La Colina del Perro sigue generando usufructos a la familias del expresidente José López Portillo. Es un caso impune de riqueza inexplicable y conflictos de interés.
Presionado por el escándalo de la Colina del Perro, el presidente Miguel de la Madrid creó en 1983 la Contraloría General de la Federación –hoy Secretaría de la Función Pública– con el fin de investigar, procesar y sancionar acciones irregulares en el manejo de recursos en la administración pública.
La Contraloría procedió en algunos casos, como el de las propiedades del ex jefe de la Policía, Arturo “El Negro” Durazo. Pero nunca realizó una investigación formal a las casas de la Colina del Perro.
Tampoco procedió la denuncia que interpuso el abogado Ignacio Burgoa Orihuela contra José López Portillo por peculado en contra de la Nación, ni la petición del PSUM para que el gobierno expropiara sus propiedades.
Hoy, la casa-biblioteca en Paseo de los Laureles 278 y la casa marcada con el número 350 en la misma calle se rentan en aproximadamente 60 mil pesos diarios, cada una, para filmar en ellas, según gerentes de locaciones de cine.
La política volvió hace tres años a la casa de López Portillo, cuando se filmaron escenas de “Colosio: el asesinato”, película mexicana dirigida por Carlos Bolado.
Si se ocupa la gran biblioteca, es necesario llevar libros para la escenografía, igual que parte del mobiliario. Se debe tener mucho cuidado con no rayar la madera. Sólo se puede usar la planta baja y no se puede fumar.
Aún se puede ver el cuadro de un antepasado de José López Portillo pintado por el ex Presidente, que disfrutaba llevar el pincel al óleo en su tiempo libre.
La casa-biblioteca

Rodeada en tres de sus cuatro lados por La Toscana, la casa donde José López Portillo llegó a vivir años después de su mandato alberga una biblioteca de tres pisos que asciende en forma de caracol, donde reposaron más de 30 mil libros que archivaba el ex Presidente y que creó para que fuera la biblioteca familiar.
A un lado, gimnasio, alberca y cuarto de armas. Arriba, una cúpula con observatorio astronómico. Afuera, estacionamiento para ocho autos.
Sin embargo, según declaraciones de la actriz italiana Alexandra Acimovic Popovic, mejor conocida como Sasha Montenegro –viuda del ex Presidente–, más allá de la gran biblioteca y los espacios comunes, la casa sólo tiene un cuarto.
La fachada luce descuidada. El zaguán para entrar a la casa-biblioteca con el número 278, no cierra totalmente, por lo que tiene que estar sostenido por dos grandes alambres.
No hay vigilantes ni grandes bardas, sólo un empleado que negó que la casa estuviera habitada.
“Ya no hay nadie aquí. Se está cayendo la casa”, dijo sin querer revelar su nombre ni para quién trabaja.
Dentro, el pasto amarillo del jardín intenta ganar terreno a la tierra que forma huecos. La fachada, en partes pintada de rojo y en partes del color del cemento, desentona entre las paredes pulcramente pintadas a su alrededor. Lo mismo ocurre con el techo plano, que visto desde el aire contrasta con los techos rojos de dos y cuatro aguas de La Toscana.
Después de su exilio, José López Portillo llegó solo a su casa-biblioteca, a finales de 1984. En Europa ya había comenzado un romance con la actriz Sasha Montenegro.
Desde antes de dejar la Presidencia, ya estaba separado de la Primera Dama Carmen Romano, pero fue hasta 1991 cuando se divorciaron legalmente.
En la casa-biblioteca presentó su libro “Ellos vienen, la conquista de México”, en 1987. Ahí se casó en 1991 por el civil y en 2000 por la iglesia con Sasha Montenegro, con quien tuvo dos hijos: Nabila y Alexander, quienes, en principio, eran herederos de la casa.
El mismo año, López Portillo rindió en su colina declaración al Juzgado 39 Civil como parte del juicio que Sasha Montenegro impuso a la periodista Isabel Arvide por daño moral, y perdió la casa de Acapulco que en 1982 le regalara el Sindicato de Petroleros, quedándosele a sus hijos mayores después de un pleito legal.
Desde entonces, el abogado de la actriz era Guillermo López Portillo, primo-hermano del ex Presidente, quien también se encargó de defenderla en el juicio de divorcio que le impuso José López Portillo un año después, en 2001, acusándola de maltrato y revocándole la propiedad.
Ese año, el ex Presidente intentó rematar la mansión en 7 millones de dólares, a tratar, sin encontrar un comprador, y demandó a su hijo José Ramón por el robo de libros de su biblioteca.
Al mismo tiempo, Montenegro disputaba con María Antonieta García López Loaeza –esposa de José Ramón– más de 50 hectáreas del rancho “La Cascada”, en Valle de Bravo, que José López Portillo vendió un año antes a la actriz cuando las escrituras estaban a nombre de su nuera.
El ex Presidente tuvo que vender los más de 30 mil tomos de su biblioteca por falta de recursos. Murió en febrero de 2004 aún casado con Sasha Montenegro, quien ganó la demanda de divorcio y se quedó con la casa-biblioteca que, para entonces, ya había rentado como locación para las telenovelas “Agua y aceite” (2001) y “Las vías del amor” (2002), donde interpretaba a la villana Catalina Valencia.
Guillermo López Portillo demandó tiempo después a Sasha Montenegro y sus dos hijos por el pago de 34 millones de pesos por honorarios en los años que fue su clienta, y pidió vender la casa en la Colina para pagar su deuda. Montenegro también ganó esa demanda.
Después de la construcción de La Toscana, la casa quedó aislada entre el desarrollo residencial.
El terreno original, de 31 mil 487 metros cuadrados, según los planos de construcción de 1982, hoy está delimitado en 5 mil 600 metros cuadrados, según la Seduvi-DF.
Aunque, hasta los últimos pleitos legales en 2007, la casa quedara legalmente a nombre de Nabila López Portillo –hija de el ex Presidente y la actriz–, el Registro Público de la Propiedad no tiene antecedentes de construcción ni nombre del dueño en el terreno de la casa-biblioteca.
Ingresos perpetuos

