Purísima del Rincón.- Para don Cecilio Filemón Castañeda, el jardín principal de Purísima del Rincón no es solo su lugar de trabajo diario como aseador de calzado; es el lugar donde, año tras año, la fe y la tradición de la Judea se convierten en un punto de recuperación para su economía familiar.

En medio de una crisis que ha golpeado el oficio de la bolería, la llegada de la Semana Santa transforma su puesto en un lugar donde la ciudadanía y visitantes externos pueden surtirse de productos de la Judea.

Entre las latas de betún y los cepillos, hoy asoman máscaras de cartón, huaraches de cuero y piezas artesanales de madera de colorín, productos que se vuelven esenciales para los miles de visitantes y participantes de la tradición iniciada por Hermenegildo Bustos.

Con más de 20 mil personas esperadas en el municipio, Cecilio ve en esta temporada una oportunidad invaluable.

¿Qué tal me cae este dinerito extra? De maravilla. Usted sabe que ahorita la economía está muy dura y tenemos que hacerle de una manera u otra; si no es en el huarache, es la mascarita”, expresa con honestidad.

Sus productos varían para ajustarse a todos los bolsillos: desde las tradicionales máscaras de cartón en 90 pesos, hasta piezas de colección en madera que oscilan entre los 2 mil y los 3 mil pesos.

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Cecilio Filemón Castañeda con los distintos productos que vende. Foto: Carlos Suárez.

Huaraches, lo más vendido

Sin embargo, lo que más ha “volado” de su puesto este año son los huaraches, los cuales los ofrece en 380 pesos, muy buscados por la gente tanto que viene de fuera como por aquellos que actúan en la Judea, donde dicho calzado es obligatorio.

A pesar del optimismo, la edición de este año tiene una ausencia notable en su inventario, pues el año pasado, la venta de chicotes fue su mayor fuente de ingresos, pero este año la cadena se rompió por una realidad social común en la región.

Este año a lo mejor no voy a vender el chicote que era lo que me dejaba más. ¿La razón? La persona que me los hacía se fue a los Estados Unidos para buscar una vida mejor”, relata Cecilio.

Como purisimense, Cecilio no solo ve la Judea como un negocio, sino como una bendición colectiva, pues agradece a su “pueblito” por mantener viva una herencia que atrae a multitudes y dinamiza el comercio local.

SS

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