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Historia 372

Esta es la historia 372 de 450 que te contaremos sobre León

El Tecnológico de León abrió sus puertas en 1972, pero su historia había comenzado dos años antes, con una promesa presidencial, la donación de terrenos y una campaña en la que empresarios y habitantes de la ciudad participaron para reunir los recursos necesarios para construirlo.

Más de cinco décadas después, aquella institución continúa formando profesionistas y conserva historias poco conocidas de sus primeros años. Una de ellas es la de sus escrituras, que durante un tiempo no pudieron ser localizadas y que, de acuerdo con el testimonio de uno de sus egresados, finalmente fueron recuperadas después de realizar distintas gestiones.

Una promesa para León

La historia del Tecnológico comenzó a tomar forma en 1970, durante una visita a León de Luis Echeverría Álvarez, entonces candidato del PRI a la Presidencia de la República.

Durante aquella visita se planteó la necesidad de que León contara con un Instituto Tecnológico y Echeverría prometió que, de llegar a la Presidencia, apoyaría su construcción.

A partir de entonces comenzó la organización para convertir el proyecto en realidad. Jorge Obregón Torres ofreció donar los terrenos y se integró un patronato proconstrucción, encabezado por Pedro Michel Álvarez.

El objetivo era reunir tres millones de pesos, cantidad requerida por el Gobierno Federal para comenzar las obras.

Bonos para construir el Tecnológico

Para alcanzar la meta económica no solamente participaron los empresarios. De acuerdo con Carlos Javier Hernández Navarro, uno de los primeros egresados vinculados con la especialidad de calzado, también se realizaron actividades para involucrar a la población.

Una de las estrategias fue la venta de bonos para apoyar la construcción del Tecnológico. Las familias podían adquirirlos y, de esa manera, aportar recursos para hacer realidad una escuela en la que años después estudiarían jóvenes leoneses.

Carlos Javier conserva una historia familiar que refleja aquel esfuerzo.

Cuando estaba por terminar sexto de primaria, su hermano Guillermo de Jesús Hernández, quien trabajaba como obrero en la fábrica de calzado GECESA, compró uno de esos bonos.

Al llegar a casa se lo entregó y le dijo:

A ver, hermano, ahí está mi aportación para cuando te toque estudiar ahí”.

La frase terminó siendo una especie de premonición. Años después, Carlos Javier ingresaría precisamente al Tecnológico que su hermano había ayudado a construir con aquella aportación.

Hernández Navarro recuerda también otra actividad de recaudación conocida como el “kilómetro de plata”, realizada en la Zona Centro.

“Con pesos de esos de Morelos, fue en la Zona Centro, cuando todavía circulaban los carros. Actividad desplegada por alumnos del Tecnológico de León”, recuerda.

Construcción del Tecnológico de León. Foto: Revista Tiempos

Abrió sus puertas en 1972

El Instituto Tecnológico de León, hoy perteneciente al Tecnológico Nacional de México (TecNM) y conocido simplemente como Tecnológico de León, inició actividades el 18 de septiembre de 1972. Víctor Bravo Ahuja era secretario de Educación Pública; Héctor Mayagoitia Domínguez, subsecretario de Enseñanza Técnica y Media Superior, y Martín López Rito ocupaba la Dirección General de Educación Superior.

La primera matrícula estuvo integrada por 518 alumnos: 233 en el plan anual y 285 en el semestral.

Entre las opciones del plan anual estaban Técnico en Electricidad, Técnico en Mecánica, Bachillerato en Ciencias Físico-Matemáticas y Bachillerato en Ciencias y Tecnología.

En el sistema semestral se ofrecían Técnico en Control de Calidad, Técnico en Fabricación de Artículos de Piel, Técnico en Mantenimiento Industrial y Técnico en Máquinas de Combustión Interna.

Desde sus primeros años, la institución mantuvo una estrecha relación con las necesidades productivas de León, particularmente con la industria del cuero y del calzado.

