimo que hay en su contra en las redes sociales.
El expresidente está enojado, aunque sonríe y expresa gratitud por todo lo que ha recibido en la vida. Una de sus virtudes fue mentir sin que la mayoría lo notara, con tanta desvergüenza que podía afirmar, impunemente, que la salud pública en México estaba al nivel de la de Dinamarca. Mintió cuando dijo que el huachicol había terminado y también cuando sacó un pañuelo blanco para decir que ya no había corrupción.
Su preocupación debió ser muy grande cuando pescaron a Amilcar Olan escondido en Suiza. El amigo-socio de su hijo Andy es la punta del iceberg del mayor escándalo de corrupción de México. La estrategia de comunicación fue clara: ensalzar a la presidenta Claudia Sheinbaum para hacerle saber al “pueblo” que existe una línea de lealtad absoluta entre ambos.
Durante seis años, el gobierno del Peje tuvo la fortuna de que muy pocos comprendieran lo que ocurriría tras su salida: un país dividido con problemas estructurales que impiden el crecimiento y una pesada carga de deuda pública. Deja respirar a la administración de Sheinbaum. Aun cuando las redes sociales no son el patio de juegos del “pueblo sabio”, sí transitan por ahí los críticos más duros de la 4T y del propio expresidente. Hay que darse una vuelta por ese rincón de las redes para apreciar la magnitud de los insultos que recibe.
En su odio imposible de ocultar, el expresidente que no quiere salir del escenario, ataca a los principales comunicadores del país. Agrede a Carlos Loret de Mola, diciendo que gana muchísimo, y lastima a Carmen Aristegui, a quien asegura que ni siquiera es de la derecha, sino una “neofascista”. También repasa a Ciro Gómez Leyva y a Azucena Uresti. Lo hace con una sed de venganza que no puede ocultar.
Pero su perorata está fuera de lugar. Primero, porque se adivina que está muy preocupado por el destino de sus hijos, en particular por el de Andy. Si el gobierno de Donald Trump publicara lo que tiene de información sobre los negocios de Olán, sobre la riqueza imposible de ocultar del hijo del presidente (muchas veces superior a la de Loret), toda su narrativa se hundiría. Poco podría hacer el gobierno actual para proteger la imagen de AMLO y su familia. Hoy, su mayor enemigo es TV Azteca, que, por su penetración en los canales abiertos y por ser un gran actor en las redes sociales, puede amplificar y replicar los ataques más feroces que se han dirigido a cualquier político en la televisión de México a lo largo de su historia.
Por más que la presidenta Sheinbaum agradezca la dedicatoria en el libro “Pueblo”, por más que el señor diga que es la mejor presidenta del mundo, percibimos que su mensaje desde “La Chingada” es de intranquilidad.