San Miguel de Allende.- Más que una charla sobre actuación, la conferencia magistral que ofreció Marina de Tavira durante el Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF) se convirtió en una conversación íntima sobre la vocación artística, la generosidad del actor y la importancia de contar historias.
La actriz, una de las homenajeadas del programa Mujeres en el Cine y la Televisión, recibió la Cruz de Plata Más Cine por Favor y compartió escenario con el director de teatro y cineasta Diego del Río, quien moderó una conversación que recorrió su infancia, sus primeros acercamientos al teatro, su formación, su manera de construir personajes y las emociones que acompañan cada uno de sus procesos creativos.
Durante casi una hora, Marina abrió las puertas de su universo personal para explicar que detrás de cada interpretación existe un profundo acto de entrega.
‘Actuar es un acto de entrega’: Las reflexiones de Marina de Tavira en el GIFF
Desde los primeros minutos de la conversación, Marina de Tavira explicó que el trabajo de un actor no consiste únicamente en memorizar un texto o ejecutar una escena, sino en entregarse completamente al personaje.
“Si lo pienso tantito, creo que tiene que ver con la entrega, con ser capaz de poner todo de ti: tu cuerpo, tu memoria, tus emociones, tratando incluso de olvidarte de ti misma para ponerte al servicio del personaje”, expresó.
Recordó entonces una reflexión de su tío y maestro, el director Luis de Tavira, quien escribió que “nadie ama tanto como el actor que ama al personaje que su personaje ama”.
Para la actriz, esa frase resume la esencia del oficio.
Actuar es un acto de amor y de entrega. Es olvidarte de ti para vivir la historia de alguien más”.
El impacto de las emociones en el cuerpo y el alma del actor
Uno de los momentos más emotivos de la charla surgió cuando Diego del Río recordó un ensayo que ambos compartieron años atrás con una actriz embarazada, quien temía que la intensidad emocional de una escena pudiera afectar a su bebé.
Marina recordó que ella vivió una experiencia similar cuando esperaba a su hijo Tadeo y continuó trabajando prácticamente hasta el final del embarazo.
Lejos de pensar que las emociones pudieran hacer daño, explicó que la actuación funciona de una manera completamente distinta.
Muchas veces el cuerpo físico resiente el cansancio o el desgaste, pero el alma no. El alma se nutre”.
La actriz definió el trabajo escénico como una gran paradoja.
“El dolor más grande para el personaje, cuando lo tocas como actriz, termina siendo gozo. No significa que el personaje no sufra, significa que para el actor ese encuentro con la verdad produce una enorme satisfacción”.
Recordó que esa experiencia le permitió comprender que el arte transforma incluso las emociones más difíciles en crecimiento personal.
Al hablar de su técnica como actriz, Marina rechazó la idea de dividir el trabajo corporal del emocional o intelectual.
Explicó que para ella todo ocurre simultáneamente.
“Nunca los separo. Mi mente, mi cuerpo y mis emociones son la misma cosa. Todo se mueve junto”.
Diego del Río recordó una de las primeras ocasiones en que la vio actuar sobre un escenario y aseguró que una de las características que más llamaron su atención fue la profunda conexión corporal que proyectaba.
Marina respondió que esa naturalidad nace precisamente de no pensar cada parte por separado.
No trabajo desde el cuerpo por un lado y la emoción por otro. Todo forma parte del mismo proceso”.



Elegir historias que valga la pena contar
La actriz explicó que antes de pensar en cómo construir un personaje siempre se hace una pregunta esencial.
“¿Esto que dice el guion es algo que yo también quiero decir?”.
Para Marina, aceptar un proyecto implica compartir aquello que la obra quiere comunicar.
Primero tiene que existir una urgencia por decir algo. Hacer teatro o hacer cine nunca puede ser un fin en sí mismo. El fin siempre está en otro lugar”.
Aseguró que esa búsqueda es la que determina finalmente los proyectos que acepta.
