Beijing.- La visita de Donald Trump a China esta semana constituyó el primer viaje de un presidente de los Estados Unidos en casi diez años —desde que el propio Trump lo hiciera en 2017, durante su primer mandato— y el primer desplazamiento de un presidente estadounidense a suelo chino en el marco de una visita de Estado desde 2016.
El encuentro con el presidente Xi Jinping se desarrolló en un contexto de profunda agitación geopolítica global, marcado por una guerra activa en Medio Oriente, la persistencia de una guerra comercial entre las dos principales economías del mundo y la consolidación de la inteligencia artificial como nuevo eje de competencia estratégica.
Tanto la delegación oficial estadounidense —encabezada por el secretario de Estado Marco Rubio, el secretario del Tesoro Scott Bessent, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el representante de Comercio Jamieson Greer— como la presencia de más de 30 líderes empresariales con una capitalización de mercado combinada que supera el billón de dólares, subrayaron la doble naturaleza de la visita: diplomática en la forma, comercial en el fondo.
A continuación, se presentan los principales temas abordados durante el encuentro:
Comercio EE.UU.–China
En 2025, el déficit comercial de bienes de EE. UU. con China se redujo casi 32%, a 202,000 millones de dólares, su nivel más bajo en dos décadas, según datos oficiales; la contracción reflejó el impacto de la escalada arancelaria en ambos sentidos. Estas cifras reflejan el costo mutuo de la escalada arancelaria y definieron el terreno sobre el que se negociaron los acuerdos de la semana.
En materia agrícola, el representante comercial Jamieson Greer confirmó que se esperan compras chinas de productos agrícolas estadounidenses por más de 10,000 millones de dólares, aunque el Ministerio de Relaciones Exteriores de China no confirmó cifras específicas.
Por su parte, el sector sojero ilustra la erosión acumulada: la cuota de mercado estadounidense en ese rubro colapsó de más del 40% en 2016 a aproximadamente el 15% en 2025, mientras Brasil consolidó una participación del 73.6%. China también ha percibido una reducción del 10% en el consumo de piensos, lo que contrae estructuralmente la demanda de importaciones.
En el sector aeroespacial, Trump declaró a periodistas a bordo del Air Force One que Xi acordó la compra de 200 aeronaves Boeing, con un compromiso potencial de hasta 750 unidades adicionales.

Boeing declinó confirmar la información y remitió consultas a la Casa Blanca; un portavoz de la Cancillería china tampoco respondió directamente cuando se le preguntó al respecto.
Además de ello, en energía, los funcionarios estadounidenses señalaron que China incrementará sus adquisiciones de gas natural y petróleo crudo de origen estadounidense, en parte como respuesta a la crisis de suministro derivada del bloqueo del Estrecho de Ormuz.
China mantiene actualmente aranceles de represalia adicionales del 10% sobre el petróleo crudo estadounidense, del 15% sobre el gas natural licuado, del 15% sobre el carbón y de hasta el 55% sobre la carne de vacuno.
Estados Unidos mantiene aranceles adicionales sobre productos chinos y, además, aplicó un gravamen temporal del 10% que se superpone a otros impuestos vigentes. También sigue abierta la posibilidad de reactivar exenciones arancelarias que expiraron tras el primer mandato de Trump.
Creación de una Junta Comercial
El mecanismo estructural más concreto que produjo la cumbre fue la posible introducción de un acuerdo de principio para crear una ‘Junta de Comercio’ (Board of Trade), propuesta originalmente por el representante comercial Jamieson Greer en marzo. Su función es despolitizar el intercambio de bienes que no afectan la seguridad nacional, gestionando un sistema de ‘comercio administrado’ en productos no sensibles.
Vamos a eliminar los aranceles sobre un comercio de aproximadamente 30,000 millones de dólares en sectores no críticos y aquellos cuya producción no buscamos relocalizar. Productos como los fuegos artificiales son bienes de consumo de gama baja que seguirán importándose de China pase lo que pase.” —Declaró Scott Bessent, secretario del Tesoro de EE.UU. en entrevista con CNBC.
Cuatro fuentes familiarizadas con los objetivos de la administración Trump confirmaron que se espera un acuerdo marco de reducción de barreras comerciales sobre 30,000 millones de dólares de cada parte como punto de partida del mecanismo.

