Recién dejo 30 años como Consejero Electoral del Instituto Nacional Electoral, pues formé parte del primer Consejo Local desde 1997 en el Instituto Federal Electoral en Guanajuato. Veo con tristeza y también con enojo, todos los hechos comprobados de la consejera presidenta del INE, Guadalupe Taddei -y no solo en el entramado de nepotismo de decenas de familiares que con estos apellidos surgen en toda la administración federal-, sino también porque se ha comprobado que desde el Instituto Electoral de Sonora las prácticas de corrupción a través de redes de compras fueron llevadas también al querido INE.
En otro País ya hubiera (o la hubieran) renunciado. Lupita a pesar de todo esto se aferrará al hueso de presidenta del órgano electoral nacional. El sistema de la 4T la necesita, pues allí la puso. El asunto de fondo es que el INE ha tenido prestigio desde la creación del Instituto Federal Electoral por el perfil académico de los consejeros (algunos de los ex presidentes han exigido su renuncia) y también, del profesionalismo del personal de carrera del INE.
Ahora, en los tiempos en que la 4T domina todos los espacios de la vida pública, a pesar de la enorme presión de la opinión pública, la sostendrán, pues el régimen la puso allí. Hemos visto que puertos, instituciones, áreas de adquisiciones, obra pública, paraestatales y en general el flujo del poder y del dinero, se han movido desde el poder, para que la hegemonía se concentre en el partido dominante. Pero Morena la puso y solo Morena puede quitar a Taddei. Por ahora, le es útil, la necesita para el control del INE.
Guadalupe Taddei, la consejera presidenta del INE, no tiene validez moral, ética, para dirigir al Instituto y conducir las elecciones. Hoy enfrenta señalamientos públicos y de partidos políticos por presuntos actos de nepotismo, conflictos de interés e irregularidades administrativas. Son numerosos los principales señalamientos y vínculos familiares. Que sea su pareja el proveedor favorito, es un conflicto de intereses, lo mismo, que el intercambio de puestos públicos que el régimen le dio a sus familiares y colocarla al frente del INE.
Lupita es uno de esos casos de nepotismo que nunca deberían existir en el País; logró la incorporación de diversos familiares en cargos públicos dentro del gobierno y dependencias estatales pues ha sido aliada de Alfonso Durazo, gobernador de Sonora y presidente del Consejo de Morena. Las concesiones que le hicieron a Taddei para colocar a su hijo Luis Rogelio; a sus sobrinos Pablo Daniel en LitioMx e Ivana Celeste como diputada local; sus primos y compadres, por decenas, recibiendo sueldos y contratos.
Lo que ahora ya se sabe de Lupita es una muestra de la degradación y la decadencia de la vida política mexicana. Toda la documentación que han logrado hacer los medios de comunicación a través de investigaciones periodísticas objetivas, son inocultables. Lejos están los perfiles académicos de quienes fueron presidentes del IFE y del INE. Hoy es una política tejedora de enormes redes de corrupción que se suma a los que en la historia del País tenemos. Solo con consejeros electorales independientes y desapegados del poder político es como se pueden garantizar elecciones justas y transparentes, cuando nuestro país está tan necesitado de ejemplos de honradez y honorabilidad. La asignación por adjudicación de contratos millonarios a los proveedores en las grandes compras del INE, dejan al descubierto el entramado de conflicto de intereses y de beneficios personales y familiares asociados a Taddei. Nuestro querido País merece un futuro mejor, en donde los organismos independientes, el equilibrio de poderes y la ética en los gobernantes den ejemplo a las siguientes generaciones.
Lupita no es el INE, como ella lo quiere presentar. Solo es ahora su cabeza. Debe renunciar por bien de la institución. Ahora ya se sabe lo que en los pasillos del INE se sabía sobre el proveedor, que es su pareja sentimental, y los acomodos que hizo en plazas del INE para su gente. Hoy, la presidenta del INE no garantiza ser una persona ética que conduzca el proceso electoral del 2027. Taddei, lo sabemos, no renunciará, pero debería hacerlo por congruencia. Son demasiadas las complicidades entre el gobierno federal de Morena con ella. Lamentablemente, tampoco habrá sanciones, pues México vive la impunidad plena. El periodismo independiente ha hecho lo que tocaba con las investigaciones periodísticas y la viralización que hace la sociedad en redes sociales, aunque nunca llegarán a sanciones legales, solo las morales.
Necesitamos dar aliento a las nuevas generaciones para que el nepotismo y la corrupción se vayan algún día de la Patria. Necesitamos decirlo a los jóvenes y a los niños, aunque por dentro sepamos que esto está lejos de suceder.