Rubén Omar Romano camina por la vida sin temores, y el secuestro que sufrió el 19 de julio de 2005 ya es parte de un pasado con el que se dice reconciliado.
No es un tema del que le guste hablar, pero no lo evade, sabe que irá unido por siempre a su vida deportiva, pues el evento se dio a unos metros de las instalaciones de La Noria, al salir de un entrenamiento con el Cruz Azul.
Duró en cautiverio 64 días, en una casa ubicada en la colonia Consejo Agrarista Mexicano, donde el trato fue duro, pero sin consecuencias físicas. Durante estos días, que recuerda como si fueran una eternidad, el tener siempre presente a Dios y las pocas oraciones que le venían a la mente lo mantuvieron fuerte.
Quería salir con vida para volver a ver a sus hijas, para abrazarlas y decirles decenas de frases que muchas veces se guardan para un momento especial.
El recuerdo de su familia y sus ganas de volver al futbol, el deporte que ha sido su pasión, lo hicieron resistir, aunque su cuerpo, con 10 kilos menos, se notaba agotado.
“Después de esa experiencia que fue terrible aprendí a vivir como si fuera el último día de mi vida, a disfrutar de las cosas pequeñas que te da el día a día y que antes no les prestaba atención”, comentó en entrevista.
“Sabe diferente el día a día porque hoy estamos acá y mañana no sabemos, tienes que disfrutar como si fuera el último, te das cuenta de lo mucho que vale estar un día con tu familia, tranquilo, de poder caminar, de salir a la calle y hacer lo que te hubiera parecido una rutina”.
El ahora técnico de Xolos no tuvo que recurrir a ningún apoyo psicológico para superar el momento y así lo demostró al presentarse a entrenar tres días después, buscando recobrar su vida lo más pronto posible.
“Es un pasaje de la vida que me tocó, para nada me quedan malos recuerdos, al contrario me quedo con lo bueno porque la gente se portó increíble, la directiva fue un apoyo incondicional para mi familia, los amigos siempre estuvieron ahí, a veces pasan cosas en la vida que te hacen madurar, cambiar y vivir de manera diferente”, recordó.
“Sí fue un parteaguas y ahora disfruto más de todo lo que hago, la libertad es algo muy preciado que no lo cambio por nada”.
Para el Apertura 2005 regresó a dirigir en la Fecha 10, clasificó al equipo y fueron eliminados en Cuartos de Final por Toluca. Al final no siguió con la Máquina.
“Es un capítulo que en algún momento tendré que cerrar”, mencionó, por lo pronto se enfoca en ver a Xolos en los primeros lugares y tratando de obtener el título que tanto se le ha negado.
No usa seguridad, siguió con su vida y sus costumbres, no dejó de fumar y lo que sí perdió en el camino fueron amigos. Con Isaac Mizrahi, quien era su auxiliar y el hombre que llevó gran parte de las negociaciones en su secuestró, se distanció.
Además se divorció, pero su relación es excelente con sus hijas, que ya lo hicieron abuelo y por las que sacó fuerza para mantenerse vivo.