No tengo idea de qué entenderá la o  el, lector por éxito; pero de mí sé decir que cuando empleo el término, hablo del éxito total.

¿Qué se necesita para llegar a ser lo que todos quieren ser, aunque pocos lo logran?

La vida nos va evaluando, hay personas que empeñan la salud o la felicidad a costa de tener bienes materiales, pensando que esa sería una vida exitosa, sin embargo al fin de cuentas, sólo se es cuidador de ellas y mientras más pertenencias, más trabajo de celador.

Hay que iniciar por identificar las cualidades de la persona de mayor  éxito que cada quien conozca. Es muy interesante  que  cualquiera que  sea  la localidad  geográfica  o la naturaleza de  los  asistentes, su profesión las respuestas se parecen y las cualidades más repetidas son las siguientes: Compromiso, Digno de confianza, Entusiasta, Tiene fe, Honradez,  Afectuoso, Perseverante, Actitud mental positiva, Sentido del humor.

Al examinar la lista anterior, se observará  que todas esas características se pueden enseñar y aprender; y puesto que se pueden aprender, son destrezas. Eso significa que uno puede adquirir todas las características necesarias para tener éxito. Significa, además, que si se las adquiere y las practica, tendrá éxito. No solo eso, sino que también podrá educar a sus hijos (as) para que lo   alcancen. Este es el camino ya que nadie da lo que no tiene.

Estas destrezas toda persona las tiene potencialmente desde pequeña, sólo que con las personas sucede lo mismo que con la búsqueda del petróleo, no se da cuenta de lo valioso que puede ser un terreno hasta que se lleva el petróleo al mercado.  Mientras no reconozcamos nuestras capacidades  y lo que realmente  somos, no las  llevaremos al mercado para hacerlas valer. Y mientras no reconozcamos la  capacidad  y  valor  de  nuestros  hijos (as), no nos entusiasmamos por  ayudarles a desarrollarse y  a realizar su   potencial.

Muchas personas piensan que nuestras carreras hacia el éxito se dan al término de una preparación profesional, sin embargo, la realidad es que comienzan casi desde el momento de la concepción, y están ya bien adelantadas antes del primer día de escuela. Desde que estamos en el  regazo  materno actúan muchos factores que desempeñan un papel definitivo en nuestra vida futura. Está bien comprobado que desde los cuatro meses antes del nacimiento ya se han desarrollado en la criatura la receptividad a influencias externas. Y después  del  nacimiento,  lo que vamos asimilando y que el ambiente tienen una influencia sumamente  importante  en  nuestro  porvenir.

Realmente es en el hogar es  donde  deben  echarse  los cimientos  de los altos valores morales, pero el proceso debe  continuarse  en  nuestras instituciones educativas. Roosevelt dijo: “Adiestrar a un hombre en la mente y no en la moral es adiestrar una amenaza para la sociedad” o como dijo Steven Muller, rector de la Universidad de Johns Hopkins: “No trabajar para apoyar una serie de valores, significa que las universidades están produciendo bárbaros potenciales con altas  destrezas”.

En la minería, en la búsqueda de oro, es preciso  mover varias  toneladas de tierra para  obtener una onza de oro; pero uno no va a la mina a buscar tierra: va a buscar  oro. Esa es exactamente la manera como los padres requerimos formar hijos de carácter positivo y de éxito. No busquemos en ellos los defectos, los lunares, las imperfecciones. Busquemos el oro, no la tierra; lo bueno, no lo malo.

Busquemos los aspectos positivos de la vida. Lo mismo que en todo, mientras más buenas cualidades busquemos en nuestros  hijos (as),  más  buenas  cualidades encontraremos. Desde luego, en esta cultura estamos más propensos a buscar lo erróneo, lo equivocado; este es el cambio de perspectiva que necesitamos.

Cuando encuentres alguna cosa buena (y esto será fácil), di a tu hijo (a) específicamente lo encontrado de tu agrado. Apláudelo a menudo. Millones de padres aman a sus hijos (as), pero desafortunadamente nunca se lo dicen. Es una lástima porque el reconocimiento es lo más eficaz para infundir confianza.

Hay estudios que nos dicen que las personas que tienen reconocimiento y autoestima alta, actúan buscando lo positivo. Charles Schwab magnate estadounidense del acero, decía: “No he encontrado a  ningún  individuo, por elevada que sea su posición, que no realizara mejor trabajo e hiciera un esfuerzo mayor bajo  un espíritu de aprobación  que bajo un  espíritu  de crítica”. De análoga  manera, los niños (as) criados en  un espíritu de elogio y aprobación serán más felices, más productivos y más obedientes que aquellos a quienes constantemente se les critica.

El éxito total es una meta accesible para nosotros  y para  nuestros hijos (as). La cantidad y calidad de ese éxito depende en gran  medida de nosotros. Identificar las cualidades clave de las personas que tienen éxito, es apenas el primer paso. Viene en seguida el compromiso para crecer, cambiar, aplicar y fomentar estas cualidades en nuestra vida y generarlo así con nuestros hijos (as).

 

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