El lunes pasado en la clausura del “Sexto Foro Nacional Sumemos causas por la Seguridad” a la que asistió el Presidente Enrique Peña Nieto, la presidenta de la organización no gubernamental  “Causa en Común” hizo una de las muchas críticas que en relación a la seguridad pública han recibido el gobierno federal, los estatales y municipales; ello viene siendo ya algo común, pero lo interesante es que esa crítica fue, según los medios de comunicación, fuerte y directa ante el invitado principal, el presidente de nuestro país. Hay quien dirige la organización señalada indicó que la inseguridad y los niveles de violencia han alcanzado en México “proporciones bélicas” por  los asesinatos, desapariciones, violaciones a los derechos humanos, secuestros, extorsiones y robos entre otros delitos, que ya puede decirse forman parte de la vida de los ciudadanos; dijo también entre otras cosas que esa violencia ya no es temporal ni regional, que es endémica y de alcance nacional,  la que no se ha logrado contener ni mucho menos revertir.

Ahí el Presidente Peña Nieto al hacer uso de la palabra, si bien admitió la existencia de la violencia en México, a manera de defensa señaló que en “ocasiones a veces” se escuchan más las voces que vienen de la sociedad civil que condena esa violencia pero que también hace, según palabras del propio presidente, “bullying” en relación al trabajo de las instituciones del estado mexicano sobre todo en el ámbito de seguridad, porque queremos una actuación buena y eficaz de esas instituciones todos los días, pero se descalifica y se critica de manera especial a los integrantes de las corporaciones policiacas. Incluso hizo referencia a los bajos sueldos de los policías sobre todo estatales y municipales y la poca colaboración que reciben no obstante que arriesgan sus vidas.

Me sorprende la forma como respondió nuestro Presidente. Porque si bien es verdad que con mucha frecuencia se critica a las instituciones políticas y jurídicas de nuestro país porque no se obtienen los resultados que debieran con la aplicación de las mismas, la realidad es que con esas críticas genéricas en donde se habla en una forma abstracta de instituciones, en el fondo a quien se está tocando son a los que las encabezan y que tienen injerencia directa en la actuación de las mismas. Las instituciones, sin pretender dar una conceptualización amplia de las mismas, se forman con normas, leyes, costumbres que vienen a regular aspectos sociales y jurídicos referidos al comportamiento de seres humanos en determinados ámbitos.  Evidente es que lo que las instituciones pretenden necesita de la actuación humana, es decir de seres humanos que se encarguen de realizar, de impulsar y vigilar que el resultado buscado por la institución se realice. Las instituciones concebidas en forma abstracta sin considerar a los seres humanos que las hacen actuar, si así puede decirse, es tener una visión pobre o desvirtuada de aquellas.

En el caso de las críticas tan constantes a las instituciones de seguridad pública y de justicia es evidente que la inconformidad con la ineficacia y la corrupción que tanto se menciona no es con las instituciones en sí, sino con quienes están a cargo de ellas y deben hacerlas actuar. En la mayoría de las ocasiones no se dice que las normas o leyes sean malas sino que no se aplican y por eso se hace la crítica. Ciertamente en algunos aspectos o en ciertos momentos algunas instituciones pueden tener fallas en su diseño, pero en lo que toca a las relacionadas con la seguridad pública la ineficacia resaltada no es en el fondo,  sino, reitero, la ineficacia es imputada  a los que las dirigen, aunque también sea claro que los elementos que están en el nivel inferior también están fallando, pero puede decirse que fallan porque los de “arriba” no hacen bien su papel sea cual fuere la razón de ello. Eso no parece entenderlo nuestro presidente pues al pretender atemperar esas críticas solamente se refiere a los policías que exponen su vida todos los días para tratar de proporcionar seguridad a los ciudadanos. Pero quiere eludir que el disgusto no es en el fondo en contra de las instituciones, sino en contra de quienes deben hacerlas verdaderamente vigentes. Los policías que exponen su vida y tienen salarios bajos y que a veces son superados en número por la delincuencia organizada no son los únicos responsables, la responsabilidad está en planos superiores y  a ellos no se hace ninguna referencia en cuanto a nombres y capacidades. Quizá falta también que las organizaciones que reclaman una mejor seguridad no sólo den números y hagan consideraciones generales, sino también esos reclamos se vinculen a nombres y cargos concretos para una exigencia mayor. Nuestras instituciones en la seguridad pública no funcionan bien porque quienes están encargados de encabezarlas, en la mayoría de los casos, tampoco funcionan bien en su encargo. No desplacemos las culpas, centrémoslas en quienes realmente las tienen.

 

[email protected]

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *