México vive miedo ante la economía, miedo por la seguridad y una profunda indignación por los hechos de corrupción que se han acrecentado o por lo menos hecho más patentes, hasta el grado de ser verdaderamente repulsivos ante la población, como cuando se habla de la danza de los millones desviados a caprichos mientras la gran mayoría de la población de mexicanas (os) están en las listas de la  pobreza.

La renovada tragedia del 19 de septiembre nos trajo dolor, sufrimiento y también la experiencia de un parto; el nacimiento de una nueva consciencia de nación y el ejercicio de la ciudadanía que empezaron a ejercer sobre todo los grandes ríos de jóvenes, que sin importar las condiciones de riesgo del entorno, han dado un ejemplo contundente de solidaridad para las y los mexicanos como también para el mundo (¿será acaso la raza por la que hablará el espíritu?).

Desde luego esta conducta solidaria no es exclusiva de las y los jóvenes sino del pueblo de México y lo hemos constatado con las muestras de solidaridad y ayuda recaudada para la población afectada.

Siguiendo con la corrupción, un ejemplo es el de  la colonia Portales de la Ciudad de México en donde de cinco condominios recién construidos se cayeron 3, los constructores que se ahorraron un dinero al construir fuera de especificaciones, ya sea por su propia ambición o por estar orillado a entregar dádivas a quien consigue que estas obras se puedan llevar a cabo (hoy visible hasta en los socavones), se pueden observar con mayor claridad; hay que continuar con los ejercicios de transparencia y rendición de cuentas.

La indignación es muy grande y probablemente es el momento de lo que tanto habíamos esperado: en que la “Mujer dormida debe dar a luz”; y junto con las exhalaciones de Don Goyo reflejando el dolor, irritación social y también la esperanza.

Todavía recuerdo aquellos días de mediados de los años noventa en donde formando equipo con mi maestro Octavio Rivas, nos dimos a la tarea de hacer consciencia de la necesidad del reconocimiento de que lo que nos tenía detenidos; estaba claro que era la doble moral y sus acompañantes: impunidad y corrupción.  Y que al comunicarlo a servidores públicos y empresarios muchos de ellos nos decían que eso era casi imposible, que quitar la corrupción es un trabajo muy difícil. Sin embargo, hoy una de las cosas que más irritan a las y los mexicanos es el conocimiento de las tropelías que han cometido esos enfermos que se han aprovechado de su situación traicionando la confianza que se puso en ellos (as).

Estamos viendo una corrupción que lastima, que afecta a toda la población y que pone parámetros y hasta valores para lograr enriquecimiento; niega oportunidades sin dejarnos crecer como nación, genera privilegios, enferma y mata. Sí se trata de un fenómeno social pero que es la pandemia del momento, es una enfermedad que nos ha tocado a todas y todos y de alguna manera hay que trabajar fuerte para poder poner los antídotos para esa grave enfermedad.

De acuerdo con la Declaración de Venecia (1986), requerimos cambiar de paradigma (modelo) del materialista hacia el paradigma holístico: el integrador, en donde el ser humano es concebido como una unidad entre lo biológico, psicológico, lo social y lo espiritual y en donde todo se relaciona con todo, (desde luego muy importante el medio ambiente).

La vacuna para la corrupción se llama honestidad e integridad, se trata de recuperar toda la dignidad para pisar esta tierra sagrada en donde nuestros antepasados han dejado sus deseos, sueños, ilusiones y vida.

El nuevo México ha tenido una llamada de atención para llevarnos a despertar, se requiere que esta energía permanezca y se oriente para lograr una limpieza de esos síntomas y carencias de salud que nos han aquejado, para lograr ese Guanajuato y ese México que nos merecemos y soñamos. Pongamos nuestra parte para que podamos vivir lo más pronto posible muy sanos. Quitar la doble moral y trabajar por justicia y el holismo que implica valores que cada uno debe revisar porque no nos podemos engañar a nosotras (os) mismos ya que “La verdad es lo que nos hará libres”. La sangre de las y los mártires del 19 de septiembre ya está en nuestra tierra y en su vitalidad, ahora no podemos ser insensibles ni dejar que esto se quede impune. Empecemos por el mundo de cada quien.

 

¡Por la Construcción de una Cultura de Paz!

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