Estados Unidos.- El mayor brote de ciclosporiasis registrado este año en Estados Unidos puso bajo la lupa la capacidad de las autoridades para rastrear con rapidez el origen de los alimentos contaminados, después de que funcionarios de Michigan tardaran casi dos semanas en obtener de Taco Bell los registros necesarios para identificar la fuente del contagio.

Para entonces, más de 12 mil personas ya habían enfermado en Michigan y dos habían muerto.

A nivel nacional, los casos confirmados o sospechosos de ciclosporiasis superan los 24 mil 500, una cifra récord que ha reavivado las críticas sobre el debilitamiento de los mecanismos de vigilancia y seguridad alimentaria en Estados Unidos.

La investigación comenzó a tomar forma cuando funcionarios sanitarios de Michigan detectaron que muchas de las personas enfermas habían comido en restaurantes Taco Bell.

El 1 de julio solicitaron a la cadena los registros de su cadena de suministro para determinar qué ingredientes podrían estar vinculados con el brote.

Sin recibir la información, las autoridades volvieron a escribir a la empresa el 3 de julio y, por tercera ocasión, el 6 de julio.

“Dada la rápida propagación de este brote y el número de personas afectadas, debemos asegurarnos de completar el rastreo de contactos de manera oportuna para preservar la salud pública”, escribió Lauren Edwards, investigadora de salud pública del equipo estatal de respuesta rápida, a ejecutivos de Yum Brands, propietaria de Taco Bell.

Ese mismo día, la compañía entregó parte de los documentos. Dos días después, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) solicitó información adicional y finalmente recibió todos los registros necesarios el 13 de julio.

Con esos documentos, los investigadores pudieron rastrear la lechuga iceberg utilizada por Taco Bell hasta una planta de Taylor Farms ubicada en México, que posteriormente fue identificada como el origen del brote.

El 15 de julio, las autoridades federales vincularon oficialmente el brote con la lechuga y, al día siguiente, Taylor Farms inició el retiro de productos que contenían ese ingrediente y que habían sido distribuidos en 27 estados.

El episodio ha puesto el foco en una norma federal que habría obligado a Taco Bell a proporcionar este tipo de registros en un plazo de 24 horas.

La disposición debía entrar en vigor en enero, pero la Administración Trump retrasó su implementación hasta mediados de 2028, al argumentar que las empresas necesitaban más tiempo para prepararse.

Para los expertos en seguridad alimentaria, el retraso tuvo consecuencias concretas.

“El tiempo se traduce en enfermedades y vidas”, afirmó Thomas Gremillion, Director de política alimentaria de la Federación de Consumidores de Estados Unidos, quien revisó los correos electrónicos intercambiados entre Michigan y Taco Bell.

“Habríamos tenido una respuesta mucho mejor a este brote si no hubieran retrasado la implementación de esa norma”, agregó.

Taco Bell, sin embargo, rechazó que hubiera demorado su respuesta y aseguró que colaboró de manera oportuna con las autoridades.

“Actuamos de inmediato, de forma voluntaria y proactiva para proteger a nuestros clientes y apoyar a las autoridades sanitarias”, afirmó la compañía, que calificó de “inexacta” cualquier insinuación de que tardó en entregar la información solicitada.

La FDA también defendió su actuación. Donald Prater, subcomisionado interino de la agencia para asuntos alimentarios, aseguró que la dependencia respondió con rapidez con base en la información disponible y sostuvo que, incluso si la norma de 24 horas hubiera estado vigente, no habría cambiado significativamente la respuesta al brote.

Un brote de dimensiones récord

La ciclosporiasis es causada por el parásito Cyclospora, que infecta el intestino delgado y se transmite por materia fecal. Puede provocar diarrea intensa, cólicos abdominales y otros síntomas gastrointestinales.

Aunque el parásito ha provocado brotes de enfermedades transmitidas por alimentos durante décadas, los expertos advierten que su expansión y la dificultad para detectarlo plantean nuevos desafíos para el sistema de seguridad alimentaria estadounidense.

La situación también ha puesto bajo escrutinio las políticas implementadas durante la Administración Trump.

