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León, Guanajuato.- Volver a León después de casi toda una vida lejos de la ciudad tuvo un significado especial para Claudio Varela Ventosa

El cineasta leonés regresó a sus raíces con “Tinskani”, un cortometraje que, desde la ficción, se adentra en el mundo del fotoperiodismo de nota roja y obliga al espectador a cuestionar su propia mirada frente a la violencia.

El joven director, guionista y productor, egresado de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Iberoamericana, presentó “Tinskani” en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF) 2026, donde compitió dentro de la Selección Oficial Guanajuato y Cortometraje Mexicano.

En entrevista posterior con AM, el creativo leonés platicó sobre la historia que sigue a Tinskani, interpretado por Guillermo Meneses, un fotoperiodista que enfrenta la muerte de su amigo y mentor, Salvador. 

Mientras su pareja, Citlali, interpretada por Kathia Violeta Morales, intenta convencerlo de acudir al funeral, él permanece obsesionado con la fotografía del cadáver de su colega.

En medio del duelo, decide salir con su cámara a la fiesta patronal de San Diego Huehuecalco, en el Estado de México, buscando nuevas imágenes que le permitan evadir el dolor.

Para Ventosa, presentar esta historia en Guanajuato tuvo además un componente personal: nació en León y se fue de la ciudad cuando tenía apenas ocho años.

“Yo en mi caso además nací en León, Guanajuato, y me fui a los ocho años y no había regresado desde entonces. Entonces, sentimos que es una conexión muy especial que este cortometraje se esté estrenando aquí mismo”, compartió en entrevista.

Regresar a las raíces

El regreso a León ocurrió en medio de una mezcla de emociones que incluso le han hecho difícil conciliar el sueño.

“Para mí es muy emotivo porque fue una infancia que no necesariamente recordaba del todo. Entonces, hay como unos momentos ahí de una conexión muy especial. Yo ahorita he estado, me ha costado dormir, me ha costado… traigo unos nervios ahí interesantes que todavía no descifro, pero es muy especial”, confesó.

La experiencia de presentar “Tinskani” en el GIFF también adquirió otra dimensión debido a la temática de la película y al contexto actual de violencia que atraviesan diferentes regiones del país.

El cortometraje no pretende ser un documental sobre el fotoperiodismo, sino una obra de ficción construida a partir de una investigación de campo y del acercamiento de su equipo con profesionales que han trabajado directamente en escenarios de violencia.

La historia que sigue a Tinskani, interpretado por Guillermo Meneses. Foto: Instagram

El hombre detrás de la cámara

“Tinskani” presenta los primeros días de duelo de un fotorreportero de nota roja después del asesinato de un amigo, mientras a su alrededor se desarrolla una fiesta patronal.

“Es un cortometraje que habla de un fotorreportero de nota roja. Vemos, digamos, los primeros dos o tres días de luto de un amigo suyo que acaba de ser asesinado y cómo está viviendo ese luto en coincidencia con la fiesta patronal de su pueblo”, explicó.

A partir de esa situación, la película se concentra en la vida personal del fotógrafo y en la manera en que enfrenta el dolor.

El proyecto nació también de una inquietud personal de Ventosa. Durante algunos años vivió en Cuernavaca y recuerda haber crecido durante el sexenio de Felipe Calderón, cuando la violencia relacionada con el crimen organizado formaba parte de las noticias cotidianas.

“Yo vi los colgados cuando tenía 11 años”, recordó.

Aquella imagen permaneció en su memoria durante años y terminó conectándose con la historia que quería contar.

¿Quién consume las imágenes de la violencia?

Uno de los cuestionamientos centrales de “Tinskani” está en la relación que existe entre quienes producen las fotografías de nota roja y quienes las consumen.

Ventosa considera que existe un fuerte estigma alrededor de este tipo de periodismo, al que frecuentemente se acusa de amarillismo, pero plantea que el fenómeno es mucho más complejo.

“Hay un estigma fortísimo alrededor de la nota roja en términos como del amarillismo, pero también nos llamaba muchísimo la atención cómo el morbo es algo que además es sistemático. No es únicamente quien produce las fotografías, sino también quienes las consumimos, cómo las consumimos”, explicó.

Por ello, la película no busca colocar toda la responsabilidad sobre el fotógrafo que llega a una escena de violencia con una cámara.

