León, Guanajuato.- Definirse como un “supergrupo de frontera” va mucho más allá de una etiqueta geográfica para Tulengua.
El proyecto musical, integrado por artistas que crecieron entre idiomas, culturas y realidades distintas, concibe la música como un espacio de cruce, encuentro y transformación.
En entrevista con AM, el grupo reflexiona sobre identidad, límites imaginarios, música como medicina y la urgencia de repensar la frontera, no solo como territorio físico, sino como una construcción mental que puede y debe ser derribada.
Para Tulengua, crecer en la frontera moldeó no solo su sonido, sino su forma de entender el arte y la vida.
“Crecimos entre idiomas, sonidos y realidades distintas, y eso nos enseñó que no hay una sola forma correcta de hacer arte ni de vivir. Nuestra música suena a movimiento porque venimos de lugares donde todo está en tránsito”, dijo Alan Lili, parte del colectivo.
La frontera, explica, es más una idea que una barrera real.
“Somos de la frontera en todos los sentidos: mezcla, cruce, choque y puente. Esta región nos enseñó que los límites empiezan en la imaginación y también terminan ahí”, agregó.
La música como territorio libre
El sonido de Tulengua ha sido descrito como “imposible de encasillar”, algo que el grupo nunca vio como una decisión estratégica, sino como una necesidad natural.
“Nunca fue una decisión formal. Lo que sentíamos no cabía en un solo ritmo, así que dejamos de pedir permiso”, explicó Alan.
Para Tulengua, los géneros no delimitan, acompañan.
“Si una rola pide cumbia, se la damos; si pide rap o algo electrónico, también. El género es una herramienta, no una frontera”, añadió Amari Jordan.

La frontera que urge romper hoy
Más allá de muros y mapas, el colectivo identifica una frontera mucho más peligrosa.
“La que nos hace creer que somos distintos. Que por venir de países diferentes o practicar religiones distintas no tenemos nada que ver unos con otros”, coincidieron Alan y Amari.
Tulengua propone una visión profundamente humana.
“Compartimos un mismo cuerpo: este planeta. Si un órgano decide vivir a costa de los demás, el cuerpo entero muere. No es una idea utópica, es una necesidad práctica”, asegura Amari.
Reivindican la música como acto consciente
En una época donde gran parte del hip-hop se inclina al entretenimiento, Tulengua reivindica la música como acto consciente.
“No lo vemos como una apuesta, sino como una consecuencia inevitable de estar vivos y despiertos en este momento. La música no es solo entretenimiento: es medicina”, resaltó Jaime Mora.
Desde su perspectiva, lo político no siempre está en el discurso explícito.
“Desde la frontera, en 2026, lo político no es lo que dices, sino desde dónde vibras. Si estás desconectado, haces ruido. Si estás presente, haces señal”, agregó.
La honestidad, aseguran, es el eje.
“Pretender escapar de la realidad con puro entretenimiento sería una mentira. La música se convierte en un portal, no para huir del mundo, sino para transformarlo desde adentro”, manifestó el músico.

Bilingüismo como reflejo del alma
Como proyecto bilingüe, Tulengua no impone reglas al idioma: deja que la música decida.
“Muchos factores influyen, pero el principal es cómo suena la música y lo que nos inspira en ese momento”, señaló Jordan.
La mezcla surge de forma orgánica.
“Alan puede escribir un verso en español y Jimmy cantar un coro en inglés. Al final, se trata de lo que el alma pide”, añadió.
Desde “Baja Funk” hasta proyectos como “BASURA” y “SI DIOS QUIERE YO TAMBIÉN”, el mensaje de Tulengua se ha mantenido firme, aunque su forma haya evolucionado.
“El discurso no ha cambiado. Lo que cambió es la forma de decirlo”, compartió Jorgan.
Hoy, la unión ya no es una idea, es una realidad vivida.
“Después de ocho años, ya somos familia. El mensaje ya no siempre necesita palabras: el simple hecho de existir y tocar juntos lo dice todo”, indicó.

Lo que Tulengua quiere dejar en quien los escuche
Para quienes se acerquen por primera vez a su música, el deseo es claro.
“Queremos que se lleven comunidad, amor y la posibilidad de sentirse vistos”, coincidieron los músicos.
Tulengua concibe su proyecto como un lenguaje universal.
“No importa el idioma, la religión o el color de piel. Somos el resultado de tomar todo eso y poner a Dios en el centro para mostrar que la música es un lenguaje que nos une”, finalizaron.
CYPS