“Hay dos tipos de policías, los que nacen con el don y los que se hacen, yo me considero de los que nacen y moriré siéndolo, lo es todo para mí y me siento muy orgullo de serlo”, asegura el Oficial Ramírez.
Con una trayectoria de 23 años de servicio en diferentes corporaciones policiacas, dice que ha logrado desarrollar un sexto sentido que le permite actuar de inmediato ante cualquier circunstancia de peligro o evitar que ésta se genere.
Piensa que alguien que no desarrolle este sexto sentido no sirve como policía, pues pensaría como el resto de las personas y un preventivo debe ir un paso adelante.
La mayor parte de su familia ha pertenecido a las Fuerzas Armadas de México, y él ingresó a las filas del Ejército a la edad de 15 años, donde permaneció varios años. Posteriormente se fue a las Fuerzas de Seguridad Pública del Estado y actualmente es comandate del grupo de los Bravos de la Policía Municipal de Guanajuato.
“Yo nací con el don de ser policía y portar el uniforme, las personas ordinarias transitan por la calle tranquilas y nosotros no, o al menos yo no, tenemos que percibir el riesgo hasta con solo observar a una persona, se detecta que trae algo y así podemos actuar antes de que curra una desgracia”, afirmó.
Considera que la vida de un policía son las 24 horas, una vez entrando en el sistema, no deja de ser, por lo que se encomienda a Dios y pide por sus hijos por si algún día ya no regresa con su familia.
Su meta es seguir ascendiendo, no dejarse caer ante ninguna circunstancia ya que en su trabajo hay bajas y altas pero él está siempre con buena actitud.
Algo que recuerda mucho son los enfrentamientos que vivió con grupos armados, en varias partes de Guanajuato, el último fue en Silao, y la fuga del Cereso en León, en 1995.
Reconoce el gran peligro que genera su profesión pero será policía hasta que el cuerpo aguante.