“Todas estas partes que tienen que ver con la producción de la fotografía de nota roja no necesariamente son, por decirlo así, el verdugo fotógrafo que levantó estas imágenes a partir del dolor. Es más complejo”, señaló.

La pregunta se extiende entonces hacia el otro lado de la cámara: ¿qué sucede con nosotros cuando observamos esas fotografías?, ¿qué nos lleva a detenernos frente a ellas?, ¿por qué consumimos determinadas imágenes?

El propio cineasta resume uno de los cuestionamientos que atraviesan la película en una idea: se critica a quien produce la fotografía, pero pocas veces se cuestiona a quien la consume.

“Tinskani” presenta los primeros días de duelo de un fotorreportero de nota roja. Foto: Instagram

No reproducir la violencia

Una de las decisiones más importantes del cortometraje fue precisamente evitar que la película reprodujera aquello que pretendía cuestionar.

Ventosa buscó que el espectador sintiera cercanía con los personajes y con el dolor, pero sin convertir la violencia en espectáculo.

“Me llevó mucho a cuestionar cómo las miramos, cómo las consumimos y cómo existe también hasta cierto punto una distancia”, explicó.

Para el cineasta, incluso una fotografía que muestra un cuerpo de manera explícita puede generar una distancia emocional en quien la observa.

“Es increíble cómo puedes tú ver un cuerpo en una imagen y verlo directamente y en un close up y cercano y, de todas formas, sentir una distancia al observarlo, porque son imágenes que causan dolor también al verlas”, reflexionó.

Por ello, el equipo decidió buscar otras maneras de contar la historia.

“Ese dolor creo que era importante buscar una forma de entrar por otro lado para poder hablar de estos temas, hablarlos con la seriedad y con la cercanía que merecen, pero sin de nuevo reproducir esa violencia”, agregó.

La propuesta implicó incluso una deconstrucción del lenguaje cinematográfico, trabajando desde diferentes áreas de la producción, incluido el sonido.

La fotografía de María Gabriella Stempel apostó por grano, contrastes marcados y diafragmas cerrados para mantener los elementos en foco y acercarse visualmente a la estética del fotoperiodismo, evitando embellecer la tragedia mediante recursos como el desenfoque.

Cinco años detrás de ‘Tinskani’

Aunque su presentación representa apenas una nueva etapa para la película, el proyecto ha sido un proceso de casi cinco años para el equipo.

Ahora, el objetivo es encontrar nuevos espacios para que la historia pueda llegar a más espectadores.

“Estamos muy emocionados por ver si el GIFF seguramente nos ayuda a que se vea más el cortometraje. Realmente es lo que nos interesa. Ha sido un trabajo de cinco, casi cinco años”, señaló.

El cortometraje cuenta con guion de Mayte Serna Pérez y Claudio V. Ventosa, producción de Alejandra M. Insausti, edición de Carolina Meza y fotografía de María Gabriella Stempel y Rodrigo A. Truqui.

Fue filmado en San Diego Huehuecalco, municipio de Amecameca de Juárez, Estado de México, donde la fiesta patronal se convirtió en el escenario para explorar el duelo, la violencia y la relación del protagonista con su cámara.

Fue filmado en San Diego Huehuecalco, municipio de Amecameca de Juárez, Estado de México. Foto: Instagram

Resistir haciendo comunidad

De regreso en Guanajuato, Ventosa también aprovechó para compartir un mensaje dirigido particularmente a los jóvenes y a las comunidades que enfrentan contextos complicados.

Su respuesta fue breve, pero contundente: “Que resistan. Que resistan. Es, creo, lo más importante, la comunidad y la resistencia”.

Para él, resistir no significa hacerlo de manera individual.

“Para mí es hacer comunidad. Conectar”, concluyó.

Así, “Tinskani” no solamente representa el regreso de un joven cineasta leonés a la ciudad donde nació. También es una mirada incómoda hacia una realidad que forma parte del imaginario cotidiano de México y una invitación a preguntarnos qué vemos, cómo lo vemos y cuál es nuestra responsabilidad como espectadores frente a las imágenes de la violencia.

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*Es periodista con más de 20 años de experiencia en temas locales, salud, seguridad y periodismo urbano; en la última década se especializó en temas de entretenimiento y mainstream, así como coberturas...