La sociedad se enfrenta a la triste y dolorosa realidad; los padres y madres de familia se hacen ancianos y nadie quiere, nadie se hace cargo de ellos. 

Ante esta triste realidad, la comisión de atención a grupos vulnerables de la asamblea legislativa de la Ciudad de México, quiere meter a prisión a los hijos que no se ocupen de sus padres o de sus abuelos ancianos.

Esta falta de cariño, respuesta y correspondencia de los hijos por sus ancianos padres, nos permite deducir la posible falta de sentimientos positivos de los padres para con sus hijos o también podemos hablar de que los padres no han sabido introyectar emociones y sentimientos positivos en la formación de sus hijos. 

La modernidad nos ha llevado a ser más permisivos y tolerantes para con nuestros hijos, llevándonos a creer que el amarlos y el ser buenos padres es sinónimo de igualdad de derechos y de jerarquías.

 ¡Grave error!, el amar tiene un límite, el amar no es incondicional, el amar es sinónimo de agradecimiento y acompañamiento, el amar de manera sana no es total, el amar requiere de respuestas, de compromiso, de entrega.
  En la actualidad se han ido sacrificando las funciones que los padres ejercían ante sus hijos; ahora los hijos son indiferentes e ignoran a sus padres, los hijos no están preparados para corresponder con amor y entrega a aquellos seres que les dieron la vida.

 La conciencia moral de estos hijos es muy laxa, muy abierta y fuera de cualquier situación que los pueda comprometer. 

  Existen casos en los cuales los hijos no tuvieron afecto sincero por parte de sus padres, ocasionando con esto que sus hijos estén distanciados de ellos.  Algunos hijos han vivido y sentido la violencia o crueldad de sus padres, existen también los hijos abandonados y ante este tipo de relación padres–hijos, se puede entender el rechazo hacia los progenitores.

  Ante tanto dolor y daño yo propongo que tratemos de romper la cadena de la repetición conductual. Rompamos los patrones familiares y colaboremos para que las familias vayan uniéndose a través del perdón, del cambio de actitudes, del respeto y del compromiso de unos para con otros.

 Tengamos en cuenta que las generaciones venideras todo lo están viendo y exactamente repetirán las mismas conductas y las mismas actitudes. 

 Si bien los hijos no llevaron una relación favorable con sus padres, sí puede cualquier hijo comprometerse por algo y en algo por ese par de ancianitos que cuando pudieron ofrecieron sus fuerzas y su juventud; el producto del desempeño laboral, los sueños truncos y la juventud que amarraron para el bienestar de sus hijos.
 Soy testigo de los viejitos abandonados en los asilos, soy testigo de la tristeza que los embarga y de la depresión que los lleva a la muerte. 

  Celebro al Partido Encuentro Social el que, por medio del legislador Carlos Candelas, está promoviendo esta iniciativa. Agrega el legislador “muchos adultos mayores reciben maltrato físico, psicológico, abuso sexual, abandono y explotación financiera, por eso pretendemos, ofrecer y garantizar a los ancianos protección”.

 Psic.  MARITZA NASSER.
HOGAR: “SER”
7 12 34 61

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