Bajo la dirección escénica de David Olguín, artistas locales, del Taller de Formación Teatral del Teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña presentaron la obra “El Inspector”, de Nikolái Gógol.
Con el diseño de escenografía e iluminación de Gabriel Pascal, el montaje está basado en la novela del dramaturgo ruso y cuenta las vivencias de varios vecinos de un pequeño pueblo de la Rusia zarista, de finales del siglo XIX.
A manera de sátira, el montaje expone la corrupción y el absolutismo que hay en el pueblo el cual aflora cuando el alcalde del lugar recibe una carta del Inspector, en la que señala que viajará desde la capital rusa para visitar el poblado en “una misión secreta”.
Ante miembros del consejo de la alcaldía local, el burócrata hace el anuncio y agrega que al parecer el Inspector viajará de incógnito, por lo cual deben ser muy cuidadosos con quien visite la ciudad y sobre todo, hacer que todo parezca estar en orden, contrario a la realidad.
Los distraídos Pertr Ivánovich Dobchinsky y Bobchinsky confunden al joven capitalino Iván Klestakov, que se hospeda en el lugar y quien ha perdido todo su dinero en partidas de póker, con el alto funcionario y es ahí cuando los ciudadanos comienzan a vivir una serie de simpáticas situaciones con tal de dar una buena impresión al falso funcionario.
Antes de emprender su viaje de regreso, el supuesto Inspector pide en matrimonio a la hija del alcalde y promete regresar por la damisela.
Ante esta noticia el alcalde corrupto no duda en presumir a sus conciudadanos de su poder y que “una vez más ha ganado”.
Expone a los pobladores que sabe que lo han denunciado, pero que nada importa pues se irá junto a su “nueva” familia a vivir a la capital, con lo que genera aún más descontento entre la ciudadanía.
A la ida del impostor y entre un caos entre los representantes del poder y el pueblo, sorprende a los aldeanos al señalar que encontró una carta de Klestakov, en la cual comparte con sus conocidos en San Petersburgo la confusión en la que se encontró y se burla de la conducta de todos.
Desesperados y temerosos, ciudadanos y burócratas lamentan lo sucedido y se desatan más enredos, pero en eso un soldado de San Petersburgo llega y comunica que el Inspector ha arribado a la ciudad.
Así, con un fondo dramático amenizado por un solo de violín, que da seguimiento a las partituras de Alfred Schnittke, poco a poco, las luces del escenario se apagaron.