Historia 282
Esta es la historia 282 de 450 que te contaremos sobre León
Pocas construcciones representan tanto a León como el Arco de la Calzada de los Héroes.
Bajo sus columnas se celebran campeonatos, concluyen carreras atléticas, comienzan marchas, se realizan homenajes y miles de personas acuerdan encontrarse simplemente “en el Arco”. Para los visitantes es la postal obligada de la ciudad; para los leoneses, un símbolo de orgullo, identidad y pertenencia.
Este año cumple 133 años, convertido en el monumento más representativo de León. Sin embargo, pocos saben que su historia comenzó con un arco de madera, cartón y yeso que únicamente estaba destinado a durar unos días.
El Arco de la Calzada nació para una fiesta
La historia comenzó décadas antes de que se construyera el monumento actual.
En 1838, el gobernador del entonces Departamento de Guanajuato ordenó construir una calzada y un puente para resolver el problema de las aguas estancadas que dificultaban el acceso sur de la ciudad.
Las obras concluyeron en 1850 y convirtieron la Calzada en la principal entrada a León durante buena parte del siglo XIX.
Con motivo de las fiestas patrias de 1893, el ingeniero civil Pedro Tejada León diseñó un arco ornamental elaborado con madera, cartón y yeso para recibir el desfile conmemorativo de la Independencia de México.

La estructura había sido pensada como una decoración temporal, pero sorprendió tanto a los leoneses que el Ayuntamiento decidió sustituirla por una construcción permanente.
Así comenzó la edificación del actual Arco de cantera.
Los trabajos iniciaron el 3 de octubre de 1893 y concluyeron en abril de 1896.
Originalmente, el proyecto contemplaba levantar monumentos dedicados a Miguel Hidalgo y a los hermanos Aldama, pero la falta de recursos impidió concretar esa parte de la obra y únicamente se construyó el arco monumental.
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Del Arco Aldama al Arco de la Calzada
El monumento no siempre fue conocido con el nombre actual.
Primero recibió el nombre de Arco Aldama. Más tarde fue llamado Arco de la Paz y, con el paso del tiempo, comenzó a ser identificado como Arco de la Calzada de los Héroes.
Para la mayoría de los leoneses, sin embargo, basta decir simplemente: “el Arco”.
El diseño arquitectónico fue realizado por Pedro Tejada León, con la colaboración de Teodoro Galván, quien proyectó el pedestal y los jarrones decorativos que coronan la estructura.

Construido en cantera rosa y de estilo neoclásico, el monumento destaca por sus formas simétricas y elegantes.
En 1902, el Ayuntamiento autorizó una de las primeras partidas destinadas a su conservación, muestra de la importancia que ya había adquirido apenas unos años después de su construcción.
El león no siempre estuvo sobre el Arco
Hoy resulta difícil imaginar el Arco de la Calzada sin la escultura del león que lo corona.
Sin embargo, durante casi medio siglo el monumento permaneció sin esa figura.
Fue hasta 1942 cuando el empresario zapatero Francisco Lozornio Castillo financió la construcción del primer león, elaborado con cemento, varilla y mampostería por Daniel Herrera Jiménez, quien también participó en las obras del Templo Expiatorio.

Años después, el torero leonés Antonio Velázquez propuso sustituir aquella figura por una escultura de bronce que correspondiera a la importancia que el Arco había adquirido para la ciudad.
El proyecto fue encargado al escultor Humberto Peraza Ojeda, quien modeló una figura de tres metros de largo fundida en bronce.
Para reunir los 45 mil pesos que costó la obra se creó el Comité Pro León de la Calzada, encabezado por Antonio Velázquez, quien aportó de su bolsillo los primeros 10 mil pesos.
El contrato fue firmado en octubre de 1957 y la escultura quedó instalada el 16 de marzo de 1958.
Antes de ocupar su lugar definitivo, el león fue exhibido durante varios días frente al Palacio Municipal y posteriormente al pie del Arco, donde cientos de leoneses acudieron a conocerlo.
Durante el traslado hacia León ocurrió un accidente: la escultura perdió la cola.
La pieza se desprendió y tuvo que ser soldada en la fundición de Juan José Guerra. El trabajo costó 150 pesos.
Mientras tanto, el antiguo león de cemento fue trasladado al Parque Benito Juárez, en el barrio de San Miguel. Años después encontró un nuevo hogar en el Zoológico de León, donde todavía permanece.
Los versos grabados en el Arco
Otro de los detalles más singulares del monumento pasa inadvertido para muchos visitantes.
En sus pilastras pueden leerse los versos titulados “Lo que dicen los árboles”, cuya autoría permanece desconocida, aunque diversas investigaciones los atribuyen a un poeta español del siglo XIX.
Durante años, David Gutiérrez de Velasco escribía los versos con carbón sobre la cantera. La lluvia y el paso del tiempo terminaban borrándolos, pero él regresaba para escribirlos nuevamente.
Su insistencia fue tal que pidió al Ayuntamiento grabarlos de manera permanente.
Finalmente, durante la década de 1940, los poemas fueron esculpidos en la cantera y desde entonces forman parte del monumento.
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El gran punto de encuentro de León
A lo largo de más de un siglo, el Arco de la Calzada ha sido testigo de la transformación de la ciudad.
Ha visto pasar carruajes, tranvías tirados por mulas, automóviles, desfiles militares, manifestaciones sociales, celebraciones deportivas y generaciones enteras de leoneses.
Bajo sus columnas se han festejado campeonatos del Club León, realizado carreras atléticas, organizado actos cívicos, iniciado marchas y celebrado encuentros familiares.
Pocas frases son tan comunes en la vida cotidiana de la ciudad como “nos vemos en el Arco”.
Hace mucho tiempo dejó de ser únicamente una obra arquitectónica para convertirse en el principal punto de referencia y encuentro de León.
Hace 132 años fue construido para recibir a quienes llegaban a la ciudad. Hoy continúa dando la bienvenida a los visitantes y despidiendo a quienes parten, convertido en el monumento que mejor representa la historia, la identidad y el orgullo de los leoneses.
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