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León.- Durante la presentación del libro Antonio Segoviano Pérez, “Tejiendo el arte en León”, autoría de Rodolfo Herrera Pérez, titular del Archivo Histórico Municipal, se reconoció la importancia de rescatar la obra del pintor Antonio Segoviano Hernández.

Se busca que la obra de Segoviano sea conocida por las nuevas generaciones y reivindicar al pintor que dejó huella en el arte de León.

Un artista de carne y hueso, así lo describieron Mariano González Leal y Sahara Domínguez Ramírez durante la presentación del libro en el evento que tuvo lugar en el auditorio anexo al templo de San Juan de Dios.

Rodolfo Herrera Pérez, titular de Archivo Histórico y autor del libro. Foto: Leopoldo Medina.

Un maestro bondadoso

En su intervención, el investigador Mariano González Leal exaltó la generosidad del maestro Antonio Segoviano, quien aportó sus conocimientos a generaciones de pintores conocidos como los guardianes de la cultura de León.

En contraste, recordó que cuando Segoviano trabajó como retocador de fotos con el pintor Candelario Rivas para la coronación de la Santísima Virgen de la Luz, sin embargo, señaló que Rivas no compartió sus conocimientos con él.

Destacó que Segoviano era un pintor totalmente autodidacta que, en primera instancia, perfeccionó sus dibujos y después enseñó la técnica a sus alumnos. Solo cuando la dominaban, podían pintar.

Mariano González Leal destacó su faceta como maestro. Foto: Leopoldo Medina.

Los rasgos que caracterización al maestro: “Su humildad, su generosidad, su capacidad de dar cuanto podía e incluir el material para que sus alumnos desarrollaran a su vera las sensibilidades prácticas que les inquietaban”.

Sobre la obra del pintor

Según González, la memoria de Segoviano se durmió, pero no se perdió. Elogió que se haya rescatado una figura a punto de olvidarse. El pintor nació en el barrio de San Juan de Dios en 1888 y falleció el 12 de julio de 1957; dejó un vasto legado pictórico.

Destacó el momento en que se aprobó nombrar la Escuela de Artes Plásticas Antonio Segoviano.

Señaló que su producción destacó por la pintura sacra y los retratos de personajes locales. Aunque no fue un artista célebre a escala nacional ni viajó al extranjero, gran parte de su trabajo terminó fuera del país.

Destacó la pintura basada en el sueño del obispo Valverde y Téllez sobre el monumento a Cristo Rey en El Cubilete. La obra muestra a Cristo entrando a la ciudad en un carro tirado por dos leones y con el Sagrado Corazón como motivo central, pieza que consideró un prólogo a la Cristiada a 100 años de su inicio.

Se resaltó el valor histórico de este cuadro de 40 por 30 centímetros —reproducido en el Museo de Cristo Rey— por su originalidad y por incluir retratos de la época, como al propio Valverde arrodillado. Asimismo, mencionó que gran parte de la obra original de Segoviano se conserva en la Tercera Orden, la capilla y el templo de San Juan de Dios.

Para concluir, hizo un llamado a difundir la vida y legado de este ilustre pintor leonés.

Rescatan vida personal

El trabajo de investigación permitió conocer parte de la vida personal del pintor que antes se ignoraba. A través de fotos y testimonios, se documentó que tuvo al menos tres novias y a todas les decía “alma mía”. Fue soltero gran parte de su vida.

Su relación con Isabela Rivera “Chabelita”, maestra de la Escuela Modelo por 50 años y vecina de Segoviano, estuvo llena de obstáculos y no llegó al matrimonio.

Sahara Domínguez resaltó aspectos de la vida personal del pintor. Foto: Leopoldo Segoviano.

Sahara Domínguez Ramírez, depositaria de 45 fotos que comprenden de 1918 a 1939, explicó que el pintor acostumbraba tomarse fotos en distintas posiciones para ver las proporciones del rostro y los cambios que se dan en el transcurrir del tiempo; estos eran sus apuntes”.

Además, ayudaban para saber: “Los distintos cambios de la luz y cómo cambiaba a través del tiempo: el gesto, las arrugas, las comisuras de la boca y todo eso”.

Sara Domínguez, madre de Sahara, resguardó el material. La relación de la familia con Segoviano proviene de Manuel Domínguez Carrada y de Chabelita, madrina de Sara.

Con el tiempo, la ponente descubrió que “Chabelita” fue la novia eterna de Segoviano. Su madre recordaba que las pinturas del templo desaparecieron tras su primera comunión, pero reaparecieron tiempo después con los trabajos de restauración.

A la presentación asistieron autoridades y público en general. Foto: Leopoldo Medina.

De las misivas dirigidas a Chabelita —quien falleció a fines de los 70—, leyó una donde el pintor le explicaba con apuros económicos que solo juntó ocho pesos para ir a verla, llamándola cariñosamente “alma mía” y preguntando por la salud de su suegra.

Entre risas, la ponente comentó que al parecer a todas sus novias les escribía “alma mía”, probablemente para no confundirse. En otra carta, donde adjuntaba el boceto de una pechina, el pintor expresaba su deseo de casarse y pedía que la madre de ella les permitiera hablar para concretar su felicidad.

Finalmente, Sahara Domínguez Ramírez relató que, tras la muerte de Chabelita, el Municipio organizó en 1979 una exposición de Segoviano en la Presidencia Municipal, bajo la alcaldía de Roberto Plascencia Saldaña. Para el evento, su abuelo Manuel prestó material fotográfico que afortunadamente su madre logró conservar.

DP

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