El 17 de abril de 1974, tres amigos sumaron esfuerzos y talentos para emprender una aventura. Vicente Guerrero, Guadalupe Cervantes y Carlos Videgaray establecieron aquel día un restaurante de pizzas, un alimento que era casi desconocido en León.
Al innovador restaurante lo denominaron Lupillos en honor al más popular de los amigos.
El restaurante nació como una idea de ofrecer comida rápida para el mercado leonés, y tuvo una aceptación inmediata.
Muy pronto, la pizza y su peculiar salsa chimichurri conquistó el paladar de los leoneses.
La empresa ha permanecido 40 años en el mercado, teniendo como principal virtud el adaptarse a los nuevos consumidores y crear estrategias para hacer frente a la llegada de nuevas marcas del mismo giro.
Dos de los fundadores recuerdan en entrevista con AM cómo fueron sus inicios, hace cuatro décadas.

¿Por qué el nombre de la empresa se llama Lupillos?
Carlos Videgaray (CV).- El nombre fue por Guadalupe Cervantes, ya que ese era su apodo, y era el más conocido en el antiguo restaurante llamado Benitos. Como él hacía la pizza, atendía a los comensales, compraba los insumos, y todos lo conocían, se le colocó el nombre ya que era más fácil que asociaran al nombre de aquél que hacía el producto, que era Lupillo.

¿Por qué Lupillos decidió iniciar en León?
Guadalupe Cervantes (GC).- Porque Vicente, Carlos y yo vivíamos en la ciudad y se nos metió en la cabeza que era un negocio rentable porque no se conocía el producto en la región.

¿Fue complicado establecer su restaurante en León?
GC.- Yo nunca fui enredado de las manos para hacer negocios, y ya casado tenía que trabajar de lo que fuera para mantener a mi familia; fui quesero, tortillero, vendedor de libros, abarrotero, molinero de masa, e incluso fui bracero; duré dos años en Estados Unidos. Y al ver que una pizzería era una opción muy rentable en aquel país, decidí entrar con todo y establecer Lupillos aún sabiendo que el mercado leonés era muy exigente.

¿Cómo preparaban aquellas primeras pizzas?
GC.- En hornos de piedra que utilizaban gas, pero tenían muchos errores, ya que se tenía que estar cuidando constantemente, por lo que se perdía un poco de tiempo en la preparación. Además de que se desperdiciaba mucha materia prima. En la actualidad se utilizan hornos eléctricos para automatizar el producto, conservando el mismo sabor y calidad que los clientes conocían.

¿En qué momento se considero que el restaurante era un negocio viable?
CV.- Como al año vimos que era negocio, porque ya había recursos para abrir otro restaurante. Se abría un nuevo local cada año, con recursos del mismo negocio. Uno de nuestros éxitos fue que nuestra administración siempre ha sido muy buena y honrada; si se ganaba al mes 100 pesos, se repartían 40, y los otros 60 se ahorraban, y de esa manera nos íbamos financiando para que con el tiempo se tuviera la posibilidad de comprar un local y abrir el negocio.

¿Cuáles son las sucursales más antiguas que siguen operando?
GC.- Las ubicadas en Insurgentes y La Calzada. Se está autorizado un proyecto en el cual se hará una terraza que tendrá justo la vista al Arco. Casi todos los locales son propiedad de la empresa, y esa es la razón por la que podemos hacer modificaciones para que sea más atractiva la visita a los restaurantes Lupillos.

¿Dónde adquirían los insumos?
G.C.- La materia prima que utilizábamos hace 40 años no era de uso común en la ciudad. En la Comercial Mexicana era el único lugar donde podíamos conseguir ciertos insumos porque no había más tiendas. Los champiñones y el peperoni en especial no se vendían en León, teníamos que viajar a otras partes del país para comprar nuestra materia prima, sobre todo al DF, Guadalajara y San Luis Potosí. Podemos presumir que introducimos varios productos al mercado y los formamos parte de la dieta de los leoneses. Gracias a que Vicente Guerrero conocía al gerente de la única fábrica de champiñones que había en México, en Cuajimalpa, pudimos abastecernos y no tener que depender de las tiendas comerciales.

¿Cómo manejan la calidad de sus productos?
C.V.- Tenemos que guardar las normas de calidad y de conducta de atención al cliente, se da capacitación continua ya que se hacen inspecciones mensuales a todos los restaurantes. Se han cuidado la higiene de nuestras cocinas, y gastamos  más en productos de limpieza que en cualquier otra cosa. Somos muy exigentes en nuestra calidad, contamos con una Licenciada en Nutrición que nos apoya y supervisa con los insumos, de ella depende que nuestros productos finales conserven su calidad y sean a la vez nutritivos.
-G.C. Un abuelo mío decía que el baño es el espejo de la cocina; si tú entras a un baño y está sucio, la cocina está peor. Hay una rotación de los productos perecederos en el almacén cada 8 días, y sólo pasan 24 horas las bases para los productos finales, como son el pan de hamburguesa y la tortilla de la pizza.

