León.- La Orquesta Solistas de América presentó ante el público leonés la obra máxima de Vivaldi, Las Cuatro Estaciones en el Teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña.
Las notas dieron cuenta de un año y de una vida entera; momentos de música melancólica, oscura y trepidante extasiaron el corazón de los asistentes. Las estaciones transcurrieron como la naturaleza misma, pero dejaron un hondo sentido de la vida en el recinto.
Antes de iniciar el concierto, los organizadores compartieron aspectos de la vida del compositor. Antonio Vivaldi nació el 4 de marzo de 1678 y falleció en la miseria el 28 de julio de 1741, en Venecia.
Sus contemporáneos lo conocieron como el “Cura Rojo” por el color de su cabello; aunque no destacó como un sacerdote santo, consolidó su legado como un genio de la música. El autor compuso su pieza cumbre en 1721, a los 43 años, durante su madurez musical dentro del barroco tardío.

Una experiencia sensorial en el escenario
El concierto, titulado “Vivaldi Estaciones: una experiencia sensorial”, inició con el Doble Concierto para violonchelo en sol menor, RV 531. Los músicos Isaac Ricardo Loreto y Christopher Ibarra Jackson encabezaron esta primera parte del programa de Las Cuatro Estaciones en el Teatro del Bicentenario.
Posteriormente, la Primavera (concierto en mi mayor, Opus 8, RV 269) contó con la participación de Minako Ito como solista en el violín. A través de la música, el autor relata la alegría de un nuevo comienzo mientras los instrumentos imitan con maestría los sonidos de las aves.


Del calor del verano al hielo del invierno
Enseguida, David Bordoli interpretó en el violín el Concierto No. 2 en sol menor, Opus 8, RV 315, correspondiente al Verano. La tercera estación, el Otoño (en fa mayor), corrió a cargo de Maxwell Pardo, quien ejecutó la pieza con virtuosismo para reflexionar sobre el vino y el dios Baco.
Finalmente, el Invierno (en fa menor, Opus 8, RV 297), interpretado por Dezso Salasovics, cerró la noche con intensidad. Los instrumentos orquestales evocaron el crujir del hielo y el tiritar del frío, encendiendo los corazones de los asistentes durante la ejecución de Las Cuatro Estaciones en el Teatro del Bicentenario.
Así, el público reconoció a la Orquesta Solistas de América con aplausos y vítores por lograr una noche de encanto.
DMG



