León, Gto.- Desde 2003, la Escuela de Educación Especial “Padre Jacobo” ha brindado oportunidades educativas a niños, jóvenes y adultos con alguna discapacidad, apostando por un modelo de enseñanza personalizada y centrado en la autonomía.

Entre sus alumnos se encuentra el pequeño Nahúm Isaac, un niño de 12 años diagnosticado con autismo nivel 2, condición que implica necesidades significativas de apoyo. En entrevista con AM, su madre Beatriz platico que su hijo Isaac fue diagnosticado a los cuatro años. En ese momento no hablaba y enfrentaba serias dificultades para adaptarse al entorno escolar. Sin embargo, para Beatriz, el mayor desafío no fue el diagnóstico, sino la falta de inclusión.

Relató que su hijo inició en preescolares públicos donde los señalamientos eran constantes: “No atiende indicaciones”, “no aprende”, “no es un niño para estar en una escuela regular”.

El intento por integrarlo a la primaria no fue distinto. Aunque algunas instituciones aceptaron recibirlo, la falta de preparación para atender sus crisis derivó en episodios de autolesiones. Durante dos semanas,  fueron llamados casi a diario para recogerlo antes de concluir la jornada. Por recomendación terapéutica, decidieron retirarlo para evitar un retroceso mayor. Isaac permaneció un año en casa, asistiendo únicamente a terapias.

La oportunidad llegó cuando Beatriz decidió acercarse a la Escuela Padre Jacobo. Con temor, pero decidida a intentarlo nuevamente, explicó a la directora el historial de su hijo. Hoy, Isaac no solo ha avanzado académicamente; también ha ganado seguridad y autonomía.

Gracias a Dios en poco tiempo con mi hijo se pudo adaptar, este empezó a trabajar y volvimos a ver este que él sí atendía indicaciones, sí aprendía, de hecho aquí ya aprendió a leer, a escribir, suma, este cuenta, ya ahorita va más avanzado en temas como signos de puntuación en las lecturas, en otro tipo de aspectos como lo personal antes era de estarle diciendo, “Oye, tienes que hacer la tarea.” Y uno buscarle la tarea, sacarle la libreta y todo eso y ahorita es un niño que llega, termina de comer y él solo va y saca sus cuadernos y se pone a hacer su tarea, prácticamente yo apoyo ya nada más en revisar que esté bien hecha su tarea, pero él ya lo hace por sí solo”, detalló Beatriz.

Si bien reconoce que hoy existe mayor información sobre el autismo, considera que aún falta capacitación especializada para docentes y más empatía en la sociedad. La petición de Beatriz es sencilla: dar una oportunidad antes de juzgar.

Lo más difícil es la poca empatía, que juzguen, porque desgraciadamente, aunque ahorita se habla mucho de inclusión, se habla muchísimo de incluso el autismo, creo que es un tema que ya pues todo el mundo conoce y así. Hay mucha desinformación y se juzga muchísimo.” comentó Baetrzi. 

Otra historia es la de Juan Vega, de 33 años, ex alumno con diagnóstico de discapacidad intelectual. Juan recuerda que en la primaria fue promovido de grado sin haber adquirido los conocimientos básicos. Su madre buscó distintas alternativas hasta encontrar la escuela, donde ingresó a los 14 años y permaneció seis años.

Asegura que su paso por la institución marcó un antes y un después en su vida. No solo fortaleció habilidades académicas, también aprendió valores y ganó confianza.

Me he superado y he cumplido metas que necesitaba”, afirma.

Actualmente trabaja en la cadena Farmacias Similares, donde se desempeña como botarguero. Entre sus pasatiempos destaca el dibujo y el coleccionismo. Aunque reconoce que ha enfrentado diferencias familiares respecto a su independencia laboral, asegura sentirse agradecido con la directora y mantiene contacto con antiguos compañeros.

Brinda oportunidades académicas y laborales

La directora del plantel, Gabriela Jacobo Segura, explica que la escuela nació tras detectar que muchos padres no encontraban espacios adecuados para hijos con problemas de aprendizaje o conducta. Ante la falta de modelos especializados en el país, el proyecto se desarrolló con estrategias personalizadas, adaptadas a las necesidades individuales de cada alumno.

La institución acepta estudiantes desde los cinco años, siempre que controlen esfínteres, y atiende casos de síndrome de Down, TDAH, discapacidad intelectual y otros trastornos en grados uno y dos.

Aunque no está incorporada a la Secretaría de Educación Pública, mantiene vinculación con el INAEBA, lo que permite que algunos alumnos presenten exámenes de alfabetización, primaria o secundaria.

Uno de los principales objetivos es la inserción laboral. Al concluir su proceso educativo, los estudiantes pueden ser canalizados al DIF para realizar la prueba VALPAR, que identifica habilidades para el trabajo. Según la directora, alrededor de 20 exalumnos han sido vinculados a empleos formales.

Actualmente, la escuela opera de lunes a viernes, de 8 de la mañana a 1 de la tarde y complementa la formación académica con actividades culturales y sociales que fomentan la integración.

Finalmente, la maestra Miriam Urquieta, docente de la institución, considera que la sobreprotección también puede convertirse en un obstáculo si limita el desarrollo de habilidades para la vida.

De nada sirve tenerlo abrazadito si no le das las herramientas que necesita. Los papás no son para siempre. Hay que prepararlos para que puedan defenderse solos”, comentó.

Miriam enfatiza que la observación temprana en casa es fundamental.

Los niños están con los papás todo el día. No puede ser que no se den cuenta si no hablan o no pueden seguir el ritmo. Hay que buscar apoyo desde pequeños”, concluyó.

LF

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