Entre jadeos, sudores y golpes transcurren las mañanas y tardes, mientras unos chicos hacen rounds de sombra sobre el cuadrilátero, otros azotan con furia el costal.
En el pequeño gimnasio de la deportiva Torres Landa, enclavado en los sótanos de las canchas de tenis, se forjan los sueños de niños y jóvenes que quieren destacar en el deporte de las trompadas, pero sobre todo alejarse de los caminos de la perdición.
Ahí los guía un personaje muy conocido en la ciudad para enseñar el arte del boxeo. Durante cerca de 40 años, J. Luz Velázquez Hernández se ha dedicado a impartir sus conocimientos.
“El Cachorro” como fue apodado en sus tiempos de boxeador activo, se ha abierto espacio en ese tiempo entre sus actividades de 20 años como custodio y policía, antes alfarero y empleado de Gobierno, para ayudar a quien se le acerca.
“Me inicié en esto como casi la mayoría, porque los más grandes me golpeaban de niño, cuando vivía por la Gualdra y San Luisito. Empecé a entrenar con Guadalupe Carrales, El Chale, un peleador profesional muy bueno que era de Barrio Alto”, recordó sobre sus inicios.
Mientras daba instrucciones a sus pupilos atendía la entrevista y agregó que en los setentas entrenaban en la Prepa y peleaban en funciones que hacían en la cancha de Cristal y en el Sindicato de los Mineros.
“Había algunos muy buenos, como Juan Salgado, Pedro ‘Chato’ González y Gonzalo ‘El Taquito’. También salíamos a otras ciudades”, indicó.
Con el tiempo se dedicó a entrenar y lo combinaba con su labor de policía preventivo hasta que se jubiló como tal y continuaba con función de tratar de alejar a los chicos de los vicios, entrenando box..
“En esos tiempos entrenábamos en El Queso, luego en la Cooperativa (ahora Macro I), y llegaban algunos chavos muy buenos, pero por alguna razón no seguían”, manifestó.
El Cachorros Velázquez, que encaminó a su hijo Manuel a un tiempo al profesionalismo, destacó que una de sus mejores “joyas” que tuvo fue Manuel “Zorrillito” Estrada, quien tenía todo para triunfar, pero le ganó “la fiesta”.
Luego tuvo como más avanzado pupilo a Fernando “Güero” Villegas, quien llegó al profesionalismo.
Ahora con seis décadas de vida se mantiene en lo que más la apasiona, la enseñanza del box y aunque se ayuda de un bastón, se dice firme de enseñar lo poco o mucho que sabe a quien llega al gimnasio.