León.- Una charla con rico sabor a pan ofreció la maestra Juana Edith Becerra Manrique, doctora en Ciencias Sociales de la Universidad de Guanajuato, en el templo de San Nicolás Tolentino, como parte de las Jornadas de Identidad y Barrio, promovidas por la UG del Barrio Arriba, donde presentó un documental sobre la elaboración del pan en La Rosita.
Los asistentes mostraron interés y participaron durante el conversatorio, ubicando esta panadería en la calle Artes, a unos pasos de la exarena de lucha libre “Isabel”, en el Barrio de Santiago, y que tiene décadas de tradición en el ramo.
La ponente Edith Becerra resaltó el valor de este negocio, que sigue utilizando técnicas del siglo XVIII en la elaboración del pan y que lo caracteriza, además de mantener una tradición donde no solo se hornea este producto, sino toda una tradición.

Muchas de las asistentes señalaron que sí han ido a comprar pan a La Rosita, pues el Barrio Arriba colinda con el de Santiago, aunque en años anteriores esa zona era considerada parte de su barrio.
Fue una conversación animada, de recuerdos, donde el público externó cuál era su pan favorito y se hizo una lista de ellos: cuernitos, chamucos, donas, conchas, novias, negritos, palillos, mamones, besos y bolillos.
La Rosita ha enfrentado el paso de los años y la competencia del pan industrial. Su sabor especial y el hecho de que aún utiliza leña en la elaboración de su producto le permiten mantenerse en la preferencia de los habitantes de la ciudad.

Al hablar del pan de La Rosita señaló que son esas casas-negocios, que todavía utilizan leña y sus sistemas de producción son artesanales, le da un sabor muy característico.
En la charla también se destacó que se establece una relación entre compradores y proveedores, asimismo se ejerce una identidad por el producto elaborado y su método de producción; incluso se habló de cómo el propietario mide la temperatura del horno: “Lo hace mediante un hilo y de acuerdo con el aire, sabe cómo maniobrar. Además el pan no tiene ley sobre a qué hora salir”.
La expositora hizo una relación histórica de cómo llegó el trigo a la Nueva España, las panaderías, las categorías que había en estas y la ley que determinaba que el dueño debía ser español e igualmente el maestro panadero: “No cualquiera podía, además es una labor muy pesada”.

Hay muchas anécdotas de cómo los panaderos elaboran su producto. Algunos de los asistentes también compartieron anécdotas referentes a la elaboración del pan.
La ponente explicó que los panaderos mexicanos agregaron nuevas variedades y el catálogo es enorme; inclusive, se estima que hay por lo menos 200 y se cuenta con una imagen con toda la variedad de ellos.
Antes de los 60, los clientes iban a la panadería y lo pedían con su nombre: “Me da dos bolillos, tres conchas, besos y orejas. Hoy en día mucha gente no conoce el nombre de los panes y hay autoservicio”.
Fue un evento que dejó muchas enseñanzas tanto para los asistentes como para la expositora.
DP