Jesús Martínez habló, algunos dirán que poniendo el pecho a las balas y otros que poniéndose de pechito a las críticas.
No justificó los malos pasos del equipo ni tampoco los explicó claramente. Intentó gambetear a los cuestionamientos y si bien se jugó con el balón de su lado, en este encuentro con la prensa logró un empate con sabor a lo desabrido.
“Soy el primer responsable de lo que sucede con el equipo”, dijo. Pero a partir de mañana el segundo responsable, el tercero, el cuarto y así sucesivamente, deberán dar resultados a la de ya después de este espaldarazo.
“Si tiene que haber un sacrificado, tendría que ser yo”, también comentó. La verdad es que no vemos a un Martínez papá decirle a Martínez Jr.: ‘hijo, estás despedido’, por lo que sacrificio, sacrificio, lo que llamamos sacrificio, no lo habrá.
El Presi tiene razón al señalar que “morirá con la suya” y es que no hay de otra. A todos nos queda claro que este plantel que él formó tiene sus limitaciones bastante remarcadas en todas las líneas, sean estas formadas por jugadores o por el entrenador y sus allegados.
“Creo en mis jugadores y el cuerpo técnico”, enfatizó. Aquí el punto es que solo con la confianza del directivo el equipo no ganará, harán falta las decisiones del timonel y las acciones de los jugadores que rectifiquen estos tropezones futbolísticos para que La Fiera tenga la regularidad ganadora en las jornadas que restan.
Insisto, la correspondencia a esta credibilidad debe darse en goles que den victorias. Hoy la moda en el Club León es echarse la culpa, ya lo hizo Díaz ahora lo hace el Presi. Sin embargo, en estos momentos La Fiera necesita de héroes y no de mártires porque también las historias tristes cansan.
A pesar de un “sí” claro que dijo Jesús Martínez cuando se le preguntó sobre la continuidad de Gustavo Díaz, el Chavo debe estar consciente que en el futbol muchos de los espaldarazos se convierten en fechas escritas para el despido de los técnicos. Es decir, no les asegura nada.
En tanto, ese “pase lo que pase, terminará el torneo”, no debe representar para el domador la hamaca en la que observe el paso de los juegos.
Además de aclarar que con lo de Landon Donovan no hay un vestidor roto, a través de sus palabras el Presi visualiza una lealtad de los Verdes hacia el técnico cuando miles fuera del campo no vemos esto tan claro.
Y si efectivamente hay una armonía de todas las partes de La Fiera, entonces estamos hablando de un problema de incapacidad que ni con una fe inquebrantable de la directiva se arreglará.
El Presi utilizó su discurso para dar un empuje anímico a su plantilla, pero a la vez la empujó hacia la responsabilidad que tienen entrenador y jugadores de responder en esta jornada y las posteriores, ya que defienden los colores de un club donde “las expectativas son grandes”, que recibe el apoyo de “una afición que es sagrada” y que en estos momentos está molesta porque hace válido su “derecho a estarlo”.
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