Ciudad de México.- Hace 50 años, el sistema político mexicano fraguó uno de los golpes más trascendentales en la historia del periodismo contemporáneo en México.
Mediante una asamblea ilegal orquestada desde el gobierno del entonces presidente Luis Echeverría Álvarez, el periodista Julio Scherer García fue expulsado como director general del diario Excélsior el 8 de julio de 1976.
Aunque la intención fue censurar la libertad de prensa, terminó siendo un hito para el periodismo independiente mexicano. Así quedó comprobado en diversos cables que el gobierno, en manos del entonces hegemónico PRI, envió al estadounidense para reportar sus operaciones antes, durante y después del golpe a la cooperativa.
A medio siglo de distancia, la pluma de Andrés Becerril en Excélsior recordó el suceso a partir de la histórica página en blanco que dejó testimonio de un desplegado en protesta que no fue publicado; Gustavo Mota Leyva, rescató en el semanario Proceso la figura de Scherer García y la trascendencia de la acometida oficial.
AM recopiló y documentó los hechos a partir de los testimonios documentales y artículos periodísticos que a lo largo de los años han rememorado el golpe a Excélsior, así como los cables revelados por Wikileaks en 2013, como prueba final de las maniobras del gobierno mexicano en contra de un medio de comunicación.
El preámbulo del golpe a Excélsior
El periodista Julio Scherer García comunicó a los cooperativistas del periódico el enfoque que planeaba perseguir como director de Excélsior en 1969, justo un año antes de que Echeverría llegara al poder.
Así rescató el momento el periodista Marcelo Castillero del Saz, en las páginas del diario La Jornada del 31 de diciembre de 2005:
Excélsior cumple su misión de informar y educar. Tiene un objetivo, una meta: LA VERDAD. Para alcanzarla ha adoptado una actitud: la buena fe. Nuestro trabajo tiene, más que un contenido político, una razón moral: la lucha incesante por la verdad sólo comparable a un fenómeno de la naturaleza: imposible de ocultar, imposible de contener.”
Según palabras del periodista y escritor Vicente Leñero en el documental El golpe a Excélsior publicado por Proceso el 8 de julio de 2016, “el periódico había roto con las ataduras anteriores”.
Señaló que la nueva dirección en manos de Julio Scherer dejó atrás la inclinación del diario hacia la derecha anticomunista, por una más plural de la mano de un brillante equipo de intelectuales y artistas de la época, como Octavio Paz, Vicente Leñero, José Emilio Pacheco, Manuel Becerra Acosta, Abel Quezada, Jorge Ibargüengoitia, entre otros.
Alrededor de 68 cables publicados por Wikileaks el 7 de abril de 2013 revelaron que el gobierno de Echeverría reportó las actividades de Excélsior al gobierno estadounidense desde 1973, calificándolo desde entonces como un “influyente diario de izquierda de la Ciudad de México”. Hasta antes del 8 de julio de 1976, se desclasificaron al menos 31 cables con información de las publicaciones y movimientos de la editorial.
Cada publicación considerada como una afrenta para el presidente era reportada al Buró de Asuntos Interamericanos (The Bureau of Inter-American Affairs) del gobierno de los Estados Unidos, especialmente las fricciones del diario con el entonces Secretario de Hacienda y Crédito Público, José López Portillo, tal cual quedó plasmado en la comunicación del 5 de marzo 1975.
A través de un artículo del Excélsior que informaba sobre los planes de la tesorería para un nuevo impuesto sobre el capital. Ambos participantes salieron heridos en la batalla, con implicaciones inciertas para las aspiraciones presidenciales de López”
En el cable enviado el 8 de julio de 1976, un informe confidencial detalló que el presidente notificó su decisión de tomar el control del periódico, motivado por los ataques a su administración y de las supuestas ofensas dirigidas a López Portillo, quien ya era candidato presidencial en 1976. Esta disputa se volvió un tema recurrente en los cables posteriores.
La tensión entre el diario y el gobierno en turno fue creciendo. Sin embargo, Echeverría no actuó de manera explícita. Según el periodista Andrés Becerril en El Golpe a Excélsior, la página blanca que cambió la historia, “el gobierno armó planes para ir en contra de la línea editorial de Excélsior y su director”.
El periodista Calos Ramírez resaltó en su artículo La vigencia de la crisis de Excélsior publicado en la revista Letras libres el 7 de julio de 2016 que el régimen aprovechó el subsidio del papel, el financiamiento público y el control de las redes de distribución para reprimir la independencia de la prensa escrita. Excélsior no fue la excepción.
En el cable enviado a los consulados de México el 9 de julio de 1976 a las 23:10 horas se informó que las estrategías de opresión del mandatario ya tenían instrucciones directas desde febrero de 1976.
La embajada tuvo conocimiento en febrero de que, por órdenes del presidente Echeverría, altos asesores de seguridad del gobierno mexicano estaban tomando medidas para ejercer presión financiera y de otro tipo sobre el director general Julio Scherer García del influyente diario de la ciudad de México Excélsior con la intención de forzar su destitución”.
Un primer intento de boicot fue a través de los empresarios. El periodista Manuel Becerra Acosta recordó en el documental Prensa y Poder de Clío (1998), que estos “estaban muy atemorizados. Acusaban al periódico de comunista”.
Becerra también señaló que los empresarios fueron a hablar con el presidente acerca de estas inquietudes y este les dijo: “ustedes son los patrocinadores ¿quién le da a Excélsior la publicidad? ¿de dónde provienen esos ingresos? De ustedes”. La respuesta fue el retiro de la publicidad privada.
Becerra Acosta, quien sería más tarde fundador del diario Unomásuno, agregó que Echeverría ofreció a Excélsior que “la publicidad de las empresas paraestatales sustituyera a los anuncios privados”. Fue así que el diario se mantuvo del apoyo gubernamental por un tiempo. Sin embargo, “los empresarios se dieron cuenta al cabo de unas semanas de que habían sido ellos víctimas de una treta del presidente Echeverría” y la situación se normalizó, según palabras del periodista Miguel Ángel Granados Chapa
Al fracasar el chantaje económico, se activó otra táctica: el 10 de junio de 1976, miembros del PRI invadieron el fraccionamiento Paseos de la Taxqueña, desarrollo habitacional promovido por la cooperativa del diario en 1950, ubicado en la alcaldía Coyoacán, al sur de la Ciudad de México.
Según el documental de la revista Proceso, este acontecimiento marcó el punto de inicio del golpe a Excélsior. Los grupos desplegados por el partido oficial argumentaron irregularidades en el proceso de compra del terreno, lo que fabricó el motivo para convocar a una asamblea en contra de la dirección de Julio Scherer.
La asamblea que cambió el rumbo
Aquel 8 de julio de 1976, una comitiva encabezada por Regino Díaz Redondo, entonces director del consejo de administración de Excélsior. Irrumpió en las instalaciones. Estaba a punto de imprimirse el número 21,637 del diario cuya página 22 contenía un contundente mensaje de denuncia hacia la represión del gobierno contra la libertad de prensa. El documento contaba con el nombre de al menos 49 colaboradores.

