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León.- La obra “Ojo de Agua”, un óleo sobre cartón de 1916, de José García Coromina, fue el punto de partida de la segunda charla de Platícame un Cuadro, programa del Museo de la Ciudad que busca acercar al público a las piezas que resguarda.

La exposición estuvo a cargo de Juan Carlos Porras y Manrique, presidente del Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía León, y tuvo lugar en la segunda sala del Museo de la Ciudad. También estuvo presente Carolina Sánchez Martínez, directora administrativa del recinto.

Antes de abordar la pintura, Porras hizo un recorrido histórico apoyado en la edición facsimilar de “Apuntes geográficos y estadísticos”, del doctor José García Saavedra, en la que se hace una descripción del clima de León.

Porras y Manrique describió el cuadro como una corriente nostálgica. Foto: Leopoldo Medina.

También habló de los primeros registros españoles sobre la Villa de León, en los que se menciona la presencia de agua y 33 afluentes entre ríos, arroyos y arroyuelos que cruzaban la ciudad. Muchos de estos cauces y pozos ya no son visibles, pero quedaron plasmados en la pintura de José García Coromina.

Igualmente, se refirió a la visita de Alejandro de Humboldt y a su obra “Ensayo político sobre el reino de la Nueva España”. Durante su visita a Comanjilla conoció el géiser, un pozo natural de aguas calientes, así como los llamados pedrones.

Porras además mencionó la referencia a los pedrones en la literatura de Jorge Ibargüengoitia, quien los relacionó con la idea de confundir lo grandote con lo grandioso. El escritor también conoció las aguas termales de Comanjilla.

La sesión estuvo a cargo de Juancarlos Porras y Manrique (presidente del Seminario de Cultura Mexicana, corresponsalía León). Foto: Leopoldo Medina.

Lo anterior sirvió como contexto para abordar la pieza “Ojo de Agua”. En esta obra, literatura y pintura convergen en el registro de un paisaje que permanece en el Museo de la Ciudad.

Sobre la pintura, Juan Carlos Porras señaló: “Esta pintura habla de un contexto de una época de 1916. Es un año muy atípico en cuanto a la estabilidad social, económica, cultural, de permanencia de identidad y pertenencia”.

“Imagínense la preocupación de un autor que va y registra un sitio que, en aquella época, está en la lejanía, en la periferia de León; y que puede tomar esta cita, y la resguarda en este pequeño cuadro”.

“En este lienzo”, añadió, “veo un brote de agua, a la manera de uno de nuestros ojos, pleno, lleno de vida y con una enorme elocuencia”.

La exposición incluyó referencias históricas sobre el clima y la abundancia hídrica de León. Foto: Leopoldo Medina.

“Captura la vegetación que está alrededor, ese portento que tuvo nuestra ciudad. Un cuadro que presenta árboles frondosos, las nubes y ese ojo de agua extraordinario, pudiera parecer algo sencillo, su grandeza es eso: su sencillez”, declaró Porras.

Porras y Manrique describió el cuadro como una corriente nostálgica, “que a lo mejor ya no vamos a recuperar, hablo del paisajismo, de los colores y del hecho histórico. Porque nos pone a pensar ¿qué podemos hacer para registrar en este momento algo similar?”.

Al final hubo una sesión de preguntas y participación del público con sus comentarios sobre la obra.

DP

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