Historia 211

Esta es la historia 211 de 450 que te contaremos sobre León

El 24 de mayo de 1926, un grupo de fabricantes de calzado de la ciudad se reunió con el propósito de crear una asociación que velara por los intereses del gremio. Frente al crecimiento de la producción de calzado local y el tipo de condiciones que afrontaba la industria zapatera durante estos años, la Unión de Fabricantes de Calzado de León se constituyó con la finalidad de organizar, proteger y crear mejores condiciones para la industria de la ciudad.

El panorama industrial de León durante los años veinte

Durante la década de 1920, la actividad industrial de León se consolidaba como una de las más importantes del país. La fabricación de calzado, la curtiduría y la producción textil, ocupaban un importante número de mano de obra.

Alrededor de estas actividades se desarrollaban otros oficios, como la marroquinería, la talabartería y la obrajería, los cuales abastecían de insumos y materiales en general a la población, al tiempo que aprovechaban las habilidades del obrero leonés para la manufactura de diversos productos.

El panorama industrial de León durante estos años se caracterizaba por la presencia de un sinnúmero de unidades de trabajo que se encontraban distribuidas a lo largo de su territorio, especialmente en aquellos barrios donde se concentraba la mayor cantidad de mano de obra.

A diferencia de otros centros industriales del país, León se distinguía más por la existencia de pequeños establecimientos y de talleres de tamaño intermedio, donde destacaba la organización familiar, que por la presencia de grandes fábricas. Lo que le ganó el sobrenombre de “la ciudad de los talleres”.

La producción

A pesar de no contar con una estructura productiva basada en grandes establecimientos, la ciudad de León llegó a generar alrededor de veinte millones de pesos en calzado anualmente. Gran parte de esta producción era posible gracias a que en cada casa había un taller, y en cada miembro de la familia, un obrero.

De acuerdo con algunas fuentes de la época, se estima que durante estos años León contaba con al menos 28 “fábricas” de calzado, alrededor de 80 talleres de tamaño intermedio, y un importante número de pequeñas unidades domésticas. El número de obreros ocupados dentro de la industria zapatera leonesa giraba en torno de los siete mil, en su mayoría varones, aunque en ciertas tareas o fases de la producción destacaba la labor de las mujeres, y de los niños. 

Los barrios de la ciudad con mayor concentración de establecimientos dedicados a la fabricación de calzado eran El Coecillo, San Miguel, Santiago y la Zona Centro. Respecto al Barrio Arriba, a pesar de que este se distinguía mayormente por la actividad de la curtiduría, también llegó a concentrar algunos establecimientos dedicados a la producción de calzado, particularmente de aquellos fabricantes que apostaron por dedicarse a ambas actividades.

El memorial de los fabricantes de calzado

Dada la creciente importancia de la industria zapatera leonesa durante la década de 1920, y el que miles de personas dependían de esta labor para su sostenimiento, fabricantes de calzado de la ciudad se organizaron para pedir al Presidente de la República protección para la industria local. Hacia finales de 1921, a través de la Cámara Nacional de Comercio de León, zapateros leoneses manifestaron una gran preocupación ante la propuesta del Ejecutivo que promovía levantar o disminuir los impuestos sobre el calzado americano que se importaba al país. 

A manera de memorial, los fabricantes de calzado de León expresaron cómo de llevarse a cabo tal propuesta se perjudicaría la producción nacional de calzado, en especial la de la industria de León, pues el simple anuncio de dichas medidas había ocasionado especulación en los mercados donde se comercializaba el calzado leonés. Perjuicio que se agregaría a lo que representaba ya la entrada ilegal de calzado extranjero a nuestro país. El memorial fue firmado por José Padilla Moreno y José Muñoz, presidente y secretario de la Cámara Nacional de Comercio de León, respectivamente.

Constitución de la Unión de Fabricantes de Calzado de León

El 10 de mayo de 1926, en asamblea general de la Cámara Nacional de Comercio e Industria de León, se reunieron representantes del gremio de fabricantes y almacenistas de calzado con un objetivo en particular: defender el gremio ante el alza en los precios de las cajas de cartón.

Minuta de la reunión del 10 de mayo de 1926. Foto: Cortesía Guillermo Aranda Lozano

De acuerdo con el Acta de la sesión, Rafael Chávez manifestó “la necesidad de formar una Unión de Fabricantes de Calzado que tenga a su cargo no solamente la fijación de precios en cajas de cartón, sino que trate a todos y cada uno de los problemas que afectan a tan importante industria de la ciudad”. 

