León, Guanajuato.- La edición 42 del Festival Internacional Cervantino será recordada por haber traído desde Austria a uno de los pianistas más importantes del mundo: Rudolf Buchbinder, quien interpreta en Guanajuato el ciclo integral de las sonatas para piano de Ludwig van Beethoven, consideradas el Nuevo Testamento de la música.
Además de contar con más de 100 grabaciones de un amplio repertorio, el también director de orquesta es ya toda una referencia como intérprete del trabajo pianístico del compositor de Bonn después de haber tocado las 32 sonatas en más de 40 ciudades, así como los cinco conciertos junto a la Filarmónica de Viena. Incluso, él mismo contó que ha interpretado la “Appassionata” más de 400 veces en su vida.
Aunque ya ha presentado el ciclo completo de sonatas para piano, ésta sería la primera vez que lleve a cabo este proyecto en siete recitales durante cinco días consecutivos en el templo de La Valenciana de la capital cervantina, sin duda, una misión titánica para cualquier concertista.
El primer recital
El maratón de Beethoven inició ayer con las sonatas número 1, 10, 13,17 y 18, es decir, no en el orden en que fueron publicadas, aunque sí vinculadas por tratarse de obras del primer periodo de composición, que abarca desde finales del siglo XVIII hasta alrededor de 1802.
Desde los primeros compases espíritu beethoveniano comenzó a surgir, con un equilibrado uso de las dinámicas, sin excederse nunca en los fortissimos.
El estilo galante volvió en la Sonata para piano núm. 10 en Sol mayor, Op. 14 núm. 2 (1779), llamada “Primaveral” por su clara ingenuidad del Allegro y del Scherzo.
El pianista austriaco consiguió evocar el diálogo entre dos enamorados en el primer movimiento, así como el humor del Andante y del Finale, una serie de variaciones de una marcha ejecutadas con gracia.
La maestría de Buchbinder quedó de manifiesto en la Sonata para piano núm. 13 en Mi bemol mayor, Op.27 núm. 1 (1801), al tocar esta continua “Quasi fantasia” respetando su unidad pese a la variedad de movimientos, desde el Adagio lleno de lirismo y el bailable del Andante, hasta el tempestuoso Allegro molto e vivace y el emocionante Finale.
El Beethoven más dramático llegó con la Sonata para piano núm. 17 en Re menor, op. 31 núm. 2, titulada “La Tempestad” (1802), y con ella, un reto aún mayor para el pianista.
No obstante, el también director artístico y fundador del Festival de Grafenneg conoce los secretos de la partitura: sus acentos y estilo.
El resultado fue una interpretación romántica, sin perder nunca la mesura con fuertes contrastes en los arpegios como suelen cometer otros solistas.
No hay que dejar de mencionar la dulzura del fraseo del Adagio, siempre manteniendo de manera regular el ritmo de las semicorcheas.
La primera parte del maratón pianístico concluyó con la Sonata para piano núm. 18 en Mi bemol mayor, Op. 31 núm. 3, “La Caza”, compuesta en 1802, año en que la sordera del genio alemán se agravó.
De nuevo, Buchbinder hizo gala de refinamiento, principalmente en el primer y tercer movimiento, así como un claro entendimiento de la alegría del Scherzo y del optimismo del Presto con Fuoco.
Al final, la energía y la solvente técnica fueron reconocidas por el público con efusivos aplausos, que hicieron que el aclamado artista regresara al escenario para tocar un “encore”: Finale de la Sonata “Patética”, la cual será interpretada en su totalidad el próximo domingo.