En contraste con la diplomacia comercial anterior, Washington parece haber dejado de exigir una transformación estructural del modelo económico chino y ahora privilegia objetivos más puntuales, centrados en compras y reequilibrio sectorial, mientras mantiene aranceles generales y controles sobre tecnologías sensibles.
El ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, se expresó en términos similares a los de su contraparte estadounidense en su informe sobre la Cumbre China-Estados Unidos, al reafirmar “el establecimiento de una junta de comercio y una junta de inversión”, así como la intención de “ampliar el comercio bilateral en el marco de una reducción arancelaria recíproca”.
La situación de Taiwán
Taiwán ocupó el centro de las diferencias más profundas de la cumbre. El ministro de Asuntos Exteriores de China, Wang Yi, declaró tras el encuentro que Pekín percibe que Trump comprende la postura china respecto a la isla.
Durante la reunión, percibimos que la parte estadounidense comprende la postura de China, otorga importancia a las preocupaciones de China y, al igual que la comunidad internacional, no apoya ni acepta que Taiwán avance hacia la independencia,” declaró Wang Yi, ministro de Relaciones Exteriores de China a los diversos medios presentes
Xi Jinping fue más explícito en cuanto a las consecuencias de un manejo inadecuado de la cuestión: “Si se maneja bien, la relación bilateral goza de estabilidad general. De lo contrario, los dos países tendrán enfrentamientos e incluso conflictos”, declaró según la transcripción oficial de la Cancillería china.
No obstante, el presidente Trump declaró a periodistas que no asumió compromisos en ningún sentido respecto a Taiwán, y el Departamento de Estado reiteró que la política estadounidense hacia la isla permanece inalterada.
Asimismo, el presidente dejó abierta la cuestión de las ventas de armas a Taiwán —un paquete de 11,000 millones de dólares aprobado en diciembre de 2025 sin que ningún cargamento haya sido enviado aún— al declarar que ‘tomará una decisión en un plazo breve’.

La cancillería taiwanesa subrayó que Taipéi mantuvo “una buena comunicación” con Washington durante la cumbre, y citó las declaraciones del secretario Rubio en el sentido de que “la política estadounidense de larga data hacia Taiwán —que abarca a múltiples presidentes y administraciones— no ha cambiado”.
Rubio señaló que la preferencia de Pekín es probablemente lograr que Taiwán se integre voluntariamente, no por la fuerza, aunque reconoció que el crecimiento del poderío militar chino demuestra sus ‘ambiciones de proyectar poder globalmente’.
Inteligencia Artificial
La inteligencia artificial constituyó uno de los temas de mayor expectativa previa a la cumbre, en parte porque el CEO de Nvidia, Jensen Huang —quien no estaba contemplado originalmente en la delegación—, se sumó al viaje en el último momento.
Su presencia alimentó especulaciones sobre un posible acuerdo para reanudar las exportaciones del chip H200 de Nvidia a China, actualmente bloqueadas por controles de exportación pese a haber recibido aprobación formal de venta para diez empresas chinas específicas. No obstante, el representante comercial Greer confirmó el viernes que los controles de exportación sobre semiconductores de alta gama no fueron un tema central de las conversaciones.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció que ambas partes acordaron establecer un protocolo para impedir que actores no estatales accedan a modelos de inteligencia artificial de alta capacidad, aunque no ofreció detalles sobre el mecanismo.
Trump señaló que “hablamos sobre trabajar posiblemente juntos para establecer salvaguardas”, sin especificar cuáles. Las salvaguardas de IA son vistas por analistas como un elemento crítico ante el advenimiento de armas y sistemas militares con capacidades de IA.

Trump informó que Xi le transmitió su intención de desarrollar sus propios chips —”quiere fabricar sus propios chips”, dijo el presidente—, lo que confirma que el objetivo chino de largo plazo es sustituir la dependencia tecnológica de EE.UU.
La guerra de Irán
El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán fue uno de los ejes de mayor tensión diplomática implícita en la cumbre. Trump llegó a Pekín buscando que China presionara a Teherán para reabrir el estrecho y avanzar en conversaciones de paz.
El secretario de Defensa Pete Hegseth se convirtió, según reportes, en el primer jefe del Pentágono en acompañar a un presidente estadounidense en una visita de Estado a China en ocho años, lo que permitió que las conversaciones militares incluyeran directamente el tema iraní.
Trump también declaró que Xi se comprometió a no proveer equipamiento militar a Irán: “Dijo que no va a dar equipo militar; eso es una declaración importante”, señaló el presidente, aunque agregó que China compra grandes volúmenes de petróleo iraní y quiere continuar haciéndolo.

