La soprano Dhyana Arom y el tenor Ramón Vargas en el estreno de la ópera “Fidelio”, en León. /Foto: Secretaría de Cultura de Guanajuato

La noche del miércoles 6 de mayo de 2026 fue histórica: “Fidelio o el amor conyugal”, la única ópera de Ludwig van Beethoven, concebida como una oda a la libertad, se presentó por primera vez en Guanajuato con una producción contemporánea y de gran fuerza emotiva en el Teatro del Bicentenario Roberto Plasencia Saldaña, en León.

Esta nueva coproducción entre la Secretaría de Cultura de Guanajuato, el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León (Conarte) y la Secretaría de Cultura de Nuevo León se estrenó el 25 de abril en el Teatro de la Ciudad de Monterrey, donde también fue recibida favorablemente.

Uno de los grandes aciertos de esta versión del singspiel -un drama musical con partes cantadas y diálogos hablados en alemán- fue llevar el argumento de la obra a un contexto contemporáneo: las desapariciones forzadas durante una dictadura militar.

Para ello, el director de escena argentino Marcelo Lombardero situó la historia de Leonora en América Latina durante la segunda mitad del siglo XX. En el libreto original, la acción transcurre en una prisión de Estado cercana a Sevilla, a finales del siglo XVIII, donde Leonora se disfraza de hombre con el nombre de Fidelio y consigue trabajo como asistente del carcelero Rocco, con la esperanza de encontrar a su esposo Florestán, preso por motivos políticos.

El cambio de época se apoyó en el diseño de vestuario de Luciana Gutman: uniformes verde oliva o negros para carceleros y oficiales, y prendas de aire setentero para el pueblo, tanto por el colorido como por los cortes.

La escenografía minimalista y simbólica de Matías Otálora también contribuyó a construir una atmósfera opresiva. En el primer acto, enormes muros grises sugerían una prisión fría, mientras el mobiliario de oficina -un escritorio, una máquina de escribir y un teléfono- y una pantalla de vigilancia acentuaban la sensación de burocracia y control.

La única ópera de Beethoven llegó por primera vez al Teatro del Bicentenario con una coproducción de Guanajuato y Nuevo León. /Foto: Secretaría de Cultura de Guanajuato

En el segundo acto, una larga escalera conducía al calabozo donde don Pizarro, gobernador de la cárcel y villano de la obra, mantenía encerrado a Florestán en un espacio apenas ocupado por una cama.

En general, esta nueva visión de “Fidelio” respetó la trama original, aunque incorporó algunas licencias escénicas para ofrecer los antecedentes de la historia. En la obertura, se mostró la captura de Florestán y el momento en que Leonora decide transformarse en Fidelio.

La proyección de videos de Carlos Hurtado reforzó esa intención narrativa. Primero aparecieron comunicados del régimen militar; después, en la introducción orquestal del segundo acto, retratos de personas desaparecidas, entre ellas Florestán.

Por su parte, el diseño de iluminación de Roberto López Rodríguez contribuyó de manera decisiva al ambiente lúgubre de la ópera. La luz aumentaba solo en los momentos de mayor intensidad escénica; incluso la célebre escena en la que los prisioneros salen al patio y disfrutan fugazmente de la libertad permaneció casi en penumbra.

La dirección escénica de Marcelo Lombardero resultó convincente en términos dramáticos. El reparto principal ofreció actuaciones creíbles y contundentes: hizo reír en las escenas más ligeras del primer acto y conmovió en momentos de gran intensidad, como aquel en que Leonora revela su identidad y amenaza a don Pizarro con una pistola.

Con su interpretación elegante y expresiva, Ramón Vargas confirmó por qué es una de las grandes figuras internacionales de la ópera. /Foto: Secretaría de Cultura de Guanajuato

Las voces masculinas

En el aspecto musical, los solistas masculinos y el coro del Teatro del Bicentenario dieron el mayor sostén vocal de la función.

El tenor mexicano Ramón Vargas confirmó por qué es una de las grandes figuras internacionales de la ópera. A sus 65 años, conserva una técnica casi impecable. Si bien ya no posee el brillo juvenil de antaño, mantiene un fraseo elegante y un canto expresivo.

Aunque tradicionalmente Florestán exige un tenor heroico, Vargas mostró que su voz de tenor lírico puede asumir el papel cuando se privilegia la emoción sobre la potencia. No obstante, sorprendió por la fuerza del agudo en el llamado “Gott!” inicial (“¡Dios!”). El legato fue probablemente el elemento menos refinado de la interpretación, pues la línea vocal no siempre fluyó con total continuidad. Aun así, logró preservar el arco expresivo del aria.

Sin mostrar fatiga evidente, cantó con solvencia los números posteriores. Lució sus cualidades líricas en el dueto con Leonora y desplegó notable expresividad en el final, todo ello con musicalidad y naturalidad. Por todo ello, su debut mundial en el rol de Florestán resultó convincente.

El bajo-barítono Daniel Pérez Urquieta, interpretó al ministro Fernando y el bajo-barítono argentino Hernán Iturralde estuvo en el rol del carcelero Rocco. /Foto: Secretaría de Cultura de Guanajuato

También sobresalió el bajo-barítono argentino Hernán Iturralde como el carcelero Rocco, con una interpretación entrañable y de notable consistencia vocal. Destacó por la potencia y la proyección, con una emisión siempre audible y bien colocada. Además, su timbre cálido, su línea de canto firme y su perfecta dicción del alemán resultaron ideales para delinear el carácter noble del personaje.

