Después de 35 años de aislamiento diplomático, los últimos de los cuales sometido también a un duro régimen de sanciones económicas a causa de su programa atómico, Irán ve desde ayer el principio del fin a su marginación. La confluencia de la puesta en marcha del compromiso nuclear que alcanzó con las grandes potencias hace dos meses, abren la puerta a que Teherán recupere la relevancia perdida. De momento, la confirmación por parte de los inspectores de la ONU de que ha suspendido sus actividades nucleares más controvertidas va a granjearle cierto alivio en las sanciones durante los próximos seis meses.
“El Organismo [Internacional de la Energía Atómica (OIEA)] confirma que, a 20 de enero de 2014, Irán (…) ha dejado de enriquecer uranio por encima del 5%”, asegura el informe remitido por los inspectores del OIEA a las seis potencias negociadoras (EU, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania), además de a la jefa de la diplomacia europea, Catherine Ashton, y que ha sido filtrado a la agencia Reuters.
Aunque el OIEA quiso mantener la confidencialidad del texto, la agencia oficial de noticias iraní, IRNA, se apresuró a difundir imágenes de los inspectores desconectando las centrifugadoras en las plantas de Natanz y Fordo. Esas máquinas son las que enriquecen el uranio, un proceso que siempre ha despertado las sospechas de EU y sus aliados porque a partir de cierto grado sirve para fabricar bombas atómicas. Según el Plan de Acción que Irán firmó con los Seis el pasado noviembre en Ginebra, y cuyos detalles se terminaron de perfilar tan sólo el 12 de enero, Irán renuncia a enriquecer uranio por encima del 5% y a diluir sus existencias de uranio al 20% durante seis meses.
“A partir de ahora, las centrifugadoras que hemos estado usando para producir uranio enriquecido al 20% se utilizarán para hacerlo al 5%”, declaró Mohamed Amiri, uno de los responsables de la Agencia de la Energía Atómica de Irán, citado por PressTV.
Ese nivel de pureza es suficiente para obtener el combustible nuclear que Teherán dice necesitar para sus centrales atómicas, de las cuales sólo está construida la de Bushehr (y que recibe el carburante de Rusia). Sus científicos empezaron a enriquecer al 20% en 2010, para abastecer un reactor de investigación. Tal decisión desató las alarmas porque convertía en cuestión de tiempo que pudiera alcanzar entre el 80 y el 90% necesario para fabricar un arma atómica, objetivo que los responsables iraníes siempre han negado tener.
Desde entonces, lrán había acumulado 196 kilos de uranio enriquecido al 20%. Ahora los inspectores han verificado que también se ha empezado a reducir su pureza para cumplir con lo pactado en Ginebra.
Los responsables iraníes tienen sin duda interés en publicitar su ejercicio de transparencia, el primero desde que en 2002 se descubriera su programa nuclear secreto y Occidente le exigiera explicaciones. El informe positivo de los inspectores del OIEA significa una inmediata reducción de las sanciones que estrangulan su economía desde hace un par de años. Fruto de ellas, sus ventas de petróleo han caído a la mitad y con frecuencia no pueden repatriar los pagos que quedan bloqueados en los bancos de los países compradores.
Ahora, en reciprocidad con su cumplimiento del Plan de Acción, EU y la UE se han comprometido a descongelar 4 mil 200 millones de dólares, de los 100 mil millones que, según estimaciones, Irán tiene bloqueados en el extranjero. Eso le permitirá reanudar el comercio de productos petroquímicos, oro y otros metales preciosos, además del acceso a piezas de repuesto para sus aviones de pasajeros, una vieja demanda de los iraníes cuya vieja flota sufre frecuentes accidentes.
El doble gesto da tiempo para la verdadera negociación. Durante los próximos meses, las partes tratarán de lograr un acuerdo definitivo. Y no va a ser fácil. De momento Irán sólo detuvo su programa atómico, pero, como advierte Mark Fitzpatrick, del International Institute for Strategic Studies, EU, Reino Unido y Francia buscan un “recorte significativo de sus capacidades nucleares”.