Según una nota de la revista Proceso, Díaz Redondo evitó la impresión de dicha plana. Dando como resultado la publicación del ejemplar del 9 de julio de 1976 con una página en blanco.

Después del exabrupto, se llamó a la asamblea. Según la reseña de Proceso titulada De Excélsior a Proceso: Lucha por la voz pública publicada el 8 de julio de 2021, transcurrió en un ambiente violento y arbitrario. Ante la falta de garantías y para evitar que la violencia escalara, Julio Scherer y sus colaboradores optaron por abandonar el edificio de la editorial.

Tras la destitución forzada de Scherer, cerca de 49 empleados, periodistas, artistas e intelectuales de la época que conformaban la cooperativa renunciaron en solidaridad. Aunque el número ascendería al pasar de las semanas llegando a 200 colaboradores.
Regino Díaz Redondo asumió la dirección de Excélsior y al salir de la asamblea, expusó el enfoque que orientaría su administración: “un criterio independiente que nos permita criticar pero criticar con un sentido humano, con una actitud elegante, criticar con miras al beneficio del país”
En 1978, en el prólogo que escribió para el libro Los Periodistas de Vicente Leñero, Julio Scherer habla del momento exacto donde abandonó el edificio:
“Al abandonar el edificio de Excélsior, en Reforma 18, me sentí perro sin dueño. Sin saber qué hacer con mi cuerpo, no había más mundo que el mundo interior. Algo que me decía que mi comportamiento en la asamblea que nos había puesto en la calle había sido propio de un cobarde, pero algo me decía que no, que en el momento extremo me había acompañado la lucidez”.

