León, Guanajuato.- Una historia que hace más de una década conmocionó a México llegó a Netflix desde una mirada distinta.
“Un hijo propio“, primer documental de Maite Alberdi filmado en México, reconstruye el caso de Alejandra Marín y plantea preguntas sobre la maternidad, la presión social y los límites de la verdad.
Una historia real que parece ficción
En junio de 2009, el nombre de Alejandra Marín apareció en los periódicos luego de que fuera detenida por sacar clandestinamente a una bebé del Hospital General de México, después de haber fingido durante meses un embarazo.
Alejandra aseguró que existía un acuerdo previo con la madre biológica, pero fue detenida junto con su esposo Arturo por el delito de secuestro. Él recibió una condena de dos años y medio, mientras que ella fue sentenciada a 13 años y cuatro meses de prisión.

Más de una década después, “Un hijo propio” vuelve a ese caso para reconstruirlo desde las distintas voces de quienes estuvieron involucrados.
La cinta llegó a algunos cines el pasado 30 de julio y ya está disponible en el catálogo de Netflix.
Maite Alberdi evita los buenos y los malos
Para Maite Alberdi, dos veces nominada al Óscar por “El agente topo” y “La memoria infinita”, la historia no podía reducirse a una víctima y una culpable.
“Para mí es una historia de dos mujeres que sufrieron muchísimo. Las entiendo a las dos, de dónde viene el dolor de cada una; es muy complejo porque una se conecta con los dos dolores, no hay buenos ni malos. La vida tiene más matices de lo que suele representarse al cine”, explicó la directora durante la presentación del documental.
La realizadora siguió durante años las diferentes versiones del caso hasta encontrar la manera de contar la historia desde la subjetividad de sus protagonistas.
“Yo esta historia la viví primero desde la versión de Alejandra. Después escuché otras voces y me distancié un poco. Pero luego me di la vuelta y entendí profundamente desde dónde estaba narrando ella y por qué era que contaba desde ahí”, recordó.

Un documental que juega con la realidad
Uno de los elementos más particulares de “Un hijo propio” es que no se limita a entrevistas y material de archivo.
La producción comenzó como un documental tradicional, pero conforme el equipo tuvo acceso al expediente y a las distintas voces involucradas, decidió incorporar una puesta en escena para reconstruir la versión de Alejandra.
Sandra Godínez, productora del proyecto, explicó que el proceso permitió encontrar una nueva forma de acercarse a las memorias de la protagonista.
“Al inicio, la película era un documental (tradicional). Pero conforme descubrimos el expediente, encontramos todas las voces de esta historia y a partir de ahí decidimos la puesta en escena”, compartió.
El resultado mezcla recreaciones, testimonios, archivos y videos caseros, entre ellos el del baby shower de Alejandra y el de su boda, generando un diálogo constante entre lo reconstruido y lo que realmente ocurrió.

Ana Celeste y Armando: habitar a los personajes reales
Para interpretar a Alejandra y Arturo, Maite Alberdi inicialmente contempló trabajar con actores naturales. Sin embargo, el reto de reproducir con precisión los gestos, voces y maneras de dos personas reales llevó al equipo a realizar un proceso de casting que duró un año.
Ana Celeste Montalvo y Armando Espitia fueron elegidos a finales de 2024.
Para Ana Celeste, interpretar a Alejandra significó mucho más que aprenderse un personaje.
“Maite tenía muy claro qué quería. Me dijo: no quiero que la imites, quiero que la habites”, contó la actriz.
Durante su preparación, tuvo oportunidad de conocer a Alejandra y observar su manera de hablar, moverse y relacionarse. Incluso modificó aspectos de su vida cotidiana para concentrarse en el proceso.
“Yo soy una antes y después de Alejandra”, afirmó.
Armando Espitia, por su parte, inicialmente prefirió no conocer a Arturo porque buscaba construir su interpretación a partir de la información documental. Finalmente, al encontrarse con él, descubrió a una persona que tenía su propia versión de los acontecimientos y que, desde su perspectiva, también estaba marcada por el deseo de convertirse en padre.

El rosa como puerta a la mente de Alejandra
El diseño de producción fue otro de los grandes retos del proyecto. La diseñadora Estefanía Larraín decidió no limitarse a copiar los espacios reales, sino construir una representación de cómo Alejandra veía su propia realidad.
El color rosa se convirtió en uno de los elementos centrales de esa propuesta visual. Para Larraín, estaba relacionado con los cuentos de hadas, lo femenino y la fantasía, pero también servía para mostrar que la realidad que se estaba presentando estaba distorsionada.
La producción evitó, además, representar a Alejandra desde espacios oscuros o deprimidos que pudieran provocar un juicio inmediato sobre ella.
“Se rehusaron a juzgarla a través del arte”, explica el material de producción, buscando que primero el público conociera a la persona y después enfrentara la complejidad de sus actos.
Un rodaje de grandes dimensiones
Las recreaciones se filmaron durante un mes, en la primera mitad de 2025, en distintas locaciones de Ciudad de México.
Para la producción familiar se acondicionó una casa en la calle de Uxmal, mientras que las escenas del hospital se realizaron en el Hospital de Jesús, en el Centro Histórico, combinadas con algunas tomas en la Cruz Roja de Polanco.
El cambio de un documental tradicional a una producción con recreaciones implicó también aumentar considerablemente el tamaño del equipo.
Sandra Godínez explicó que llegaron a trabajar con un mínimo de 120 personas en las escenas de la versión de Alejandra, algo muy distinto a los equipos pequeños que suelen acompañar al género documental.

Una historia que busca más preguntas que respuestas
Para Alberdi, el objetivo no es únicamente determinar qué ocurrió, sino acompañar al espectador en el proceso de cambiar su propia percepción sobre Alejandra.
“Traté de emular mi viaje, tanto en la escritura como en el montaje. ¿Cómo la viví? ¿Cómo me sentí al final?”, explicó la directora.
La película recorre 15 años de la vida de Alejandra Marín, desde su boda y la ilusión de convertirse en madre hasta su paso por prisión y los años posteriores a su salida.
Con ello, “Un hijo propio” propone mirar más allá del escándalo mediático y explorar temas como el deseo de maternidad, la presión social, la salud mental y las consecuencias de un sistema que, de acuerdo con la directora, falló en distintos momentos.
Más que definirla como una mezcla de documental y ficción, la directora plantea que la cinta es una recreación de distintas versiones de la realidad.
“Ningún documental es la realidad. Todos se construyen a partir de elementos obtenidos de la realidad, pero son una visión subjetiva, sesgada”, señaló Alberdi.
CYPS