Cada que un mexicano sube al trampolín, el centro acuático donde se lleva a cabo el Grand Prix de León vibra.
“Se tiene que saber quienes son los mexicanos sino para que venimos”, decía Alfredo Rojas, quien entre la tribuna estaba esperando a su novia.
Pero esta mística dura solo unos instantes, ya que al momento de tirar por parte de clada clavadista, el silencio aparece y es sepulcral, en una rutina que no aburre entre la multitud presente.
Las tribunas que se instalaron especialmente para ver el espectáculo están repletas en todo momento, por más de mil 400 personas.
No se venden cervezas o refrescos como en los estadios, el calor por la termpratura del agua aumenta y la gente para seguir viendo el espectáculo solo se hecha aire con lo que tenga a la mano.
“Si no hacemos que este lugar este lleno de nada sirve tanto esfuerzo para que estén deportistas de talla internacional, aparte que Los mexicanos somos bien gritones”,aseguró Elena Tavares nadadora aficionada.
Una porra noble que apoya en todo momento incluso a los visitantes que al tener un error le aplauden para no dejar caer su moral, así se vive el Grand Prix de Clavados en León.