Hace semanas que los que pretenden que alguno o algunos partidos políticos los escoja para postularlos como candidatos a la presidencia de la República han venido realizando con una intensidad, digna de mejor causa, las precampañas con las que pretenden comunicar a los miembros de su partido o en su caso a los de aquellos que forman una unión o coalición, las razones o motivos por los que consideran que debe ser el elegido. Así, pues, a los que se han registrado como “candidatos” para ser candidatos de un partido o coalición a la presidencia de la República la ley electoral les permite dirigirse a los miembros de su partido o de los partidos que podrían apoyarlos para que los designen para las elecciones del mes de julio de este año. Se supone, pues, que estas precampañas tienen el fin específico de convencer, como ya antes mencioné, a los miembros de esos partidos. Sin embargo, vemos y oímos o solamente lo segundo, en los distintos medios de comunicación que los actos, discursos y declaraciones de precampaña, por su forma y por los asuntos que allí se mencionan, son en realidad propaganda para el caso de la postulación. Vemos cómo esa avalancha de propaganda está estructurada para llegar a todos los que eventualmente serán votantes en esa elección. Los medios de comunicación que sirven de conducto son fundamentalmente de orden nacional y ahí es donde se da el mayor volumen de propaganda. Los medios locales no son muy socorridos por el momento, porque el interés es abarcar prácticamente todo el territorio nacional. Podrá decirse que los partidos son nacionales y por tanto sus miembros están distribuidos en todos los estados de la República y a aquellos hay que convencer. Sin embargo, tales mensajes resultan molestos para los que no somos miembros de un partido y no tenemos interés en conocer los argumentos que un precandidato pudiera esgrimir para a su postulación. Pero no oírlos es prácticamente imposible, cuando se enciende el aparato de televisión o de radio, seguramente que ahí se encontrará esa propaganda y si cambia de canal o de estación de radio también escuchará la misma propaganda o similar. Para disfrazar cosas que no tienen que ver en forma directa con su partido, se agregan aquellas que van dirigidas únicamente a los miembros de X partido. Pero, como es obvio, ello de nada sirve puesto que aun cuando no se quieran escuchar, es prácticamente inevitable captarlas; quizá la solución sería establecer horarios para pasar esos mensajes y así los televidentes y radioescuchas podrían prevenirse. Así no puede evitarse que el contenido de una supuesta precampaña sea llevado no sólo a quienes está dirigida exclusivamente.

Pero lo que sí evidencia que no se trata de precampañas sino prácticamente de campañas es lo que ahora está ocurriendo en nuestro país. Los precandidatos en realidad ya son los que conforme a las prácticas de los partidos actualmente seguidas serán los candidatos. El registro más o menos temprano de los aspirantes a la candidatura les permite comenzar realmente con una campaña y no con una verdadera y auténtica precampaña. Se trata de campañas adelantadas que mañosamente y aprovechando las lagunas legales los futuros candidatos a la presidencia de la República pueden realizar. Así se desprende de los temas de que se ocupan primordialmente. Casi nunca se tocan aspectos propios y partidarios ni se analizan situaciones que podrían ser discutidas dentro del propio partido en relación a la personalidad de quienes buscan la candidatura, por el simple hecho de que ya está tácitamente decidida. Entonces, como ahora está sucediendo, cada uno de los precandidatos tiene centrada su atención y maneja argumentos tendientes a desacreditar a los precandidatos de otros partidos. Habla de que son corruptos, que el partido que los postula también lo es y que por lo tanto no debe llegar o mantenerse en el poder, critican al gobierno y a los gobernantes de otros partidos y en menor medida hablan de lo que quieren y pretenden en caso de llegar al poder, pero en la mayoría de los casos sin explicar realmente sus planes y proyectos y cómo podrían realizarlos. En la mayoría de los casos son denuestos, difamación y descalificación de los contrarios. Al hacerlo así muestran muy poco respeto para los

ciudadanos futuros votantes, pues en muchas ocasiones las bases de esa propaganda están centradas en falsedades o verdades a medias, para engañar a estos, acto antidemocrático que no debe ni puede ser justificado fundándose en la libertad de expresión y en la impunidad que en la mayoría de los casos esos discursos electorales obtienen. Bueno sería que las descalificaciones y acusaciones por delitos imputados en las campañas electorales tuvieran que ser sustentadas y probados y en caso de no suceder esto aplicar las sanciones que a cualquier ciudadano pueden imponerse si injuria, difama o acusa públicamente de algún delito sin base real para ello. Se que esto es actualmente imposible, pero qué bueno que en el futuro sucediera en bien de una verdadera democracia.

 

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