Al término del sexenio de José López Portillo, cuando él y su hijo José Ramón se exiliaron en Roma y su esposa Carmen Romano, junto con su otra hija, Carmen Beatriz, se fueron a París. La otra hija del Presidente Paulina López Portillo y Carlos Pascual Ortiz Rubio Downey, nieto del ex presidente Pascual Ortiz Rubio fueron los únicos habitantes de la Colina. Los descendientes de los presidentes se casaron en Los Pinos en 1981 y Carlos Pascual Ortiz fue el desarrollador de La Toscana.
Las hijas de López Portillo siguen obteniendo ingresos por el desarrollo residencial.
El documento del RPPC, con el número de folio 1054276, indica que el propietario del predio “constituyó servidumbre a paso onerosa y perpetua de paso y uso sobre las áreas comunes”.
Esto quiere decir que los habitantes de La Toscana deben de pagar por el uso de vialidades comunes, planta de tratamiento, basura, caseta de vigilancia y casa club del condominio a Arges S.A. de C.V., representada por Carmen Beatriz López Portillo Romano.
Hoy, la página de internet del desarrollo residencial presume 70 casas en el terreno. Dos de ellas, usadas, se venden en más de 6 millones de dólares cada una.
La próxima Toscana

Al lado derecho de la casa-set, en un terreno de 9 mil 563 metros cuadrados en el que se construyó una tercera casa de los López Portillo que fue derruida, decenas de obreros trabajan para la edificación de un nuevo complejo residencial.
En el zaguán improvisado del número 308 de Paseo de los Laureles, por donde entran camiones con material de construcción, cuelga una pequeña hoja de tamaño carta con la siguiente leyenda:
“Proyecto: casa habitación LA TOSCANA”.

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