El barítono mexicano Jorge Lagunes dio vida al malvado don Pizarro con solvencia. Aunque su voz ha perdido brillo, agilidad e incluso cierta estabilidad, aún conserva la potencia necesaria para afrontar la poderosa aria del primer acto. Su experiencia vocal y su fuerza dramática le permitieron encarnar a un gobernador de la prisión autoritario y amenazante.

Con su timbre de tenor ligero, el joven leonés Alejandro Yépez ofreció una interpretación ideal de Jaquino, el enamorado de Marcelina, hija de Rocco. Aunque al principio batalló un poco para hacerse oír en el dueto inicial, ganó presencia vocal en el cuarteto del primer acto y en el resto de los concertantes.

El bajo-barítono guanajuatense Daniel Pérez Urquieta convenció como el ministro Fernando gracias a una voz resonante en el registro medio-grave y una presencia elegante. Su vibrato amplio reforzó el carácter ceremonial del personaje. Alberto Yépez y Vladimir Rueda, por su parte, cumplieron en sus breves intervenciones como prisioneros.

El tenor leonés Alejandro Yépez encarnó a Jaquino./Fotos Secretaría de Cultura de Guanajuato

No cabe duda de que el coro del Teatro del Bicentenario, dirigido por el moreliano Jaime Castro Pineda, tuvo un desempeño vibrante en todas sus apariciones, desde la estremecedora escena de los prisioneros del primer acto hasta el electrizante final del segundo, en el que el pueblo celebra la liberación de los presos políticos. A pesar de no ser muy numeroso, el conjunto destacó por un canto lleno de matices.

Las voces femeninas

El elenco femenino fue encabezado por la soprano mexicana Dhyana Arom en el papel protagonista. Gracias a sus dotes histriónicas, su Leonora mostró una clara evolución dramática: pasó de la ternura y la obediencia del primer acto al arrojo y el coraje del segundo, siempre con determinación y pasión. Su actuación logró arrancar sonrisas y despertar emoción en el público.

La soprano Dhyana Arom encarnó a Fidelio dando muestra de sus cualidades líricas y dramáticas. /Foto: Secretaría de Cultura de Guanajuato

Vocalmente, la joven cantante deslumbró por la potencia, el timbre oscuro y el amplio registro de su voz, aunque mostró cierta falta de proyección y solidez en el legato, además de un vibrato por momentos demasiado amplio, particularmente en el registro medio-agudo y en clímax expresivos. Sus cualidades tanto líricas como dramáticas le permitieron transmitir la fuerza y la dulzura de la célebre aria de Leonora en el primer acto. La intensidad dramática de su interpretación alcanzó uno de sus puntos más altos en el enfrentamiento con don Pizarro, donde sorprendió por sus agudos de tinte metálico.

La joven soprano coreana So Ry Kim posee las cualidades necesarias para interpretar a Marcelina, la hija del carcelero que se enamora de Fidelio: frescura, espontaneidad y coquetería. Su actuación, llena de chispa y gracia, conquistó a la audiencia y arrancó más de una carcajada. Se mostró desdeñosa con su pretendiente Jaquino, pero sensual y enamorada en su aria. Compensó cierta falta de volumen y firmeza en la línea de canto con un timbre bello y claro.

La soprano coreana So Ry Kim conquistó a la audiencia con una fresca actuación./Foto Secretaría de Cultura de Guanajuato

Equilibrio desde el foso

Por último, la dirección musical de José Areán se distinguió por el equilibrio, al privilegiar la faceta lírica de la partitura sobre su carga dramática. Para ello, eligió tempi flexibles: aceleró ligeramente en el aria de Marcelina, por ejemplo, y expandió el pulso dramático en escenas como el enfrentamiento entre Leonora y don Pizarro, así como en la obertura de “Fidelio”.

No obstante, hubiera sido deseable mayor energía en los pasajes más intensos. Su preocupación por el balance permitió, en cambio, que las voces del cuarteto y del final del primer acto alcanzaran gran claridad.

La Orquesta Sinfónica de Aguascalientes estuvo bajo la dirección musical de José Areán./Foto: Secretaría de Cultura de Guanajuato

La interpretación de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes fue correcta y se distinguió por su sonido ligero, aunque no estuvo exenta de imprecisiones. En contraste, los llamados de trompeta en la escena del enfrentamiento entre Leonora y don Pizarro y en la obertura “Leonora No. 3” se tocaron a la perfección. 

El final de la ópera resultó apoteósico. La música liberadora de Beethoven alcanzó su clímax con la unión de solistas, orquesta y coro, entregados a este canto a la libertad. Al término de la función, el público, en un teatro casi lleno, se rindió a la emoción y aplaudió de pie a los protagonistas del estreno de “Fidelio” en León.

Con una versión ambientada en el contexto de las dictaduras latinoamericanas, Fidelio conmovió al público guanajuatense. /Foto: Secretaría de Cultura de Guanajuato
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Periodista del diario AM desde 2008 y corresponsal de la revista Pro Ópera desde 2014 y cubre las funciones del Teatro del Bicentenario de León. En su carrera profesional, que comenzó en el periódico...