Las escrituras que no aparecían

Décadas después de su fundación, de acuerdo con el testimonio de Hernández Navarro, ocurrió un episodio poco conocido relacionado con los terrenos sobre los que había sido construido el Tecnológico: durante un tiempo no pudieron localizarse las escrituras.

Hubo un tiempo que estuvieron buscando las escrituras del Tecnológico y por arte de magia desaparecieron”, recuerda.

Según su relato, el problema cobró importancia cuando fue necesario acreditar jurídicamente la ocupación de los terrenos.

Hernández Navarro cuenta que entonces coincidió con el empresario Alfonso Sánchez López, quien le comentó que las escrituras no habían sido localizadas.

“Me comentó que no encontraban las escrituras. Lo acompañé con varios notarios y se logró dar con el notario y el procedimiento. Como yo estaba trabajando, me dijo don Alfonso Sánchez López que ya se habían recuperado, hechas las escrituras”.

De acuerdo con Carlos Javier, al asunto se le dio seguimiento legal hasta resolver la situación.

Carlos Javier Hernández Navarro conocía el mundo del calzado desde niño. Creció entre zapatos y pieles en la fábrica de su padre y posteriormente trabajó en talleres de la calle Pénjamo, donde vivía.

En 1975 llegó el momento de ingresar al Tecnológico.

Carlos Javier Hernández Navarro, egresado del Tecnológico de León. Foto: Leopoldo Medina

La institución ofrecía una formación directamente relacionada con aquello que había conocido desde pequeño y Carlos Javier encontró ahí la posibilidad de convertir ese aprendizaje empírico en una profesión.

“Fue una emoción muy grande porque, pues, estaba en mi campo, sin pecar en el ego. A mí me gustaba mucho el calzado. Entré en el 75 y salí en 1980”.

Fue uno de los estudiantes de una especialidad enfocada en la fabricación de artículos de piel, que posteriormente se vinculó directamente con la producción de calzado.

Para él, pertenecer a aquella generación sigue siendo motivo de satisfacción.

Ese sí es un verdadero orgullo, algo muy grande”.

El curso de las mil horas

Su preparación continuó con un programa que Hernández Navarro recuerda como el “curso de las mil horas”, una especialización enfocada en el calzado.

“Fui de los primeros egresados del curso de las mil horas. Era un curso de especialización de calzado similar al que impartían en Leicester, Inglaterra”.

Hernández Navarro ubica aquella experiencia a principios de 1979. La formación le permitió profundizar en aspectos técnicos de la fabricación y posteriormente trabajar como asesor de empresas en análisis de tiempos y movimientos y consumo de materiales.

También realizó sus primeras prácticas profesionales en una empresa de Alfonso Sánchez López.

Don Alfonso me permitió hacer en su fábrica mis primeras prácticas. Era medir los tiempos de producción. Era una empresa moderna en su época. Fue bueno conmigo y bondadoso, un hombre que hizo mucho por la educación”.

Un semillero para la industria

Para Hernández Navarro, la relación entre el Tecnológico y la industria explica buena parte de la importancia que alcanzó la institución.

“La creación del ITL se dio porque los industriales del sector calzado y cuero vieron la necesidad de contar con técnicos y nuestra institución fue un semillero de profesionales que se involucraron en esas dos ramas y las hicieron más productivas”.

Su propia trayectoria terminó reflejando esa relación. Después de estudiar en el Tecnológico continuó vinculado con la industria del calzado, asesoró empresas y participó en proyectos relacionados con la preservación de la historia de esta actividad en León.

Más de medio siglo después de la apertura del Tecnológico, Carlos Javier continúa orgulloso de haberse formado en aquella institución.

Actualmente, el Tecnológico Nacional de México Campus León es dirigido por Felipe de Jesús Vences García, quien asumió el cargo el 2 de febrero de 2026.

Para Hernández Navarro, el reto es mantener el prestigio construido durante más de cinco décadas por estudiantes, profesores y egresados de una institución que nació gracias a una promesa, la aportación de empresarios y el esfuerzo de una sociedad que reunió recursos para hacerla realidad.

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