Los estatutos

Días después, el 24 de mayo, ante la presencia de la Mesa directiva y un nutrido grupo de socios, se definieron los estatutos que guiarían la labor de la Unión. Desde los primeros artículos del Título primero, se dejó en claro que los objetivos de la asociación se orientaban hacia “la organización social de la clase obrera y el adelanto y mejoramiento moral, intelectual, material y profesional de sus miembros; así como la defensa de los intereses de la industria zapatera de esta ciudad, procurando su progreso y defendiéndola de competencias indebidas”. 

Se propuso el desarrollo de actividades y mecanismos que brindarían a los miembros de la Unión una instrucción profesional y técnica a través de métodos prácticos para el mejoramiento de las capacidades, tanto de los obreros como de los patrones. 

Además, se planteó la necesidad de crear instituciones filiales de carácter económico que proporcionarían apoyos a aquellos miembros que lo necesitaran, con el objetivo de impulsar la producción y mejorar la competencia entre los fabricantes.

Se definió el respeto mutuo y el cumplimiento recíproco de los deberes como la base del trabajo comunitario-gremial. La Unión procuraría la resolución de conflictos mediante la conciliación y arbitraje, analizando todas aquellas situaciones que requieran atención tanto de la Mesa Directiva como de las autoridades gubernamentales encargadas de la protección de la industria.

Se hizo énfasis en el hecho de que la Unión buscaría por todos los medios la defensa de sus asociados ante aquellas situaciones de desventaja o de competencia desleal, como lo era el “boycotaje” y la acción indebida de algunos fabricantes que solo buscaban ampliar sus ganancias, considerado como uno de los mayores problemas que enfrentaban los zapateros leoneses.

Primera Mesa directiva

La primera Mesa directiva de la Unión de Fabricantes de Calzado de León estuvo constituida por productores y propietarios de fábricas y talleres de renombre durante la época.

  • Presidente: José Padilla Moreno. Propietario de Marca “Buffalo”, y quien años atrás había firmado el Memorial de los fabricantes de calzado. Desempeñó el cargo de presidente de la Unión en varias ocasiones.
  • Vicepresidente: José Rafael Moreno. En publicidad de la época se distinguía por emplear “los mejores materiales” en la producción de calzado, así como por ser el “Primer Premio de la Exposición de León de 1909”.
  • Secretario: Ignacio L. Hernández. Quien años más tarde sería uno de los principales accionistas de la fábrica de calzado “Atila”. 
  • Tesorero: Luis Desdier. Propietario de la fábrica de calzado “Economic”, una de las de mayor inversión de capital en la ciudad. 
  • Vocales propietarios: Rafael Chávez, Luis E. González, Luis Castillo Lozano, y Calixto Hernández. Entre estos destaca Rafael Chávez como propietario de la tenería y fábrica de calzado “Victoria”, y quien desempeñó el cargo de presidente de la Cámara Nacional de Comercio e Industria de León durante 1924. 
  • Vocales suplentes: C. González O., Leopoldo G. Peláez, Francisco M. Martínez, y Francisco Manrique de Lara. Este último como fabricante y almacenista de la marca de calzado “El Moro”.

Junto con los miembros de la Mesa directiva, la Unión de Fabricantes de Calzado de León contó con alrededor de 50 socios en su primer año, cifra que aumentaría en años posteriores. 

Primer año de funciones

El 17 de mayo de 1927, tras un año de funciones de la Unión, José Padilla Moreno dirigió al secretario de Industria, Comercio y Trabajo un informe sobre el trabajo realizado por la asociación en su primer año de labores. Subrayando el hecho de que la industria del calzado de León se había vuelto cada vez más compleja, y que, por lo tanto, requería de un mayor conocimiento de su desempeño general.

Padilla destacó una serie de puntos que fueron vitales para la asociación en su primer año en funciones. Entre estos, las dificultades que enfrentó la industria leonesa durante ese periodo, la adquisición de materias primas e insumos para los fabricantes, el trabajo colaborativo con los socios, y aquellos retos que representó la inundación del 26 de junio de 1926.

José Padilla Moreno finalizó el informe señalando que se buscaría consolidar a la Unión como un garante no solo de la protección de los intereses de sus asociados, sino de la industria misma, de ahí los esfuerzos por emprender acciones para hacer de esta actividad una práctica honesta y comprometida.

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