Historia 284
Esta es la historia 284 de 450 que te contaremos sobre León
Todo comenzó con 60 focos incandescentes, un par de carretes de conductor de cobre y un préstamo familiar de 60 mil pesos.
Con ese modesto inventario, Carlos Arellano Regalado abrió en agosto de 1970 una pequeña tienda en la calle Justo Sierra, en el Centro de León. Lo que entonces era apenas un local con pocas existencias se convirtió, con el paso de los años, en Centro Eléctrico Arellano, empresa especializada en materiales eléctricos, iluminación y soluciones para la industria, el comercio y el hogar.

Este año cumple 56 años de historia.
La confianza que hizo posible Centro Eléctrico Arellano
Antes de emprender, Don Carlos aprendió el oficio trabajando en Casa Muñoz, una reconocida tienda de material eléctrico ubicada sobre la calle Madero. Más tarde continuó su formación en Memusa, empresa especializada en equipo eléctrico para la industria.
“Yo trabajaba en Fábricas de Francia y durante mis vacaciones toqué puerta en Casa Muñoz. Recuerdo que estaba a un lado del Hotel León; me contrataron y después me quedé de planta. Entonces ganaba 440 pesos a la semana. Luego me invitaron a Memusa, donde me mejoraron el sueldo a 500 pesos por semana”, recuerda Carlos Arellano.
Aquellos años le permitieron conocer el mercado y descubrir que León crecía a un ritmo que demandaría cada vez más materiales eléctricos.
Convencido de abrir su propio negocio, buscó un préstamo entre familiares. Viajó en un par de ocasiones a Arandas con la esperanza de conseguir el dinero necesario, pero regresó con las manos vacías.
Cuando parecía que el proyecto tendría que esperar, apareció su tía Cuquita.
Ella tenía ahorrados 60 mil pesos invertidos en el banco, dinero que le generaba 600 pesos mensuales. Aun así decidió confiar en su sobrino.
El acuerdo fue sencillo: Don Carlos le pagaría cada mes esos mismos 600 pesos hasta liquidar el préstamo en un plazo de dos años.
Todavía recuerda aquel gesto con emoción.
Aquella confianza fue la semilla de una empresa familiar que más de medio siglo después continúa vigente.

Una tienda pequeña con grandes ideas
Don Carlos abrió su primer local en Justo Sierra 222.
Los recursos eran limitados y el inventario apenas alcanzaba para llenar algunos estantes.
Con humor recuerda que colocaba cajas vacías de focos sobre la estantería y acomodaba los focos por separado para que la tienda pareciera mejor surtida.
Durante 16 años trabajó en ese local rentado.
“Mi primer cliente fue don Alfonso Porras, que en paz descanse. Le vendí un foco de 60 centavos. Ese dinero lo repartí en tres: 20 centavos para mí, 20 para la tienda y 20 para la Virgen. A la fecha aún conservo esos 20 centavos de mi ganancia”, recuerda mientras sostiene la moneda.
En 1986 surgió la oportunidad de adquirir una casa sobre la misma calle, en el número 320.
Poco a poco comenzó a transformarla. Los cuartos desaparecieron para ampliar el área de ventas; el comedor se convirtió en oficina; el patio pasó a ser bodega y parte del inmueble se adaptó para instalar un taller especializado en embobinado de motores.
La antigua vivienda terminó convirtiéndose en el negocio que hoy conocen varias generaciones de leoneses.
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Centro Eléctrico Arellano creció junto con León
El desarrollo industrial de la ciudad impulsó el crecimiento de la empresa.
Entre sus primeros clientes estuvieron Cementos Central y Química Central.
Para atender esa demanda, Don Carlos viajaba constantemente a la Ciudad de México en busca de proveedores y productos que aún eran difíciles de conseguir en León.
Con el paso de los años, hoteles, fábricas de calzado, tenerías, electricistas, comercios, dependencias gubernamentales y cientos de particulares encontraron en Centro Eléctrico Arellano una solución para sus proyectos eléctricos.
Al mismo tiempo, la tecnología transformó por completo la industria.
Los antiguos focos incandescentes dieron paso a sistemas LED, luminarias de bajo consumo y equipos de mayor eficiencia energética.
Hoy la empresa participa en proyectos de iluminación para viviendas, comercios e industrias, además de ofrecer asesoría especializada, diseño de proyectos y reparación de lámparas, candiles y candelabros antiguos.
El incendio que puso a prueba a la empresa
En el año 2000, un incendio consumió la bodega de la empresa y provocó pérdidas cercanas a seis millones de pesos en mercancía.

Fue uno de los momentos más difíciles en la historia del negocio.
Lejos de rendirse, Don Carlos y su esposa decidieron comenzar de nuevo.
Con el apoyo de su familia lograron recuperar la empresa y continuar el proyecto que habían construido durante décadas.
Don Carlos reconoce que ese camino nunca lo recorrió solo. Desde el primer día, su esposa trabajó junto a él “codo a codo” para sacar adelante un negocio que durante muchos años fue el sustento de sus ocho hijos.
Un legado para la siguiente generación
Hoy Centro Eléctrico Arellano continúa bajo la dirección de tres de sus hijos, quienes representan la segunda generación al frente del negocio.
Mientras León continúa expandiéndose con nuevas viviendas, comercios e industrias, la empresa sigue participando en proyectos de electrificación, iluminación y mantenimiento.

Pero para Don Carlos, el mayor patrimonio nunca ha sido el negocio.
Ha sido la confianza que un día depositó en él su tía Cuquita y los valores con los que decidió conducir la empresa desde aquel pequeño local de Justo Sierra.
Una filosofía que resume en una frase:
“La verdad te lleva al éxito; la mentira, al fracaso.”
DAR
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