Para disfrutar del malecón, columna vertebral de esta ciudad marítima, hay que levantarse mucho antes de que el sol lo haga o volver justo cuando éste se vaya a esconder de nuevo.
Imposible caminar por esta costanera a mediodía, cuando se llegan a registrar hasta 38 grados centígrados de temperatura. Aquí, el verano no se anda con medias tintas.
A quienes atacó el hambre tras haber gastado energías buceando en el Mar de Cortés o practicando kayak, paddle boarding o esnórquel en alguna de las playas cercanas, vuelven a La Paz en busca de delicias.
Los tacos de marlin, camarón o langosta del Bismark-Cito -ubicado en el número 26 de Álvaro Obregón, frente a pleno Malecón- son una tradicional alternativa.
Si lo que se busca es una comida más elaborada vale la pena dirigirse a Apostolis, en el número 625 de la calle Francisco I. Madero. Tabule, tzatziki y ensalada griega, hojas de parra rellenas de carne de cordero y bañadas en salsa de limón y callo de hacha con berenjena en salsa de vino blanco son tan sólo algunos platillos inspirados en el Mediterráneo que sirve personalmente el cálido chef Apostolis Blougouras.
“Nuestra comida sin vino es como un día sin sol”, sentencia Apostolis, originario de la isla griega de Naxos, pero paceño de hueso colorado.
Y es que una energía muy especial guarda esta ciudad, cuyo mar imanta a las ballenas que año con año lo visitan y cuya calidez atrapa a que cuanto extranjero llega para no marcharse nunca más.
A su buena fama como ciudad ideal para el retiro, se suma una creciente industria hotelera y turística: pesca deportiva, velerismo, yatismo y golf pueden practicarse en este sereno destino.
Baste con mencionar que Costa Baja Resort & Spa cuenta con una marina, un campo de 18 hoyos diseñado por Gary Player y para celebrar algo especial: el restaurante Steinbeck’s, nombrado así en honor al escritor estadounidense John Steinbeck, Premio Nobel de Literatura 1962 y autor de varias obras inspiradas en el Mar de Cortés como La Perla (1947), que fue adaptada al cine por el director Emilio Fernández.
Otra perla que hay que ver es la más reciente de las esculturas del malecón: la “Perla de la Paz”, de Octavio González, rinde honor al auge de la industria perlera que alguna vez tuvo este destino. Fue tanta su fama que los lugareños orgullosos cuentan que la perla más grande de la corona de la reina Isabel II de Inglaterra fue extraída del Mar de Cortés.
La vida es más serena
Quien llegue a La Paz observará cómo -rigurosamente- cada tarde, justo cuando el sol anuncia que está por despedirse, los paceños se congregan en su malecón.
Cierto, esta ciudad también cuenta con un hermoso jardín frente a su catedral. Sin embargo, los aproximadamente 5 kilómetros que mide el malecón se convierte en el escenario perfecto para ver cómo transcurre la vida cotidiana.
Todo un placer resulta ver el vaivén de amigos, familias y turistas que salen a pasear. Unos con conos de yogurt de naranjita en mano, por supuesto de La Fuente (en Álvaro Obregón y Ocampo, frente al malecón), una nevería con tal tradición que dicen que quien no prueba sus helados no estuvo en La Paz.
No faltan las chicas que al paso van saboreando los famosos tostilocos: frituras de maíz en bolsita a las que se le agregan cueritos curtidos, jícama, cacahuates, pepinos, chile en polvo, salsa, sal, limón y más ingredientes que hacen poner “cara de chamoy”.
Sin embargo, los golosos son los menos. Los deportistas protagonizan este espacio; corredores y marchistas cronometran su paso, jóvenes mamás que con todo y bebé en carriola procuran su salud y figura, y patinadores y ciclistas respetando el área que les ha sido asignada.
Muchos eligen el quiosco con vista al mar como punto de encuentro. A los viajeros no les queda más que debatirse entre admirar un desfile de esculturas o fijar la vista en el horizonte para testificar cómo segundo a segundo el sol se fuga.
De entre todas, la escultura “El Viejo y el Mar” de Guillermo Gómez en especial conmueve… porque recuerda a la novela de Ernest Hemingway, porque rinde culto a la vida de los veteranos marinos y su relación con las profundas aguas y porque -al pararse tras ella- más bien evoca a un pequeño que halla la felicidad jugando con su barquito de papel, frente a un mar sin olas, pero coloreado por el atardecer.
Guía práctica
CÓMO LLEGAR
Aeroméxico e Interjet tienen vuelos directos desde la Ciudad de México a La Paz. La Isla Espíritu Santo se localiza a 25 kilómetros de la costa de La Paz.
CON QUIÉN CONTRATAR
Algunas de las empresas que ofrecen viajes y acampadas son Fun Baja Diving (www.funbaja.com), Mar y Aventuras (kayakbaja.com), Baja Expeditions (bajaex.com) y Espíritu & Baja (www.espiritubaja.com).
Dependiendo de la empresa, un tour de ida y vuelta que podría incluir nadar con los lobos, practicar kayak y comida cuesta en promedio mil 300 pesos, por persona.
TOMA EN CUENTA
Las empresas cuentan con los permisos necesarios y deben darle al turista un brazalete que indica el pago de derechos para visitar las islas y acampar. Sí se va por cuenta propia, hay que tramitar en las oficinas de la Conanp, en La Paz, el permiso para acampar.
Para más detalles puedes llamar al (612 1284171, ext.18120).
DÓNDE DORMIR
Costa Baja Resort & Spa. Para quienes gusten de jugar golf.
Hotel La Perla. Modesto, pero con una privilegiada ubicación para pasear por El Malecón.
Hotel One. Ubicado en el complejo Downtown La Paz.
Hyatt Place La Paz. Apenas el miércoles abrió sus puertas con 151 habitaciones.
DÓNDE COMER
María California. Los más deliciosos almuerzos caseros. No te pierdas los burritos.
Apostolis. Deliciosa comida mediterránea y el excelente trato del chef Apostolis Blougouras.
MÁS INFORMACIÓN
www.funbaja.com
www.visitmexico.com/en/la-paz
www.costabajaresort.com
pnaes.conanp.gob.mx
islasgc.conanp.gob.mx/BCS/BCS.html