León.- Entre altares, flores de cempasúchil y el misticismo del Mictlán, El último sueño de Frida y Diego llevó al Metropolitan Opera de Nueva York una visión fantástica del reencuentro entre Frida Kahlo y Diego Rivera. La ópera, debut de Gabriela Lena Frank en el Met, fue proyectada en vivo en el Auditorio Mateo Herrera ante una audiencia que acompañó la emotiva historia hasta su desenlace.
Con libreto del dramaturgo cubano-estadounidense Nilo Cruz y bajo la dirección musical de Yannick Nézet-Séguin, El último sueño de Frida y Diego está ambientada durante la celebración del Día de Muertos de 1957, año del fallecimiento de Diego Rivera, interpretado por el barítono Carlos Álvarez. Tres años después de la muerte de Frida Kahlo, encarnada por la mezzosoprano Isabel Leonard, la obra explora el amor, la memoria y la trascendencia a través de un encuentro sobrenatural entre dos de las figuras más emblemáticas del arte mexicano.
Una historia de muerte y amor.
Con una duración de dos horas y 40 minutos, además de un intermedio, la trama inicia cuando Diego visita un cementerio donde los habitantes realizan el tradicional ritual para honrar a sus seres queridos fallecidos y convocarlos de regreso desde el inframundo. Conmovido por la ausencia de Frida y por la cercanía de su propia muerte, el muralista implora a su esposa que vuelva a acompañarlo.

En el Mictlán, el inframundo de la cosmovisión mexica, la Catrina llama a Frida a regresar al mundo de los vivos. Ante un colosal árbol rojo, la pintora se resiste, pues en la muerte ha encontrado la paz y la liberación del dolor físico que marcó gran parte de su existencia. Convencida por Leonardo, un joven actor fallecido que admira su espíritu creativo, Frida finalmente acepta regresar, aunque bajo estrictas condiciones: solo podrá permanecer 24 horas entre los vivos y no podrá tocar a ninguna persona.
De vuelta en el mundo terrenal, Frida se reencuentra con Diego, quien atraviesa una profunda crisis emocional y artística. Juntos recorren la Alameda Central, donde la pintora disfruta la sensación de existir sin sufrimiento mientras ambos reflexionan sobre el paso del tiempo, la transformación de la ciudad y la inevitable presencia de la muerte. Aunque Diego desea abrazarla, las reglas impuestas por la Catrina se lo impiden.
Con la llegada del amanecer concluye el tiempo concedido a Frida. Mientras la Catrina reúne a las almas para emprender el regreso al inframundo, Diego y Frida comprenden que no pueden permanecer para siempre en ese reencuentro idealizado. Ante la inminente separación, el muralista suplica a las fuerzas del más allá que le permitan acompañar a su esposa.
La Catrina, enfundada en un manto negro y dejando al descubierto su naturaleza espectral, le recuerda que solo Mictlantecuhtli, señor del inframundo, puede decidir el momento de la muerte de un ser humano. Finalmente, el dios aparece y conduce a Diego hacia el reino de los muertos, donde se reúne definitivamente con su amada Frida.
Ante este emotivo desenlace, los asistentes al Auditorio Mateo Herrera se sumaron a los aplausos del público en Nueva York, celebrando uno a uno a los protagonistas de la puesta en escena.



El elenco se completó con la soprano Gabriela Reyes como la Catrina; el contratenor Nils Wanderer en el papel de Leonardo; Angel Blue, como anfitriona de Live in HD; y Gary Halvorson, director de Live in HD.
El equipo creativo estuvo integrado, además, por Deborah Colker, responsable de la producción y coreografía; John Bausor, a cargo del diseño de escenografía y vestuario; y Adam Silverman, diseñador de iluminación.
MGM