¿Alguna vez trataron de vender franquicias?
GC.- Se hizo un intento de venta hace 8 años. Se vendieron 2 o 3 franquicias, pero no funcionaron ya que no respetaron los acuerdos que especificaban que la materia prima debía ser comprada sólo en Lupillos, y en vez de eso, ellos mismos compraban con otros proveedores, por lo que cancelamos los contratos.
CV.- Siguen saliendo solicitudes de franquicias en Coahuila, Sonora, Vallarta, Tepic y San Miguel de Allende, pero creo que todavía no estamos preparados para vender franquicias, ya que no contamos con un programa para que no nos hagan gol.

¿Cuáles son las innovaciones que la empresa ha realizado en sus 40 años?
GC.- Implementamos ciertas innovaciones a nuestra forma de operar, una de ellas fue el servicio a domicilio, pues fuimos los pioneros en este servicio. Utilizamos motocicletas para el reparto de la comida e incluso hubo ocasiones en que llevamos las pizzas en taxi. Los hornos eléctricos y la pizza pre cocida fueron innovaciones en nuestro proceso de producción, además de que fuimos los que creamos la chimichurri como la conocen actualmente los leoneses. Todas las demás chimichurri que existen son piratas porque se enseñaron con nosotros. Fuimos de  los primeros en colocar rampas para discapacitados en León, y se me ocurrió que todos nuestros negocios debían de tener una rampa, aunque casi no se utilizaran.
CV.- El Municipio se fijó en las rampas, y ahora se los exigen a todos los negocios nuevos, es más no existían estacionamiento de discapacitados. Esos detalles se nos ocurrieron y las implementamos antes de que fuera un reglamento del Municipio.

¿Por qué creen que hubo un incremento de pizzerías?
GC.- Nosotros nunca ocultamos nada a todos los empleados que trabajaron con nosotros de cómo se hacían nuestros productos. Todas las pizzerías que hay en León, que no sean marcas americanas, son gente que trabajó en Lupillos, por lo que hay muchos alumnos egresados ya que se enseñaron en la empresa, además todos ellos fabrican la chimichurri que nosotros les enseñamos hacer. Un día pregunté en una tortillería, quien le vendía la chimichurri, y me enteré que era un ex trabajador que se las proporcionaba, y supe que su fabricación era muy insalubre, y de ahí nos despertaron la idea de envasar nuestra chimichurri.
¿Lupillos es una empresa socialmente responsable?
CV.- Siempre nos hemos preocupado por la gente, y siempre nos encanta ayudar con lo que podamos, hemos sido constantes y entre los que hemos apoyado han sido: el CRIT de Irapuato, Explora, el Metropolitano, la Cruz Roja Municipal y Estatal, al programa de León Agradecido, a la Fundación CANVIES A.C, a la clínica Mexicana de Autismo y Alteraciones del Desarrollo, y a la Secretaría de Salud.

¿Por qué no se han expandido a otras partes?
GC.- Las ciudades en las que nos encontramos actualmente como León, Guanajuato, Lagos de Moreno o Irapuato, fue por estrategia pues están muy cerca del almacén principal. Hace 30 años abrimos en Celaya y tuvimos muchos problemas por conseguir personal, ya que la mayoría de las personas se iban de braceros a Estados Unidos; así que teníamos que llevar trabajadores desde León para atender el local y regresarlos al final de su turno, viéndonos en la necesidad de conseguirles casa a algunos. Nos salía muy caro tener abierto ese restaurante, y por salud financiera decidimos cerrarla.

¿Cuáles son los futuros proyectos de la empresa Lupillos?
CV.- En el próximo año lo que queremos es consolidar y arreglar nuestros locales, además de pagar nuestros compromisos y liquidar todo lo que debemos.  Hemos sido muy autosuficientes para no depender de créditos, por lo que tenemos una salud financiera muy buena.

Socios por ‘accidente’

Guadalupe Cervantes residió dos años en Estados Unidos, en donde aprendió a hacer pizzas.
Cuando regresó a León uno de sus primos que se encontraba en Guadalajara le habló para comentarle que tenía el plan de instalar un restaurante de pizzas denominado “Benitos”.
Como encargado de ese restaurante quedó Guadalupe Cervantes.
Vicente Guerrero y Carlos Videgaray manejaban un despacho contable y administrativo donde llevaban la contabilidad del restaurante. Fue ahí donde conocieron al señor Guadalupe.
El restaurante “Benitos” funcionó año y medio antes de quebrar. Al final terminaron debiéndole a Guadalupe Cervantes una gran cantidad de honorarios, llegando a un acuerdo, terminó quedándose con maquinaria y equipo del restaurante, incluidas mesas, vajilla, y el horno, con lo que inició Lupillos.

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