El conflicto en Medio Oriente tiene implicaciones directas para la industria de semiconductores: materiales como el helio, el bromo y el azufre —subproductos del procesamiento de crudo y gas natural— son insumos críticos en la fabricación de chips.
Empresarios: sus acuerdos y negociaciones
El elemento más inusual de la visita fue la presencia de una delegación empresarial de escala histórica. Más de 30 directores ejecutivos estadounidenses acompañaron al presidente, con una capitalización de mercado combinada que supera el billón de dólares.
Entre los más prominentes figuraron Elon Musk (Tesla/SpaceX), Tim Cook (Apple), Jensen Huang (Nvidia), Cristiano Amon (Qualcomm) y líderes financieros como Larry Fink (BlackRock), Jane Fraser (Citigroup) y David Solomon (Goldman Sachs).
Musk descendió del Air Force One por delante de los funcionarios de mayor rango —Hegseth, Rubio y Greer—, y junto con Huang estuvo presente de manera prominente en la bienvenida oficial y durante el banquete de Estado, según reportes de la BBC.
Los intereses de las empresas tecnológicas fueron los más visibles. Tesla depende críticamente de su Gigafactory en Shanghái y de los consumidores chinos; Nvidia busca reactivar las ventas de chips avanzados al mercado chino; Apple requiere certeza en su cadena de suministro, dado que Foxconn y otros fabricantes clave operan en China.
Para el sector financiero, los objetivos incluyeron la obtención de licencias para operar de manera autónoma en el mercado de valores chino —el caso de Citigroup—, mayor participación en empresas conjuntas (Mastercard) y propiedad total de licencias de compensación (Visa).
La delegación empresarial buscó, según analistas, asegurar que la administración Trump no usara los aranceles de manera que dañara irreversiblemente sus cadenas de suministro en China. El hecho de que Huang no estuviera contemplado originalmente en la delegación y se sumara en el último momento fue interpretado como señal de que las negociaciones sobre chips y IA cobraron mayor peso del que se había anticipado públicamente.
China respondió con una delegación de alto nivel orientada a proyectar una imagen de estabilidad, pragmatismo y apertura económica controlada. Bajo la dirección de Xi Jinping, el equipo chino reunió a los principales arquitectos de su política exterior y económica, entre ellos el viceprimer ministro He Lifeng, quien previamente sostuvo una reunión de tres horas con el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, en Incheon, Corea del Sur.
En el plano empresarial, Pekín congregó a los dirigentes de sus corporaciones más globalizadas, seleccionados para transmitir una imagen de apertura económica sin renunciar al control estratégico del Estado.
Análisis y relevancia de la cumbre
El balance de la cumbre, según la mayoría de analistas consultados, es el de una estabilización táctica de la relación bilateral, no una reparación estructural.
El marco conceptual acordado propuesto inicialmente por Xi Jinping y aceptado por Trump, busca sustituir el lenguaje de ‘competencia estratégica’ de administraciones anteriores por un modelo de gestión de crisis más predecible, asentado sobre cooperación como pilar principal, competencia dentro de límites acordados y diferencias manejables sin escalada repentina.
Desde la perspectiva de las vulnerabilidades estratégicas, la analista Heidi Crebo-Rediker en Council on Foreign Relations subrayó que EE.UU. llegó a la cumbre en una posición incómoda: el gasto en armamento avanzado durante el conflicto con Irán ha agotado parte significativa del arsenal estadounidense, lo que incrementa la dependencia de minerales críticos controlados por China para reponerlo.

China, por su parte, demostró en 2025 que el control de las cadenas de suministro de minerales críticos es un instrumento geopolítico de primera magnitud, capaz de paralizar industrias globales.
EE.UU. también llegó a esta cumbre enfrentando una realidad muy incómoda: hemos gastado gran parte de nuestros sistemas de armas avanzadas en Medio Oriente. Hemos compuesto estas vulnerabilidades, porque en nuestra necesidad de reponer estos sistemas de misiles vamos a tener aún mayor vulnerabilidad al necesitar acceder a lo que es un control absoluto de algunas de las tierras raras más importantes.” Heidi Crebo-Rediker, analista estratégica en una mesa de dialogo del Council on Foreign Relations.
Para China, el resultado fue igualmente satisfactorio en términos estratégicos. Pekín logró que Washington abandonara la exigencia de reformas estructurales al modelo económico chino, obtuvo el reconocimiento tácito de su posición sobre Taiwán, y estableció dos mecanismos institucionales —la Junta de Comercio y la Junta de Inversión— que formalizan su interlocución con EE.UU. en términos más favorables.
Xi a su vez invitó a Trump a la Casa Blanca en septiembre para una segunda cumbre, lo que confirma que Pekín busca extender el período de distensión.
Otros temas
Al margen de los ejes centrales de la cumbre, Trump informó que planteó ante Xi la posibilidad de un acuerdo nuclear tripartito entre Estados Unidos, Rusia y China que limite el número de ojivas nucleares en el arsenal de cada potencia.
El Pentágono estima que China superará las mil ojivas operativas para 2030, frente a los más de 5,000 que EE.UU. y Rusia poseen respectivamente.
El último tratado de control nuclear bilateral —el New START, entre EE.UU. y Rusia— expiró en febrero sin renovación, eliminando cualquier límite formal a los arsenales atómicos por primera vez en más de medio siglo.
En el plano diplomático multilateral, ambos líderes acordaron apoyarse mutuamente en la organización de una exitosa Reunión de Líderes Económicos del APEC y la Cumbre del G20 de 2026.
Los dos presidentes también discutieron la crisis en Ucrania y la situación en la Península de Corea, aunque los comunicados oficiales no ofrecieron detalles sobre estas conversaciones.
Finalmente, el tema del fentanilo —una prioridad declarada de Trump ante su base política— fue mencionado en la agenda, aunque no se anunciaron avances concretos; China busca ser removida de la lista anual del Departamento de Estado sobre países productores o de tránsito de drogas ilícitas, cuya actualización está prevista para septiembre.
AAK