Historia 063
Esta es la historia 063 de 450 que te contaremos sobre León
Desde que se cruza la puerta de La Nueva Vencedora se nota que no es una tiendita cualquiera. Ubicada a unos pasos del Arco de la Calzada en León ha sido testigo de la evolución de la ciudad.
Las vitrinas están llenas, los anaqueles repletos y todo parece acomodado como ha estado siempre. A primera vista aparece su producto más reconocido: el jamón, que todavía es entregado en bolsa de papel.
Hay botes de cueritos, vinos, conservas y artículos que conviven con fotografías antiguas colocadas en las paredes, imágenes que hablan de un negocio familiar que ha pasado de generación en generación.

La Nueva Vencedora lleva 123 años en la misma esquina de León y forma parte de la vida diaria de la familia Hernández, que ha trabajado ahí desde principios del siglo pasado.
Un negocio antes del león del Arco
La tienda ya estaba instalada antes de que el Arco de la Calzada tuviera león, es lo primero que recuerda la familia Hernández. Conservan una fotografía donde se observa la tienda abierta y, detrás, el espacio donde aún no había león.
El negocio abrió sus puertas en 1903 bajo el nombre de La Perla del Bajío. Con el paso de los años pasó a manos de un tío y posteriormente fue adquirida por José Antonio Hernández García, padre de don Bernardo, quien en 1944 decidió cambiarle el nombre a La Vencedora.

Es un nombre que mi papá eligió, pero con los años ha tenido sentido para nosotros. Hemos pasado muchas crisis y aquí seguimos”, explica don Bernardo Hernández Fernández, actual propietario y tercera generación al frente del negocio.
Fueron 14 hermanos y todos trabajaron en la tienda en distintas etapas de su vida.
Infancia detrás del mostrador
Don Bernardo recuerda que su infancia y la de sus hermanos transcurrió dentro del negocio. Ayudar a los padres era parte de la rutina.
“Antes la gente se estacionaba afuera, había una panadería, la Central estaba a media cuadra. Para nosotros era como un centro comercial, porque no existían esos lugares”, recuerda que la tienda era punto de paso y reunión.
El incendio
Uno de los episodios que marcó la historia de este negocio ocurrió el 7 de marzo de 1964. Jorge Enrique Hernández Fernández lo recuerda con precisión.
“Eran como las cuatro o cinco de la mañana cuando nos tocaron la puerta. Vivíamos aquí enfrente. Un velador nos avisó que la tienda se estaba quemando”, relata.
La tienda estaba construida con madera y un cortocircuito en un refrigerador provocó el incendio. Durante cuatro meses permaneció cerrada y gracias a un seguro el negocio se levantó de nuevo, esta vez con anaqueles de lámina. A partir de entonces cambió el nombre a La Nueva Vencedora.
El jamón que define la tienda
En 1948, la familia comenzó a distribuir jamón Gilbert, proveniente de Irapuato. Este producto marcó el rumbo del negocio.
El jamón se volvió el producto líder. Le dio prestigio a la tienda”, dice Jorge, quien atiende el local por las tardes. El tocino, queso de puerco y otros productos de la misma marca siguen teniendo demanda.

El jamón se entrega en bolsa de papel, por petición de los clientes.
“Si no va en papel, dicen que no es de aquí”, por eso se mantiene la forma.
Cueritos artesanales
En 1960, José Antonio Hernández inició la venta de encurtidos, cueritos y manitas de puerco. Años después, la siguiente generación retomó la producción de manera artesanal. Por la edad, los dejó de hacer y Bernardo se preparó para seguir vendiendo con el sello de su padre.
“Los clientes saben cómo los hacemos”, explica don Bernardo.
Otro de los logros de esta tienda es que, desde 1951, La Nueva Vencedora cuenta con permiso para venta de vinos, y señalan que es uno de los primeros otorgados en el municipio.

Clientes fieles
Lo que hace fuerte al negocio son sus clientes. Luz María del Carmen Hernández Fernández, conocida por los clientes como “Güerita”, sigue atendiendo como aprendió de sus padres y agradece a quienes desde hace años no han dejado de consumirles.
“Me toca atender a los clientes de toda la vida. Muchos ya no viven aquí, pero siguen viniendo”, dice, que los clientes recuerdan a sus padres, a sus hermanos, por lo que más que atender y cobrar, para ella es compartir historias y cariño.
Famosos y vecinos
A lo largo de sus 123 años, y por su ubicación, por La Nueva Vencedora han pasado bastantes personajes, como Mario Moreno “Cantinflas”, Chabelo o Cuco Sánchez. Este último tenía familiares a unos pasos de la tienda y cada año la visitaba y se llevaba kilos de jamón. La familia de Capulina era de los que más los visitaban y Antonio “La Tota” Carbajal, también fue su vecino.
Comentan que, cada que podía, Vicente Fox llegaba, así como Pepillo Origel, Luz María Aguilar y Sergio Corona, quienes visitaban constantemente la tiendita.
Un caso extraordinario fue cuando a José Sulaimán (qepd), del Consejo Mundial de Boxeo, lo conocieron en una ceremonia de pesaje en el Arco de la Calzada y, unos años después, se volvió su compadre.

Una tienda que dio vida
Otra de las anécdotas que pasaron fue la de una mujer que entró en labor de parto dentro de la tienda y dio a luz con ayuda de paramédicos y de María de la Luz Fernández Durán, “Chatita” -la matriarca de la familia-.
La pandemia y el futbol
En el 2020, cuando llegó la pandemia del COVID, Irma Paola Hernández Fernández, la más pequeña de la familia, asumió la responsabilidad del negocio.
“Mi tío ya no pudo venir y yo empecé a quedarme a diario”, cuenta. El manejo de dinero, las medidas sanitarias y la caída de ventas fueron un reto.
“Fue difícil, pero aquí seguimos”, dice.
Irma Paola comparte que muchos clientes le hablan de sus abuelos, a quienes no conoció. “Por ellos me los imagino. Eso me da orgullo”.

Otro episodio que guardan ocurrió en 2012, durante el ascenso del Club León.
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“El Arco estaba lleno. Tuvimos que cerrar una de las puertas. La gente llegaba por cerveza, refrescos. Era vender, cobrar y vivir la emoción”, recuerda Luis Fernando.
Navidades en la bodega
Con el paso del tiempo reconocen que lo que los ha mantenido es el trabajo, la honestidad, la calidad en sus productos y la calidez con sus clientes. Pero sí han sacrificado muchas cosas, como navidades que han pasado en la tienda por no descuidarla.
“Cenábamos aquí, en la bodega, por no cerrar”, recuerda don Bernardo. Su prioridad era no dejar sin jamón ni vino a los clientes.

La tercera generación
Hoy, los nietos apoyan el negocio a la par de sus empleos. Bernardo Hernández Aguirre forma parte de la tercera generación.
“Me da orgullo que siga. Ojalá mis hijos también continúen”, comenta. Él se encarga de cerrar los sábados.

Luis Fernando Hernández Aguirre recuerda haber llegado a trabajar desde los 15 años.
“Por las tardes veníamos a apoyar. Aquí vivimos momentos históricos”, cuenta.
Hoy saben que, gracias a su trabajo y constancia, son parte de la historia de León, que no solo venden el mejor jamón de la ciudad, venden historia y amor por su ciudad.
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