“Un ecosistema saludable requiere ranas y aves. Las ranas están en el lodo y ven los pequeños detalles. Las aves vuelan alto y ven la fotografía completa, integrando el conocimiento de las ranas”.
Curiosas palabras del matemático Freeman Dyson, citadas por David Epstein en su gran charla de TED: retrasarte puede ayudarte (la puedes ver en nuestros sitios, vale la pena).
El periodista de Sports Illustrated reflexiona sobre los posibles caminos que siguen los que realmente destacan en lo que sea.
La vía más típica es la que sugiere Malcolm Gladwell en su libro “Outliers”. Elegir temprano algo que te guste (y yo agrego, donde tengas talento natural) para después practicar, practicar y practicar.
Aquellas 10,000 horas de práctica que hacen al experto, según Gladwell. El ejemplo más claro: Tiger Woods, que desde los 10 meses ya practicaba el swing de golf. Un genio enfocado.
Un camino probado… pero que también tiene sus riesgos, como lo prueba una interesante investigación entre estudiantes ingleses y escoceses.
Mientras en Gran Bretaña los universitarios se especializaban temprano, en Escocia exploraban más. Decidían más tarde su camino.
¿A quién le fue mejor tras graduarse?
“El que se especializó temprano inició ganando más. Pero a los 6 años, el generalista tomó ventaja”, explica Epstein.
Adicionalmente, un mayor número de “tempraneros” abandonaba su carrera: “Como escogieron muy rápido, muchos terminaron eligiendo pobremente”, señala el periodista.
Resulta que probar y conocer de muchas cosas antes de decidir en qué enfocarse tiene sus ventajas.
Como muestra, otro gran botón del deporte.
Antes de especializarse, este atleta jugó una docena de deportes, como esquí, rugby, badmington, basketball, soccer y otros. Tardó en encontrar su nicho… y la verdad no le fue tan mal que digamos.
¿El deporte? Tenis. ¿El atleta? Roger Federer.
Epstein asegura que estudios prueban la ventaja de experimentar antes de enfocarse. Y, sin embargo, casi siempre son ignorados.
“En parte porque la historia de Tiger Woods es muy dramática. Es una narrativa conveniente que se piensa puede extrapolarse para destacar en lo que sea”, comenta Epstein.
Pero no es así. Resulta que el golf es en muchas formas modelo terrible para casi todo lo que los humanos deseen aprender.
El periodista explica que hay dos tipos de ambientes para aprender:
1. Amables. Las reglas son claras y nunca cambian. Tras hacer algo, recibes rápidamente un feedback claro. Hay constancia en el tiempo: el trabajo del año que entra será similar al de hoy. El ajedrez es otro ejemplo de este tipo de ambientes.
2. Caóticos. Hay ambigüedad en pasos y objetivos. Reglas cambiantes. Feedback incierto y poco preciso.
Y luego Epstein se pregunta: ¿cuál ambiente es más común hoy en día? La respuesta es obvia en la era de la disrupción.
Tiempos donde flexibilidad y velocidad de movimiento son claves donde sea. Ah, y donde la innovación es vital.
Por cierto, en este tema está también demostrado que grandes saltos innovadores raramente son resultado del trabajo de un genio solitario. No. Resultan de la mezcla de perspectivas diferentes y variadas.
“Las patentes de mayor impacto no provienen de individuos que profundizan cada vez en un solo tema, sino de equipos que incluyen a personas que tienen experiencias en diversas áreas”, explica Epstein en una entrevista en KnowledgeWharton.
Esta exploración permite encontrar lo que los economistas definen como “calidad de empate”. Alcanzar un buen match entre talento, intereses y oportunidad para realizarse profesional y personalmente.
Interesante, sobre todo para los más jóvenes. Bueno, para cualquiera.
Para volar como águilas, quizá primero haya que saltar como ranas.
Posdata. Tiene razón Tatiana Clouthier, la extinción de fideicomisos no ayuda nada. Es oootro capricho más del Tlatoani. Ve “Caprichuditos”.
En pocas palabras…
“Aprendemos a practicar, no con la teoría”.
David Epstein, periodista estadounidense.
Twitter: @jorgemelendez