“Cuando leo un texto y siento que eso necesita ser dicho, entonces sé que quiero formar parte de esa historia”.
De la infancia en el teatro a los relatos dramáticos de la niñez
La conversación también viajó hasta los recuerdos de su infancia.
Marina confesó que descubrió su amor por el teatro antes de cumplir cinco años.
Su primer gran recuerdo fue ver “La buena persona de Sezuán”, de Bertolt Brecht, dirigida por Luis de Tavira y protagonizada por Rosa María Bianchi.
“Recuerdo que pensé: ‘Eso que está pasando ahí es fascinante. Yo quiero formar parte de ese mundo'”.
Quedó impactada por la capacidad de transformación de la actriz sobre el escenario.
“La veía cantar, bailar, cambiar completamente de personaje. Yo no podía dejar de verla”.
También recordó que durante mucho tiempo escuchó en casa el disco con la música de aquella puesta en escena.
“Lo ponía una y otra vez. Me fascinaba todo lo que ocurría ahí”.
Otro de los momentos más personales llegó cuando habló sobre su padre, quien dirigió distintos centros de reclusión.
Desde pequeña lo acompañaba a algunos de esos lugares y ahí comenzó su curiosidad por las historias humanas.
“Siempre quería saber quién era cada persona y por qué estaba ahí”.
Su padre le respondía contando relatos llenos de dramatismo.
Ahora pienso que probablemente muchas de esas historias ni siquiera eran ciertas, pero despertaron en mí una enorme imaginación”.
Reconoció que esos recorridos le enseñaron muy pronto que detrás de cada persona existe una historia compleja que merece ser escuchada.
Cruz de Plata en el GIFF: Un homenaje al cine hecho por mujeres
Al finalizar la conferencia se realizó la ceremonia oficial del homenaje.
Visiblemente emocionada, Marina de Tavira confesó que nunca imaginó recibir un reconocimiento como éste.
Cuando recibí la noticia me tomó completamente por sorpresa”.
Recordó que durante más de tres décadas su vida artística ha transcurrido principalmente sobre los escenarios teatrales.
“El cine ha llegado de manera más intermitente, pero me ha regalado sorpresas inimaginables.”
Reflexionó entonces sobre la diferencia entre ambas disciplinas.
“El cine tiene la capacidad de vencer la barrera de lo efímero. Va dejando una estela que permite contar también la historia de quienes lo hacen.”
Reconocer también es un acto de humanidad
En uno de los discursos más aplaudidos de la jornada, Marina habló sobre el significado del reconocimiento.
“Reconocer significa volver a mirar el camino recorrido de alguien. Es un gesto profundamente humano”.
Agradeció a la Asociación Mujeres en el Cine y la Televisión, a su presidenta Rosalba Barda y a Sarah Hoch, directora ejecutiva del GIFF, por mantener vivo ese ejercicio de valorar las trayectorias artísticas.
La actriz recordó que el trabajo en el cine nunca es individual.
“Detrás de cada personaje hay muchas personas trabajando. Este reconocimiento también les pertenece”.
Finalmente dedicó el homenaje a todas las mujeres que hacen posible una producción audiovisual: actrices, productoras, directoras, fotógrafas, diseñadoras de arte, maquillistas, vestuaristas, guionistas, continuistas y técnicas.
No es un secreto todo lo que ha costado que el cine hecho por mujeres tenga mayor visibilidad. Pero espero que llegue el día en que ya no sea necesario subrayarlo y simplemente nuestras miradas dialoguen para construir una mejor realidad para todas y todos”.
Con una prolongada ovación concluyó una de las conferencias más íntimas y emotivas de esta edición del GIFF, en la que Marina de Tavira compartió no sólo su experiencia como actriz, sino también la filosofía que ha guiado una carrera construida desde la sensibilidad, el compromiso y la profunda convicción de que el arte puede transformar la vida de quienes lo crean y de quienes lo contemplan.
LCCR