León.- Con la pasión que la caracteriza, Karla Blanca Díaz presentó en el Espacio Escénico Cultural Colaborativo la obra Molière para ella misma, un monólogo de Françoise Thyrion en el que relata la vida del dramaturgo francés asumiendo el papel de una especie de médium que lo “reencarna” ante el público.
Se trata de una puesta en escena amena y divertida, pero con sólido sustento histórico sobre la vida de Jean-Baptiste Poquelin (París, 1622-1673), mejor conocido como Molière, dramaturgo y director francés, pionero de la comedia clásica, cuyas obras siguen invitando a la reflexión.
Una interpretación que trasciende el tiempo

Con un maquillaje sencillo —entre la elegancia y el gesto burlón— y un escenario minimalista, Karla Blanca Díaz logra transportar al público a la Francia del siglo XVII a través de la obra Molière para ella misma. A través de su interpretación, revive la figura de Poquelin, a quien menciona con estilo propio y cercano: simplemente Molière.
Hijo de un tapicero real, recibió una sólida formación en derecho; sin embargo, abandonó la estabilidad para dedicarse al teatro. Adoptó el nombre de Molière en 1634 e inició su carrera como actor, dramaturgo y director. Sus primeros intentos fueron un fracaso, lo que lo llevó a recorrer durante más de una década distintos escenarios, aprendiendo —a golpe de experiencia— el arte de la comedia.
Karla Blanca representa estas etapas con cambios sutiles de vestuario y una actuación corporal dinámica. Su voz, gestualidad y ritmo escénico sostienen el monólogo de la obra Molière para ella misma con fluidez y humor, arrancando carcajadas al público.
El ascenso a la corte y el legado literario

Uno de los momentos más celebrados es cuando narra la presentación ante el rey Luis XIV: la corte, aparentemente indiferente, termina rindiéndose al ingenio del dramaturgo. Así se consolidó como parte de la “Tropa del Rey” en 1665, año en que presentó Tartufo.
La obra también aborda su vida amorosa —marcada por figuras como Madeleine y Armande— envuelta en ciertos misterios, así como su carácter apasionado y pícaro.
Entre sus piezas más representativas se encuentran Las preciosas ridículas, La escuela para mujeres (1662), Tartufo (1664), Don Juan (1665) y El misántropo. Molière murió en febrero de 1673, poco después de representar por cuarta ocasión El enfermo imaginario.
Un retrato humano en la escena independiente
Karla Blanca Díaz ofreció en la obra Molière para ella misma un retrato cercano y humano del dramaturgo, alternando momentos solemnes con otros jocosos —como cuando se descalza reiteradamente en escena— recursos que mantienen la atención del público y aportan frescura al montaje.
Una presentación destacada en el Espacio Escénico Cultural Colaborativo, que confirma la vitalidad del teatro independiente y la necesidad de seguir apoyando estas propuestas escénicas.
DMG