El año pasado, la FDA despidió a buena parte del personal encargado de coordinar viajes de inspectores de alimentos y la cooperación con gobiernos extranjeros, además de eliminar un comité dedicado a analizar las causas de los brotes y recortar un programa de seguimiento de Cyclospora.

Un portavoz de la FDA afirmó que tanto el personal de apoyo para viajes como los empleados encargados de la coordinación internacional ya fueron reincorporados.

“Hasta ahora, esta administración ha hecho que nuestros alimentos sean menos seguros, no más”, sostuvo Scott Faber, Vicepresidente sénior de asuntos gubernamentales del Environmental Working Group.

A su juicio, los recortes han reducido las inspecciones, el rastreo de patógenos y la capacidad de retirar rápidamente productos contaminados.

Las inspecciones en instalaciones alimentarias extranjeras también han disminuido. En 2025, la FDA realizó alrededor de mil 100 visitas a plantas procesadoras fuera de Estados Unidos, muy por debajo del objetivo de 19 mil 200 inspecciones anuales establecido por la Ley de Modernización de la Seguridad Alimentaria de 2011.

La última inspección de la FDA a la planta de Taylor Farms en México se había realizado en 2019.

La investigación en México avanza lentamente

Determinar cómo llegó la Cyclospora a la lechuga también está resultando complicado.

Taylor Farms cerró temporalmente la planta el 18 de julio, pero los inspectores de la FDA no viajaron a México para revisarla hasta la semana pasada, casi un mes después de que la empresa retirara sus productos.

Una persona familiarizada con la investigación, que habló bajo condición de anonimato, atribuyó parte de la demora a los permisos necesarios para que funcionarios estadounidenses trabajaran en una zona considerada insegura, así como a la coordinación con autoridades mexicanas y a la necesidad de reunir suministros para realizar las pruebas.

Taylor Farms aseguró que está colaborando con las autoridades de Estados Unidos y México y que cuenta con un programa de análisis de indicadores fecales que incluye pruebas para detectar Cyclospora en sus fuentes de agua.

Según la empresa, todas las pruebas habían resultado negativas.

Sandra Eskin, directora ejecutiva de Stop Foodborne Illness, advirtió que el retraso podría dificultar la identificación del origen exacto de la contaminación.

“Cuanto más rápido se pueda acceder a los registros, más rápido se podrá identificar el origen del brote, retirar esos productos del mercado y prevenir nuevos contagios”, afirmó Susan Mayne, exfuncionaria de la FDA. “Por lo tanto, la rapidez es fundamental”.

El problema no es nuevo. En 2013, después de un brote que enfermó a más de 600 personas que habían comido ensaladas en restaurantes Olive Garden y Red Lobster, inspectores federales acudieron a una planta de Taylor Farms y analizaron más de mil muestras de lechuga, agua de riego y heces de trabajadores agrícolas.

Casi todas resultaron negativas y la FDA no pudo determinar cómo ni dónde había ingresado el parásito a la cadena de suministro.

La Cyclospora es particularmente difícil de detectar en el ambiente y no puede cultivarse en laboratorio como bacterias como E. coli o salmonella.

Los investigadores también señalan que el parásito puede sobrevivir a la cloración utilizada habitualmente para eliminar bacterias durante el procesamiento de alimentos.

Especialistas han solicitado durante años fondos para desarrollar mejores métodos de detección y monitoreo. Sin embargo, propuestas para financiar esas investigaciones por unos 10 millones de dólares no han obtenido apoyo federal.

La FDA publicó en 2023 un plan de acción para combatir la ciclosporiasis que contemplaba mejorar la educación, ampliar las pruebas y acelerar las investigaciones sobre el origen de los brotes. No obstante, los avances han sido lentos.

“Hasta que no nos pongamos manos a la obra con el arduo trabajo de mejorar la investigación, conseguir herramientas para una detección mejor y más rápida y un mejor análisis de las causas fundamentales”, advirtió Jim Gorny, ex funcionario de la FDA, “esto volverá a suceder”.

JRL

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