Un cable enviado a 24 países en el 9 de julio de 1976 detalló la cronología del conflicto y la posible respuesta de Scherer, especulando que sería denunciado como un “ataque a la libertad de prensa” ante la comunidad internacional. La principal preocupación oficial era la reacción de las naciones notificadas.
Después del golpe, se registraron comunicaciones hasta 1979, con un aproximado de 31 cables donde se compartieron datos y artículos acerca de las reacciones de la prensa de algunos países como Estados Unidos, Argentina, Urugua y Brasil.
El 14 de julio inmediato, el presidente se pronunció públicamente al respecto, negando cualquier acusación: “fue una determinación de los cooperativistas y no ha intervenido el gobierno de México y nunca lo hizo, y menos al final, absolutamente. Parece ser que allí una mayoría determinó lo que se hizo después”.
Ese mismo día, el entonces secretario de estado de Estados Unidos Henry Kissinger envió un cable a la ciudad de México donde destaca la reacción de la prensa estadounidense ante el movimiento de Echeverría. En especial lo que el periodico The Washington Post publicó al respecto.
El presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, ha elegido una forma peculiar de llamar la atención sobre sus últimos meses en el poder. Acaba de lograr liquidar el único centro importante de crítica política independiente de su país: el periódico ‘Excélsior’. Ahora que se prepara para dejar el cargo, ¿de verdad quiere ser recordado como el hombre que acabó con Excélsior?”.
Después del golpe, aires de cambio
Pese al intento del gobierno de establecer el control sobre la prensa, el resultado fue completamente opuesto a lo esperado pues surgieron distintas propuestas de periodismo independiente.
El periodista Ulises Castellanos en su artículo “A 50 años del golpe: la generación que no se dobló”, destacó que algunas personalidades que dejaron Excélsior “fundaron espacios donde la crítica, la investigación y la independencia no eran concesiones, sino principios.” Describió estos espacios como trincheras que redefinieron el oficio periodístico.
Los ejemplos más importantes de estos espacios son Proceso una revista bajo la dirección del propio Julio Scherer García que inició su circulación a partir del 6 de noviembre de 1976; “Vuelta”, dirigida por Octavio Paz, el 14 de noviembre de 1977; el diario Unomásuno dirigido por Manuel Becerra Acosta, quien también dio origen a La Jornada en 1984.
El primer número de “Proceso” fue una respuesta rápida y contundente a los hechos del 8 de julio. Constaba de tres secciones. “El sexenio: las palabras y los hechos” una recapitulación del sexenio de Echeverría, “Memorias de un disidente” por Daniel Cosío Villegas donde criticó la censura del gobierno federal y “Libre expresión: de Excélsior a Proceso” donde se presenta la crónica de los hechos del 8 de julio.

En mayo de 1982, la revista Proceso atravesó un boicot mucho más directo por parte del entonces presidente López Portillo. Después de que el titular de comunicación social, Francisco Galindo Ochoa retirara los contratos publicitarios del gobierno al semanario, el semanario se pronunció al respecto.
Además de la cancelación de la publicidad, se informó de la actitud hostil hacia los reporteros por parte del gobierno, excluyendo Proceso de la gira de trabajo del presidente en Veracruz y de la cobertura de otros eventos importantes. La respuesta del presidente ante las declaraciones fue “no pago para que me peguen”.
La dirección de Excélsior por su parte, estuvo ocupada por Díaz Redondo hasta el 2000, donde abandonó el cargo. El periodista Fabrizio Mejía Madrid recuperó en Regino y Excélsior que el entonces director “Regino es acusado de desvíos de fondos por 25 millones desde 1993”. Se especula que esta fue la razón de su destitución.
En 2006, la cooperativa de Excélsior votó para vender el diario a Olegario Vázquez Raña, quien es propietario del Grupo Imagen. Con 591 votos en favor y siete en contra el diario dejó atrás la antigua estructura.
Dos visiones de un mismo suceso: Excélsior y Proceso
El periódico Excélsior y la revista Proceso presentaron sus perspectivas con motivo del 50 aniversario del conflicto que marcó sus orígenes y trayectorias
Por una parte, el diario Excélsior bajo la pluma del periodista Andrés Becerril presentó una nota conmemorativa titulada El Golpe a Excélsior, la página blanca que cambió la historia. donde un detalle poco concurrido en las crónicas del golpe cobra protagonismo: la página en blanco censurada por Díaz Redondo.
El periodista documenta y reconstruye el suceso histórico desde diferentes ángulos utilizando la ausencia de la plana como hilo conductor. Abarcando la asamblea, la estructura de la cooperativa y llegando hasta las implicaciones que este acto de censura representa para el periodismo mexicano. Reafirma la importancia de no relegar este detalle en blanco por su carga simbólica:
Con el paso de los años, esa página ha adquirido distintos significados: para unos, representa un recordatorio de la censura; para otros, una advertencia sobre los riesgos que enfrenta la libertad de prensa. Cualquiera que sea la interpretación, todo apunta a una lucha de poder: una externa, entre el gobierno y Excélsior; otra, interna, en el seno de la cooperativa.”
Por otra parte, la revista Proceso con la voz del periodista Gustavo Mota Leyva en su nota titulada Medio siglo de una herida… el golpe a Excélsior, sin olvido ni rencor plantea un enfoque más reflexivo desde una perspectiva filosófica.
Profundizó sobre el peso del acontecimiento como un evento traumático, una herida no solo para los protagonistas sino para el propio periodismo en México. La parte central de su planteamiento toma a Julio Scherer como eje de su análisis, enalteciendo su resiliencia ante el conflicto.
“Es común golpear desde el poder, como improbable olvidar desde la vulnerabilidad. El verdugo triunfa cuando condena a su víctima al odio y al rencor. No fue el caso de Don Julio, quien no utilizó la venganza como justicia ni el rencor como cura. Él golpeó con datos, investigación y denuncia periodística; su gran y único poder fue su prestigio y reputación indeleble.”
Por último, lanza una crítica al periodismo actual por su falta de compromiso con la fundamentación del libre pensamiento, incitando al “buen oficio periodístico” y a la confrontación con el poder
AAK