El grito nació del fondo del alma: “¡Viva Zapata!”, “¡Viva Artigas!”, arengó desde su silla Daniel Viglietti y el pueblo se le rindió.
El uruguayo tuvo una tarde de gloria el domingo en Puerto de Valle, comunidad que se asemeja a regiones de su País, con campos de cultivo rodeando casas, un río que la cruza y familias en busca de una esperanza.
Unas 250 personas, entre mujeres y niños, llegaron a la primaria “Adolfo López Mateos” para presenciar su actuación, enmarcada en el eje temático Cervantino a la Comunidad de la 41 edición del FIC.
“¡Viva Zapata!”, gritó el cantautor antes de interpretar la milonga Desalambrar, que luego explicaría es un género que se asemeja al corrido mexicano.
“El corrido es una manera de contar historia, es una milonga, habla de una tierra que no ha sido repartida, como en México quiso repartirla Zapata, por eso lo mataron; mataron a Zapata porque quería repartir la tierra para todos los mexicanos”, le recordó a la gente.
“José Artigas fue para los uruguayos nuestro Zapata, el hombre que quiso repartir la tierra de nuestro País y como, en general, allá para marcar la propiedad privada se ponen cercos de alambre, se alambra, se ponen postes y alambrado, esta canción que escribí se llama Desalambrar, sacar postes y cercos, y repartir la tierra para quien la trabaja”, señaló y los aplausos no se hicieron esperar.
Las letras de las canciones en contra del poderío yanqui, a favor de la niñez, de aliento para los pobres y de esperanza para los desprotegidos, logró una comunión entre el artista y los salmantinos.
“Parece más mexicano que uruguayo, canta como si fuera mexicano, porque le canta a los pobres”, dijo Cristina, ama de casa de 53 años que no paró de aplaudir.
A Viglietti no le importaron las condiciones de su presentación: faltó equipo de sonido y el director de la escuela prestó un viejo micrófono sin pedestal y la vetusta bocina de las ceremonias cívicas.
“La próxima vez que venga acá prometo traer un micrófono, bueno dos micrófonos para cantar”, les ofreció a los habitantes de Puerto de Valle, que no tienen calles pavimentadas y en donde todavía existe un Comisariado Ejidal, saben quién fue Emiliano Zapata y se le honra.
El entusiasta público infantil coreó las estrofas que previamente les pidió memorizar y fueron ellos los que ya para finalizar el concierto pidieron “¡otra!, ¡otra!, ¡otra!”.
Al terminar, los niños lo rodearon, se tomaron fotos y solicitaron autógrafos.
“Los niños me hacen feliz, es el mejor público que jamás imaginé encontrar”, dijo Viglietti, quien a mediodía había cantado en el escenario de la ex hacienda San Gabriel de Barrera.

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